El título no alcanza a rememorar aunque sea levemente el espléndido y turbulento (turbulento) sábado que nos vivimos Raquel, Indi y yo. "Un poco de todo" se suele decir, y es bastante correcto, pero no descriptivo, lo sé. Voy a dejar aquí un esquema de cosas para posteriormente, cuando me dé la gana, desarrollar en detalle. El viernes remojé garbanzos para comerlos el sábado. Compras en BM para festejar sábado y domingo. BM: un par de botellas de Barbadillo, queso de Burgos y membrillo, patatas de luxe, almendras, frutas y verduras variadas (brócoli, coles de Bruselas, tomates cherris, peras de tres tipos, patatas, cebollas, etc). Colada de la ropa que usamos en Can Ferrán. Cocinar un caldo de pollo para usar en el guiso de garbanzos. Echar una cervecita en la terraza, bajo el toldo y con Indi retozando en el banco junto a mí, mientras esperamos a Raquel; más bien... Raquel ha ido a primera hora a clase de yoga; su regreso se demora hasta eso de las tres: se enreda con su Tata y su tía Terín (que no responde a las llamadas y todo apunta a ataque de mimos). Cuando por fin vuelve a casa nos triscamos hasta el agua de los floreros y la cosa termina como el rosario de la aurora; en fin. A una hora incierta decido dar por finalizada mi participación en la juerga y me acuesto; la nena aún se queda un rato, con sus Silvio y tirando sopa por el suelo de ¿? (me lo ha confesado ella al despertar); por la mañana ha madrugado para limpiar el estropicio y dejar la casa, sobre todo la cocina, habitable y visible, con éxito he de reconocer. Un sábado de los nuestros.
Este audaz marino del siglo XVI fundó la primera ciudad de Estados Unidos, enfrentó a piratas y hugonotes, y marcó la historia naval española con valentía.
Uno de los grandes marinos españoles, que no han sido pocos, nació asturiano en el siglo XVI, concretamente en el año 1519. Pedro Menéndez de Avilés (1519-1574) se llamaba. Este soldado inmortal fue el fundador de la primera ciudad de los Estados Unidos, San Agustín, situada en la península de Florida. Y no solo eso: ya apuntaba maneras como célebre corsario, despertando el interés del imperial Carlos I de España por su audacia.
A lo largo de nuestra historia, España ha contado con grandes marinos capaces de llevar a cabo colosales empresas. De héroes estamos servidos. Nuestra historia naval está plagada de nombres ilustres que la han prestigiado, haciendo de España el espolón de proa de las conquistas efectuadas desde el llamado occidente e irradiando proyectos científicos en todas direcciones. Pedro Menéndez de Avilés fue no solo gobernador de Cuba, sino además comandante de las flotas de Indias, Adelantado de la Florida, látigo de los recalcitrantes hugonotes, repartidor de estopa consumado contra los malvados ingleses y un sinfín de cargos a los que accedió por su audacia incuestionable. Era un hombre del emperador.
De hecho, uno de los acontecimientos más célebres llevados a cabo por este enorme marino fue poner orden en el proceloso golfo de Vizcaya. Andaban a la sazón los corsarios franceses en un agosto permanente por aquellos pagos del Cantábrico, como Pedro por su casa. Entonces, aconteció que un engolado aristócrata francés necesitado de aventuras fuertes, un tal Jean Alphonse de Saintonge, se llamaba el estirado galo. Era el año 1544 cuando una escuadra francesa atacó en el área de Finisterre a una docena y media de barcos de pesca vizcaínos. Los vascos no pudieron hacer otra cosa que rendirse sin más, pues con los cuchillos de destripe no podían enfrentarse a aquella desc...
Nuevo directorio «musica» en elneneesbueno.com, y dentro de él otro, «funkypapi», que agrupa mis temas de The New FunkyPapi Foundation. De paso he buscado el código necesario para ejecutar sonido "dentro" de un registro en mi bitácora, por ejemplo.
Del regreso a casa no hay mucho que contar. Salimos a eso de las once, Alberto padre al volante. Hacemos un par de paradas técnicas y sobre las cuatro y algo dejamos a Tachón en Sani y la nena y yo enfilamos para casa, cansados pero contentos: en nuestra casa se está de cine.
14 enero 2025. Han pasado demasiados días desde que dejé esta entrada en modo «pendiente», y los recuerdos y las sensaciones ya se han amalgamado de tal manera que para darles viva de nuevo se hace más fácil que ser conciso, ser literario en lo posible. El 26 de diciembre ya se sabe que en Cataluña es el día fuerte de celebración navideña, por lo que sea, y en serio: no espere nadie que ahora me dé por investigar detalles de algo potrosamente nacionalista. San Esteban se celebra, pufff. Pero bueno, lo anterior no nos afecta, no a mí al menos. El día tiene ya su agenda bien organizada. Los Ros Gómez no dejan cabos sin atar. El despertar es agradable. Tachón desayuna libro en mano en modo reflexivo (me enorgullece que sea así, mucho además). Raquel y yo nos hacemos un cabecito y picamos algo que ya no recuerdo y que tampoco importa lo más mínimo. El punto fuerte de la mañana es el almuerzo en el jardín, con su barbacoa y su movida guay. Mientras los Franciscos se disponen a encender el fuego, el resto del personal se distrae cada uno a su rollo; Tachón y Charo van con los peques a los columpios; yo salgo a caminar un poco... La mañana está envuelta en una espesa niebla que pinta con los tonos del misterio los campos de Puigdàlber; es todo propicio para tirar fotos artísticas y disfrutar de las sensaciones físicas. Cuando regreso a la casa ya está el fuego ardiendo y las viandas dispuestas en bandejas, condimentadas y organizadas. El menú parece variado, pero no lo es: hay algo de verdura, un pimiento, una seta y una berenjena; y hay bien de chistorra, bien de chuletillas y bien de carnes en general. Lo cierto es que lo pasamos de puta madre; el ambiente mola mucho, es así. Sin mucha pausa, la comida ya nos espera en la mesa. Hay dos cosas a elegir: lomo relleno de algo y canelones rellenos de algo también; yo he pedido canelones, y están buenos; fijo que el lomo también estaba bueno. Una sobremesa tranquila; la foto con las mantas, un acto de obligado...
Un par de peques presas del nerviosismo lógico de la fecha irrumpen en nuestra habitación, la del año anterior, poco después de las siete; tocaba levantarse y bajar al salón para asistir a la apertura de regalos de Irati y Rubén. Tachón ya ha dado comienzo al día tomando café, huevos revueltos, y leyendo en la mesa del comedor; la rutina del peque me parece de diez. Tras el gran momento de los regalos toda la familia va desfilando poco a poco por la cocina, buscando algo para llevarse al estómago; nosotros hacemos lo propio. Con la barriga llena y el cuerpo recién duchado salimos Raquel y yo a dar un paseo por Puigdàlber; la niebla adorna los campos de viñas y pone una nota misteriosa en el paisaje. De regreso a la masía nos encontramos con la juventud afanada en el jardín mezclando ingredientes al modo alquímico para fabricar algo parecido a la sangría; Raquel me hizo el gesto de «no bebas esa pócima, que luego te sienta como un tiro y éste no es el lugar» , y menos mal que le hice caso, porque el potingue estaba subidito de alcohol. En fin. Luego tocaba el turno a la chavalería y su ritual de baño navideño en la piscina, y lo cumplen como auténticos campeones. Entretanto yo me instalo en la cocina a preparar tortillas de patatas, tres, para añadir al ágape del mediodía; esto ha surgido por aclamación pública, quorum inapelable. Y a comer. Después de la comida nos vamos a descansar un rato, hasta el momento «amigo invisible»; madre mía. Lo cierto es que hicimos unas risas, mientras Francisco iba sacando de una bolsa enorme los regalos invisibles, uno a uno y entregando cada paquete a su destinatario. Muy divertido. A mí me cayó en gracia una botella de PX, marca Cedro, y un chisme para taponar botella y extraer el aire hasta hacer el vacío y tal y cual; no sé porqué será que me tocó algo de alcohol (en fin). A Raquel (ostras, ahora mismo no me acuerdo). Mi turno de amigo le correspondió a Angels, y la gorra animal print que compré hace...
Solemos ver al Homo sapiens sapiens como la cúspide en el proceso evolutivo de nuestra especie, como la especie que logró salir exitosamente de África. Sin embargo, lo cierto es que los humanos modernos estuvieron a punto de extinguirse en varias ocasiones. No obstante, investigaciones recientes revelan que el éxito de nuestra especie no hubiese sido posible sin el cruce genético con los neandertales.
De acuerdo con CNN, un estudio publicado recientemente en Nature informó que un análisis de ADN realizado a restos de Homo sapiens hallados en un castillo de Ranis, Alemania, reveló que estos individuos tenían ascendencia Neandertal. Los investigadores concluyeron entonces que los Homo sapiens y los neandertales pudieron haber convivido y se cruzaron hace casi 50,000 años.
La herencia neandertal
Un estudio más amplio publicado en Science analizó 59 genomas antiguos y 275 genomas modernos, y concluyó que la mayoría de la ascendencia neandertal en los humanos modernos proviene de "un único período prolongado de flujo genético neandertal". Dicho periodo ocurrió hace cerca de 47,000 años y tuvo una duración de 7,000 años. Según los científicos, durante ese tiempo los humanos modernos y los neandertales tuvieron descendencia de manera regular.
La investigación también demostró que el cruce genético con los neandertales le dio a los humanos modernos rasgos clave que fortalecieron su sistema inmunológico y los protegieron de enfermedades desconocidas fuera de África.
De acuerdo con Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, citado por Gizmodo: “Los neandertales habían evolucionado en ambientes fuera de África durante miles de años, mientras que nosotros éramos vulnerables a nuevas amenazas. Este intercambio genético nos dio una solución rápida para adaptarnos”.
Otras variantes genéticas están relacionadas con la pigmentación de la piel, resultaron igual de beneficiosas durante la última Edad de Hielo y aún influyen ...
Tras una larga y agitada noche, malos sueños y pensamientos agridulces, tras un mundo irreal de pasiones mundanas y recuerdos irreales, tras casi rozar ese momento en el que paso de la indiferencia al rencor y al odio, tras poco más de tres horas de agitadas peripecias, mis ojos se han convertido en platos de cerámica futurista para ver en la tenue luz que alumbra las masas cubistas de Miribilla cómo florece la planta informe de una vigilia nunca bienvenida. Que, vamos, a eso de las tres y media me he rendido y me he levantado a continuar con el padecer en el salón, café en ristre y congoja en el corazón. Raquel no tiene la culpa de nada; soy yo y los mis fantasmas de otros días, algunos lejanos y algunos no tanto. El peso de las responsabilidades, la necesidad de control total, la pericia adquirida a fuerza de prueba y error, todo ello bien revuelto y jugando en mi contra me han llevado al punto en el que pienso que ya ha llegado el momento de comportarme como un hombre sensato, uno entregado a sus congéneres; quizás ese día aún está muy lejano. En fin. Así es cómo hemos empezado el día señalado como "viaje al Este". Primera etapa: dejar a Indalecio en las buenas manos rubias de Esther. Se ha resistido a entrar en su caja de teletransporte, pero ha entrado. Una vez en Prim... los pesares se han disuelto tal que azucarillo en café caliente. Segunda etapa: pincho y caldo donde Karim. Sin novedad. Tercera: recoger a Tachón en Sani. Tampoco novedad.
El viaje. Tachón conduce; conduce a su manera; Raquel medio calla, apenas protesta. Tachón hace paradas cada pocos kilómetros; el destino parece alejarse; jeje. Hemos hecho reserva en una restaurante en un pueblo cercano a Lérida, en Soses. El restaurante se llama «El Trull». Nos apuntamos al menú del día y, bueno, pues no está mal, aunque el servicio ha sido muy lento, en fin. Raquel y yo hemos empezado con una coliflor con besamel gratinada, muy decente; Alberto ha optado por la ensalada, ...