 El guerrero siberiano de hace 4.000 años con un formidable escudo de hueso para evitar que le clavaran flechas por la espalda
El esqueleto estaba completamente cubierto por un escudo formado por más de 100 placas de hueso. A sus pies yacía un trozo de armadura, parcialmente cubierto por una adarga, y puntas de flecha que alguna vez habían estado en un carcaj. En su hombro derecho yacía una azuela de pizarra y, en su pierna izquierda, una bolsa de lona con artículos para el hogar.
Este guerrero vivó en la región siberiana de Yakutia, uno de los entornos más hostiles del planeta, donde se alcanzan temperaturas bajo cero extremas, hace unos 4.000 años, en pleno Neolítico. Pertenecía a la cultura Ymyyakhtakh, un pueblo de cazadores-recolectores nómadas que utilizaban herramientas, armas y materiales avanzados.
Cuatro milenios después de su muerte, arqueólogos rusos del Museo de la Universidad Federal del Noreste han ‘revivido’ a ese hombre prehistórico, reconstruyendo su cara, su figura y todo su equipamiento, incluido el escudo gigante que los investigadores interpretan que servía para proteger su espalda de las flechas enemigas.
Si algo llamó la atención de los especialistas cuando descubrieron el cuerpo en el verano de 2004 fue el buen estado de conservación que presentaba. Ni en Yakutia ni en las regiones vecinas se había encontrado nunca enterramientos que hubieran resistido el paso del tiempo con tacto éxito.
“El problema es que los objetos que permanecen en condiciones estables y uniformes durante muchos años, al exponerse repentinamente al oxígeno, comienzan a deteriorarse rápidamente. El hierro se oxida y la materia orgánica se descompone. Los cambios de humedad provocan la deformación y el agrietamiento de los objetos”, explican.
La misma tumba, además, contenía fragmentos óseos de un segundo cuerpo humano reunidos en una pila, lo que podría indicar que se realizó un sacrificio durante la antigua ceremonia fune...leer más |