Las palabras inagotables
sábado, 10 de octubre de 1998

{mío lo de siempre}


Las palabras inagotables.-
Recuerdo aquellas tardes en Deusto Primera,
escondido en un recodo de la escalera,
con el Tomo I del Señor de los Anillos,
la mirada perdida,
los niños jugando al fútbol en el patio del colegio,
en el bajo de la Avenida Madariaga
la niña pelirroja, la hija del portero,
tímida y confundida, la madre gastada,
la persistencia del acecho,
las tardes interminables.
Poco o Nada ha cambiado desde Entonces,
los sentimientos se mueven al mismo ritmo,
resuenan las mismas músicas,
las mismas pasiones,
el futuro tiene el color de la noche,
la lluvia golpea furiosa los cristales,
y hay bombas camufladas
junto a la puerta de la Central,
donde cagan los perros de mi Ciudad.
Vuelve a caer la lluvia con voracidad,
la Ría de Bilbao arrastra troncos y vacas,
los coches flotan al final de mi calle,
las cabezas se asoman a las ventanas,
repiten letanías los presentadores del Telediario,
y mi padre se toma unos vinos en el Txiki.
Quiero volver,
ha sonado mi hora,
es el momento de deshacer el largo camino,
la senda de los inmortales,
la luz al final del Túnel,
los recuerdos hechos carne, hechos sangre,
se acerca el día del regreso,
ya suena la música del fin del Mundo,
y todas las cosas
repiten los mismos gestos
el escenario está dispuesto:
comienza la función,
Qué comience ya.

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© Zalberto | enero - 2026