 Son las 5:55. Me cago. Me levanto y preparo café. Hago mis cosas y me siento al PC. Sobre las seis y media se levanta Raquel; tiene aún sin hacer su maleta y se pone a ello; yo lo dejé todo ayer bien preparado y bien controlado, para no estresarme más de la cuenta en las horas previas a iniciar el viaje. Los telediarios informan del tiempo invernal que nos espera estos próximos días y que afectará a las habituales zonas frías de la península; veremos cómo va la cosa, aunque yo siempre soy optimista. Son las 9:01 y ya está todo el equipaje preparado en el pasillo; sólo falta cerrar la maleta de Raquel y Raquel en sí misma. El peque me manda foto de lo suyo y ya lo tiene controlado. Preparo un par de bocatas de jamón en barritas de pan integral, para el camino; también llevamos una bolsa de patatas fritas, y otra de almendras a la trufa. Son la 10:10 y con lo de Tachón cargado en el maletero, que va a tope, emprendemos ruta; conduzco yo. El coche muestra una alarma en el cuentarrevoluciones del salpicadero: en color naranja una herradura invertida con una exclamación en el centro. Consultamos en el móvil y parece ser que es una alarma de presión baja en los neumáticos. Esto hace que paremos en la gasolinera de Arrigorriaga. La presión está bastante baja en las ruedas del lado derecho; las rellenamos y desaparece la alarma, y la incertidumbre. El viaje comienza de verdad. Sobre las doce y media paramos en la gasolinera de Gallur a echar gasofa y una meada. Estirando las piernas nos comemos los bocatas de jamón y sin pausa seguimos con destino Soses, en el restaurante Lo Trull, donde comimos el año pasado. Son las 14:45, aparcamos en Soses, en la Travesía del Sindicat. Nos acomodamos en la misma mesa que el pasado año. Menú: Raquel y yo crema de calabaza, Tachón brócoli al romescu, de primeros; de segundos, Raquel entrecot, Tachón salmón y yo Carrillera esofagante (he visto la sombra de la Parca a lo lejos, qué momento); de postre ellos yogur y yo crema potrosa. En resumen, una comida de aprobado justo, y en concreto el entrecot de Raquel para no servirse, en fin, pero al menos han reconocido su fallo y no lo han cobrado. Seguimos viaje y Tachón se pone al volante para que yo recupere el sentío en el asiento de atrás. Cuando estamos cerca, apenas quince minutos cerca, Tachón para en una gasolinera porque se mea; en ese punto recupero el volante y doy el empujón final al viaje. Es noche cerrada cuando aparco junto a la escalinata de Villa Mazzara. Nos tienen reservada una habitación en la planta primera, una muy en condiciones. En la casa, preciosa por cierto, la calefacción funciona y el confort está asegurado, algo que nos tenía un poco alerta. Nos instalamos y bajamos a confraternizar. En gusto de familia. La cena se prepara a base de embutidos y quesos; yo he presentado mi pastel de bonito y triunfo que te cagas. Y entre risas y más risas transcurre la sobremesa hasta el momento de retirarnos a nuestra habitación a descansar. |