Sábado de independencias
1 comentario sábado, 10 de enero de 2026

{de Teffi}
Un monje viejito junto a una pequeña iglesia en un lugar apartado del bosque. En las paredes de la iglesia, todos los arcángeles: Miguel con la espada; Rafael con el incensario; Baraquiel, el guardián del jardín, con rosas en las manos; Gabriel, el ángel de la Anunciación, con un ramo de azucenas; Jegudiel, el castigador, con un látigo; Sealtiel, el ángel de la oración, con las manos cruzadas, y Uriel, el afligido ángel de la muerte, con una vela con la llama vuelta hacia abajo.
7:30 del domingo 11 enero 2026
Son tantas las aristas que lijar, que sé que no da el tiempo para ello: hay que priorizar, aunque no se desee y aunque el no deseo duela. La lectura de «El valor de la atención» me ha erizado las antenas telescópicas y ha despejado un tanto la niebla que impide ver más allá de un par de horas, y de mirar hacia atrás mejor no hablamos. Este sábado se presentaba como una oportunidad para rellenar las horas de solitarias investigaciones y, ante todo, de sabrosonas prácticas, de las que luego tantas veces me decepciono a mí mismo, quizás porque soy un insoportable crítico de lo que ocurre fuera, y dentro. Raquel ha hecho plan de sábado con Esther y Nerea, plan de comer por ahí, de sobremesa por allá, y de concierto de música cubana en ¿? -no recuerdo dónde han estado- sí, ya recuerdo -miento, he abierto el correo para buscar el pdf con las entradas, para imprimir, que Raquel me envió hace un par de días-, en el Teatro Los Campos Elíseos.
Septeto Santiaguero; quiero pensar que no son seis o menos, u ocho o más; siete, con todas sus percusiones y sus trompetas; siete, con sus guitarritas y sus coros bailongos. A posteriori, Raquel me ha comentado, como de pasada, que en cierto momento del espectáculo el público enardeció y comenzó a bailar en pie, entre butacas elevadizas, al ritmo del son sabrosón. Bueno, son esas cosas viejunas que, por razones que no vienen ahora al caso, a mi chavala le estimulan el cerebro; es lo que hay, por hueca que resulte esa alegría "contagiosa" de las gentes humildes, castigadas por la hipocresía de otras gentes "revolucionadas" que les hacen creer que tienen la utopía al alcance de la mano, y que bailando salsa todo es posible, como al alcance de la mano. Estas movidas quedarán bien compiladas en el poso de la historia, pero necesitan tiempo, mucho tiempo, por algo son "posos".
Pues nada.
Aprovechando que Raquel no tenía pensado salir de casa hasta un rato antes de la hora de quedar para comer -chavalas que cuando quedan nunca se sabe cuándo será, son muchos los imponderables y demasiado complejos los preparativos-, me he maqueado rápidamente para salir a caminar y para echar un vistazo en alguna librería -quiero material impreso de Murakami, para no abandonar aún su universo poético-.
El tiempo tiene mucha pinta invernal, con su lluvia fina y persistente, con su temperatura buscando el cero Celsius, con su intemperie a la intemperie. Yo presumo de practicidad, así que me visto de manera que en los interiores de los negocios a los que he incluido en mi lista de "posibles" me pueda quedar en atuendo adaptable a las temperaturas ambiente. El calzado tiene que soportar condiciones adversas, insensible a los efectos perniciosos de los charcos en las calles; como estoy rumboso he estrenado uno de los pares de calcetines que me regaló la nena hace unos días, calcetines de Intimissimi, calidad superior; han resultado ser medias, de las que hace siglos que no uso, de las que se adaptan al contorno de la pantorrilla, de las que proporcionan un confort de la hostia; unos calcetines que merece usar un hombre de mi categoría, je. Pantalón vaqueo campana y calzoncillos slip L Decathlon. Camiseta negra manga larga y chambergo impermeable de forro sedoso azul intenso -mi favo-. Braga de los Simpson y guantes del LIDL. Bolsa isotérmica con paraguas enano plegable para transportar los elementos que molestan en los bolsillos. Y... los auriculares JBL con solución de pinza IKEA para amenizar con buena música los escenarios y los guiones que vayan desarrollándose a medida que mi ser se desplace por el mundo exterior -cómo me dejo llevar por la palabrería, no pasa nada, no hago daño a nadie-. Y, para no dar puntada sin hilo, me hago cargo de los residuos del hogar, debidamente organizados según el tipo de reciclaje al que con suerte serán sometidos; cada cosa a su contenedor, cada cosa a su color -de la simbología no somos capaces de desprendernos, o, quizás, ¿debiéramos aumentar nuestras capacidades simbólicas?-.
Salgo. En la calle, frente al portal, en el cruce del estanco hay varias dotaciones de coches de la Policía Municipal y justo cuando salgo aparece un camión de bomberos. Me pica la curiosidad. Entonces me fijo que de la puerta del estanco sale un humo espeso, con pinta de venenoso; y veo que dentro ya están los polis y los bomberos. Me quedo con las ganas de saber qué pasa, pero no hay que pasarse de chismoso. Sigo a lo mío.
Me muevo con prudencia, flota en mi interior un aire de incertidumbre que se mueve a merced de las nubes. Si no "me" llueve puedo prolongar el paseo por las orillas de la ría, incluso llegarme al Guggen y echar un vistazo allá; pero no es un destino "obligado", en absoluto, lo importante es caminar, sentir y darle sentido y cuerpo a lo leído y pensado en las horas recientes, a lo de "fluir", a lo de "divagar", a todo el asunto de la atención persistente. Algunas de las propuestas ya forman parte de mis categorías desde hace tiempo. Divagar es una práctica que practico, porque conozco en mi piel sus beneficios. Divagar ofrece luz a las ideas originales, resuelve cuestiones no resueltas, desata nudos. Divagar genera alegría, confianza. Divagar quita hierro a casi todo, incluso la propia muerte se ve con unos ojos más amables, más comprensivos; de la muerte del resto... imagina. Esto en cuanto a divagar. En cuanto a... ¿fluir?. Qué obviedad, los grandes momentos de la vida, de la mía por supuesto, son todos ellos momentos sumidos en intensos "estados de flujo". Se puede vivir estados de flujo que pueden durar meses, como el enamoramiento, un estado de flujo que no sé si aplaudir o abuchear; quizás el enamoramiento sea un estado de flujo un poco particular, tiene características que lo incluyen en el conjunto, pero otras que inducen a dudar de ello, así que lo dejo en interrogaciones, o, mejor, en puntos suspensivos. Olvidémoslo, no he dicho nada, estados de flujo, fluir...
A lo largo de mi vida me he solido referir a lo de "fluir" como "alcanzar el éxtasis", y creo que es acertado, concuerda en todos sus aspectos. Ese rato que tocando la guitarra con Mikel sentía que me elevaba, que me salía de mí mismo, que lo que rasgaba las cuerdas no era mi capacidad musical sino que eran mis dedos, la púa, los que "fluían" por su cuenta, que me convertía en espectador ensimismado de mi propia ejecución; ese momento en el que tras unos minutos, segundos, dabas con la nota magistral y salía del fondo de tu garganta un "yehhh" profundo, primitivo, plenamente consciente de la altura de la música que había salido de tu instrumento; eso, no hay duda, eso era "fluir". Y esas horas archicondensadas en un instante eterno en las que volcaba toda mi mente sobre una hoja en blanco que se iba llenando de trazos, colores, imágenes, satisfacción plena, gozo absoluto.
Pues eso, que lo de "fluir" también me lo sé; pero es bien cierto que una cosa es conocer la cuestión y otra es poner toda la atención para aprender a gestionar la generación de esos "estados de flujo" tan ricos ellos, tan preciados y tan preciosos. A eso me apunto, que no quepa duda a nadie, y creo que sé cómo potenciarlo, tengo experiencia.
Divagar, fluir, ¿qué más?.
Con estas cuestiones en el macuto, a resguardo del frío y el sirimiri, he cruzado la ría por el puente de Calatrava para llegarme hasta nuestro bilbaino cruce de Shibuya. Hay varias opciones. Está la planta primera del FNAC, a la que le veo el inconveniente de la falta de rigor en la ordenación de los libros, hay cierto caos y además algunas baldas quedan alejadas de la vista y obligan a rozar la incomodidad para recorrer los anaqueles -y los ejemplares se ordenan por temáticas, lo que siempre admite discusión; yo prefiero por autor, para ir al grano sin tonterías-. Está la zona de librería del Corte Inglés; pero hace tiempo que no la visito y me temo que ha ido a peor con cada reforma -aunque nunca se sabe y a lo mejor...-. Y está La Casa del Libro, que hace también mucho que no visito, pero que me da en la nariz que estará mejor enfocada a las necesidades de los lectores profesionales. A La Casa del Libro que me dirijo.
La librería, justo frente al FNAC, está casi desierta; alguna empleada llega cuando ya estoy echando un ojo a las estanterías, bien ordenadas alfabéticamente por el primer apellido del escritor; una de esas empleadas me atiende cuando me acerco a caja a pagar: me he decidido por un libro de relatos de Murakami, en edición de bolsillo y a un precio que no produce urticaria mental. Me llevo un ejemplar de «El elefante desaparece»; a Tachón le ha parecido bien la elección, es mi principal referencia -un orgullo ser su padre-. Salgo y me incorporo al gentío que entra al Corte Inglés por el chaflán de Alameda Urquijo con Canciller Ayala. Subo a la 6ª a la zona "Mascotas", a por caprichos para el Señorito. Una lata grande de paté para gatos gorditos y una lata sabrosa de las que le ponen al canijo; le mimo demasiado, lo sé, pero es mi morcillita y le adoro. Salgo y me pego a la fachada para cubrirme de la lluvia, voy a regresar en metro. Boca de Abando. Salida en boca Zabalbide: antes de ir a casa quiero hacer alguna compra de paridas en el BM, y cumplo mi deseo. Jamón York, tiritas de jamón serrano para los guisantes, mantequilla La Asturiana, minibrick de caldo de pollo Aneto, ristra de chorizo picante BM, lata de pulpa de tomate, fideos talla 0, ¿algo más?. Salgo y a casa. Son casi las doce.
Raquel aún no ha salido, pero está en ello, en estos trances suele necesitar varias horas para elegir la imagen que va a proponer al mundo exterior. Buscar el atuendo perfecto es tarea ardua y compleja. Da la una y cuarto cuando da por terminada la operación "vestirse" y se va; adiós...
Mi resto del día en casa tiene pocos capítulos que relatar, cuatro o cinco.
Organizar la cocina, la casa en general. Atender a Indi. Preparar mi comida a base de guisantes con huevos cocidos. Comer.
Butaca. Leer «El Valor de la Atención» hasta terminarlo. Zaping en el salón.
Cenar sándwiches de jamón york con mahonesa/mayonesa. Atender a Indi.
Nueve y media a la cama. No hay noticias de la nena, pero todo tiene pinta de ir según lo previsto: han comido en un italiano en Mazarredo 18, han echado un trago largo y se han ido al concierto cubano; cuando llegue me dará más detalles. Me solazo viendo un par de capítulos de la 1ª temporada de "Andor"; aguanto hasta que me vence el sueño.
Se cierra el día. Raquel aparece pasadas las doce... para ampliar información, consultar la entrada de mañana.

#caminata - #temporal - #casadellibro - #murakami - #elefantedesaparece - #corteingles - #raquel - #esther - #nerea - #cuba - #atencion - #elvalordelaatencion

comentarios
1alberto 
11/01/2026 7:44:18
SEPTETO SANTIAGUERO
Eguna/Día 10/01/2026 Ordua/Hora 20:00
Barrutia/Recinto Campos Elíseos Sala Teatro
Gunea/Zona Planta 0. Solairua - Patio de butacas
Atea/Puerta 1 Ilara/Fila 2 Eserlekua/Asientos 11-13-15

© Zalberto | enero - 2026