Los Mendizaleak regresan al monte
miércoles, 14 de enero de 2026

El día comienza para mí a las cinco de la madrugada, atendiendo a Indi y mis mundos interiores. Hoy tengo que andar listo y prepararme para un día de montaña alavesa, o, más bien, de Llanada Alavesa. He quedado con los Mendizaleak en el 5 estrellas a las nueve, como tantas otras veces...
Cuando estoy a escasos metros del bar ya veo a Jon trajinando su café y su pincho de tortilla. Entro, nos damos la mano y me apunto al pincho con café. Nos ponemos al día y al rato llegan Marian, Arantxa y su Mijavi, que aparece con la mano derecha vendada, recién operado de túnel carpiano. Mijavi no montañea con nosotros, nos deja cuando nos dirigimos al coche, el suyo por cierto.
Estrenamos coche de Arantxa, un Renault híbrido, híbrido de automóvil y videoconsola. Techo transparente y retráctil. Por lo demás, automático e independiente, como ella, la Tocino.
La ruta es cosa mía, cerca de Opacua, el punto de inicio está en el camino de tierra que termina en Ledaire, pero sólo a un kilómetro del desvío de la carretera. Allá que nos vamos.
En el cielo se hace notar la esperanza de un día sin lluvia, con temperaturas más cerca del "momento cero grados" que de un momento más agradable para los seres de vida cálida, pero sin lluvia. Y no llovió. Yo voy perfectamente equipado, con buen calzado, con polar verde y chaleco acolchado gris -que no abandonó su lugar en la mochila hasta el regreso a su percha -, braga animal print, guantes, capa china transparente, visera azul y bastón retráctil; no me falta detalle.
Las perras en su salsa. La nieve dejando nuestro rastro a casa paso. La huella de un plantígrado nos sube el nivel de alerta, aunque nos parezca bastante inverosímil. Jon dirige al grupo de la mano del Wikiloc; los demás aportamos temas de conversación y chascarrillos a porrillo. El escenario son bosques, primero de pinos gigantes, después de hayas majestuosas. El sotobosque es césped inmaculado y árboles caídos, alimento para la vida. En algunos lugares especiales surgen de la tierra bloques de roca caliza organizados en laberintos mágicos, con nombres evocadores como "Arco de Zalanportillo". Hago fotos para subir con la ruta, hasta que la aplicación me dice "basta". Lo paso en grande. En una las cimas encontramos un monolito que tiene grabado "Hiru Haundiak"; yo he preferido "Iru Aundiak", pero que se le va a hacer; justo ahí hemos saludado a un varón solitario al que he lanzado una chanza un poco fuera de lugar. Para Greta y Lasai he llevado tres bolsas caducadas de golosinas de Indi que han devorado. Greta me he devorado a lengüetazos, tan mona ella, como siempre. Lasai está viejita, la pobre.
Comemos en Salvatierra, en Agurain, en el restaurante Jose Mari. Comemos de puta madre. Primeros: las chicas, ensaladas con de todo; Jon crema de calabaza; yo lentejas perfectas. Segundos: ellas carrilleras; Jon filetes; yo revuelto de hongos. Lo dicho: un descubrimiento inesperado.
Me apeo del híbrido en Basauri, con Jon. Él se va a su casa y yo al metro. Piso Santutxu a eso de las cinco y poco. Rápido a casa, que Raquel está pochita y necesita mimos a porrillo. Me reciben con los brazos abiertos. Al acercarse el momento de cenar yo comento que no tengo ganas de cenar, quizás un yogur, y Raquel dice que ella infusión y poco más. Son las ocho cuando nos ponemos con los rituales del precama. En la cama veo terminar la serie *Candy ". Raquel duerme y ronca.

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© Zalberto | enero - 2026