 5:05 AM. Arriba con todo que Indi necesita sus cosas, y a mí me agrada la idea de comenzar cuando todos duermen. El enano ha empezado fuerte: vomitando hierba. Joder, jajaja. Voy al trastero a por la fregona y arreglado el asunto. Hago café y me siento al PC. Tres horas perfectas para relax, y lectura y escritura. Raquel está malita, con trancazo, pero no se puede relajar mucho ya que tiene hora con César Osteopáleo a las 11. Salgo a comprar según abren los super para regresar antes de que la nena se vaya. Hoy el menú está cerrado: purrusalda y filetes rusos. En el BM me suministro de lo necesario; además compro una carcasa para hacer caldo, que sé que a Raquel lo quiere cuando está enferma. 9:30 AM. Raquel sale a su cita en Gran Vía 63 bis 1ª. Espero a que se vaya para ponerme a lo de instalarle un enchufe mural doble bajo la mesilla, otro enchufe mural doble, y van dos; lo pide porque dice que se tiene que agachar mucho para acceder al que ya está. No hay nada que discutir: me pongo a la faena y en un ratito lo tengo puesto, conectado y funcionando; soy una máquina del brico. El resto de la mañana lo ocupo en tareas en la cocina. Preparo el caldo; en el puchero coloco dos patatas peladas dentro de un recipiente de malla para sacarlas ya cocidas y hacer una parmentier para acompañar a los filetes rusos. Cuelo el caldo y lo guardo en una de las cazuelas de acero, para cenar o lo que sea. Sin pausa me dedico a montar lo necesario para hacer los puerros; limpiar, cortar, pelar; dos ajos para aromatizar el aceite; pimentón dulce y sal, y aceite virgen extra. Pongo la olla a presión a trabajar y paso a lo siguiente: la carne picada y la preparación de los filetes. 12:00 AM. Raquel regresa conectada a una multi; le pido hora para comer y me dice que a partir de la una y media estará libre; "las dos entonces", me digo. En el impasse saco la tableta y pinto un rato -véase en esta entrada-. 1:30 PM. Las cazuelas y las sartenes están en marcha, al fuego y crepitando. Pocos minutos después nos sentamos a comer: todo está de diez, menos mal. Las raciones son abundantes y la nena propone dejar la purrusalda sin terminar y pasarla para hacer puré para la cena y me parece una gran idea. Nos comemos los filetes rusos con su parmentier profesional y nos quedamos ahítos. Reincorporo en la olla los sobrantes de purrusalda y le meto batidora hasta dejar una crema rica rica; también sobran cinco filetes, por lo que la cena se prevé suculenta. César le ja sugerido a Raquel que pase hoy del yoga y ella obedece encantada: siesta gorda hasta las cinco, al levantarse se le ocurre que va a pedir cita con el médico para descartar que lo suyo requiera antibióticos. Sorprendentemente hay un hueco a las cinco y veinte; tiene el tiempo justo para vestirse y salir, y lo hace. El doctor descarta antibióticos y le tranquiliza: un virus inofensivo que se trata con aspirinas y en ese plan. Se quita un peso de encima. Regresa a casa, se pone cómoda y se sienta al PC -está preparando un Word donde organizar el viaje de primavera- y seguido en la butaca se entretiene con sus Equipos de Investigación. Yo igual de bien, escribiendo y leyendo a Murakami -sigo con "El elefante desaparece"-. Cenamos el puré de purrusalda y los filetes rusos; sin pausa nos acostamos a descansar. Raquel está malita, incluso peor que al empezar la jornada; pobrecita mi nena preciosa. |