de Cioran y otras movidas
1 comentario sábado, 17 de enero de 2026

Lo que sé a los sesenta años, ya lo sabía a los veinte. Cuarenta años de un largo, superfluo trabajo de comprobación.

Si la muerte sólo tuviera facetas negativas, morir sería un acto impracticable.

En la costa normanda, a hora tan temprana, no necesitaba a nadie. La presencia de las gaviotas me molestaba y las hice huir a pedradas. En sus chillidos de estridencias sobrenaturales comprendí que era eso precisamente lo que necesitaba, que sólo lo siniestro podía apaciguarme, y que para hallarlo me había levantado tan de mañana.

Cada vez que estoy mal y me apiado de mi cerebro, me siento llevado por un irresistible deseo de proclamar. Entonces adivino de qué pedestres abismos surgen reformadores, profetas y salvadores.

Hace falta una visión de repuesto, pues la del Juicio Final ya no convence a nadie.

Días milagrosamente cuajados de esterilidad. Y yo, en vez de alegrarme, de cantar victoria, de convertir esa sequedad en fiesta, de ver un ejemplo de mi realización y madurez, de mi desapego, me dejo invadir por el despecho y el mal humor: así de tenaz es en nosotros el hombre viejo, la chusma turbulenta incapaz de hacerse a un lado.
* * *
Me atrae la filosofía hindú cuyo propósito esencial es el de superar el yo: todo lo que hago y todo lo que pienso es únicamente yo y desgracias del yo.

Cuando se rechaza el lirismo, emborronar una página se convierte en un infortunio: ¿qué sentido tiene escribir para decir exactamente lo que se tenía que decir?

El paraíso no era un lugar soportable, de lo contrario el primer hombre se hubiera adaptado a él; este mundo tampoco lo es, ya que en él se añora el paraíso o se da otro por seguro. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? No hagamos nada, no vayamos a ningún sitio, así, sin más.

Hay en el hecho de nacer una ausencia tal de necesidad, que cuando se piensa en ello con un poco más de detenimiento, a falta de saber cómo reaccionar, uno se queda con la boca abierta.

Si, antaño, frente a un muerto me preguntaba: «¿De qué le sirvió nacer?», hoy me pregunto lo mismo ante cualquiera que esté vivo.

Con respecto a la muerte oscilo sin cesar entre el «misterio» y la «nada», entre las Pirámides y la Morgue.

Fulano me insulta. Estoy a punto de abofetearlo. Reflexiono y me abstengo.
¿Quién soy, cuál es mi verdadero yo: el que replica o el que se echa, para atrás? Mi primera reacción es siempre enérgica; la segunda, débil. Eso que llaman «sensatez» es, en el fondo, «reflexión», es decir, la no‑acción como primer movimiento.

Tracios y Bogomiles: no puedo olvidar que he frecuentado los mismos parajes que ellos, ni que unos lloraban por los recién nacidos, y que los otros, para absolver a Dios, hacían responsable a Satanás de la infamia de la Creación.

Es mucho más fácil avanzar con vicios que con virtudes. Los vicios, acomodaticios por naturaleza, se ayudan, son indulgentes unos con otros; en cambio las virtudes, celosas, se combaten y se anulan, y muestran en todo su incompatibilidad y su intolerancia.

#filosofia - #notas - #anotando

comentarios
1alberto 
17/01/2026 7:57:40
En el mismo año -652 DC- Máximo el Confesor fue deportado como prisionero, acusado de haber causado la pérdida de las provincias africanas, cedidas a los árabes. El juicio fue muy largo y al final, en 659, Máximo fue condenado a que le cortaran la lengua y las manos.

© Zalberto | enero - 2026