PAULICIANOS
1 comentario sábado, 17 de enero de 2026

Paulicianos es el nombre de una secta oriental cuyos miembros pretendían ser la verdadera Iglesia, denominándose "cristianos" y a los católicos "romanistas", y distinguían entre el creador y Señor de este mundo y el verdadero Dios del cielo, a quien sólo el espíritu regresa, rechazando consecuentemente una encarnación por medio de María; para ellos la madre de Dios era la Jerusalén celestial, de la cual Cristo procedió y en la cual entró. En su misericordia Dios envió un ángel a quien llamó su Hijo e hizo que naciera, liberando la fe en él del juicio. La importancia de Cristo la encontraban principalmente en su enseñanza. En lugar de la cruz ellos honraban el evangelio, porque contiene las palabras de Cristo; esas palabras eran el verdadero bautismo, aunque permitían a sus hijos ser bautizados por clérigos cautivos. Hacia la Cena adoptaban una actitud similar. Rechazaban la jerarquía y el monasticismo, enseñando que Pedro en el bautismo había visto al Señor del mundo cayendo del cielo en atuendo de monje y dando instrucciones monásticas a los hombres. Parece que rechazaban los escritos de Pedro, pero aceptaban los otros libros del Nuevo Testamento. En general subrayaban la vida piadosa en lugar de la doctrina y las observancias externas, por lo que se convirtieron en una ofensa para la ortodoxia.

El origen de los paulicianos es oscuro. El nombre aparece en el canon 32 de un sínodo celebrado en Turín, Armenia, por el patriarca Juan de Otzun en el año 719 y en un escrito suyo contra ellos. El Scorialensis (i) y Gregorio el Maestro (Mkrttschian, p. 148) derivan la secta de Pablo de Samosata y Conybeare (p. 105) favorece esta suposición; pero lo que se sabe de los paulicianos no permite señalar a ese Pablo como su fundador. A veces se ha afirmado una conexión con el maniqueísmo y el Scorialensis (i) señala que una tal Kallinike envió a sus hijos, Pablo y Juan, a Episparis en Armenia para difundir la doctrina maniquea. Sin embargo, los paulicianos no sabían de ninguna relación con los maniqueos y estuvieron siempre preparados para rechazar a Manes así como a los mencionados Pablo y Juan. Gieseler (páginas 103 y sig.), Neander (p. 344) y Mkrttschian (p. 110) afirman un origen marcionita. Döllinger (p. 2) favorece una conexión con los marcionistas y los archontici. Es difícil creer que no hubiera relaciones con herejías anteriores; sin embargo, las fuentes atribuyen el origen de la secta únicamente a un tal Constantino de Mananalis, cerca de Samosata, de quien se dice que vivió durante 27 años como cabeza de una congregación en Kibossa y de haber sufrido la muerte bajo Constantino Pogonato (628-685). Enseñó que el Nuevo Testamento era la única guía y no escribió nada. Dirigentes posteriores, llamados por sus seguidores por los nombres de los compañeros de Pablo (Constantino conocido como Silas) y honrados como verdaderos apóstoles de Cristo y manifestaciones del Espíritu Santo, fueron Simeón-Tito, Gegnesio-Timoteo, un armenio, José-Epafrodito, quien se dice que fue durante 30 años cabeza de una congregación en Antioquía de Pisidia, Zacarías (rechazado por algunos como asalariado), Baanes, llamado el Sucio por su forma de vida, la cual copió de Diógenes el cínico y Sergio-Tíquico. Éste último huyó de los oficiales imperiales a territorio musulmán y se dice que fue asesinado allí tras una actividad de 30 años, admitiendo incluso sus enemigos su rectitud de vida y admirables cualidades. Se enumeran seis congregaciones bajo nombres de iglesias apostólicas: Macedonia (Kibossa), fundada por Constantino y Simeón; Acaya (Mananalis), fundada por Gegnesius; Filipos; la congregación de José y Zacarías; Laodicea (Mopsuestia) y Colosas.

Mucho antes de que los paulicianos aparecieran en grupos que perturbaban la paz pública, se dice que Constantino Coprónimo (741-775) transportó algunos a Tracia, donde parecen haber fundado a los búlgaros bogomiles. Nicéforo (802-811) tomó de ellos para el ejército y les otorgó privilegios a cambio de su ayuda. Miguel I (811-813) y Teodora (regente de su hijo Miguel III, 842-856) los persiguieron severamente. Huyeron a territorio musulmán y desde ahí devastaron las provincias imperiales. Su dirigente, Karbeas, fundó la fortaleza de Tefrika, al lado de la frontera y la hizo cuartel general de sus correrías. Su sucesor, Crysocheir, penetró en el año 867 en Éfeso y se dice que reclamó el dominio de todo el este (comp. Gieseler, p. 96). Fue asesinado en el año 871 y el poder de Tefrika quebrantado.

Los "selicianos" en Constantinopla bajo Teodora, que se reconciliaron con la Iglesia por el patriarca Pretorio, eran evidentemente paulicianos (comp. Friedrich, p. 82) y el año 866 Focio habla de paulicianos convertidos en la capital. En Armenia fueron perpetuados por los denominados tondracianos (tondraki) bajo la dirección de Smbat (primera mitad del siglo noveno). Gregorio el Maestro cita a seis dirigentes después de Smbat y se jacta de haber convertido a más de 1.000 de la secta por mandato del emperador Constantino Monomachus (1042-54) y extirpar a otros (comp. Mrkttschian, páginas 142, 145, 149). No obstante, en Armenia se produjeron manifestaciones ligadas a los paulicianos hasta tiempos recientes.

En la búsqueda de una conclusión respecto a las doctrinas y prácticas de los paulicianos hay que dar crédito a La Llave de la Verdad, el manual de los paulicianos armenios (thondraki, thondraketzi), cuyo texto en traducción inglesa y una introducción de casi 200 páginas fue publicado en Oxford en 1898 por Fred C. Conybeare. El manuscrito, mutilado en cierta forma, fue tomado de un grupo de thondraketzi, que habían emigrado (1828-29) de la Armenia turca a la localidad de Djêwiurm, en el cantón de Knus en la Rusia armenia y estuvieron propagando (1837) sus doctrinas con considerable celo. Los procedimientos inquisitoriales resultaron no sólo en la captura de su libro sino también en la obtención de información sobre sus doctrinas y prácticas, que confirmaban las enseñanzas de La Llave de la Verdad. Mediante una elaborada comparación del documento con los escritos griegos y armenios de los tiempos antiguos y medievales, Conybeare llega a la conclusión de que las partes litúrgicas del libro (bautismo, Cena, consagración de niños, etc.) se originaron en el siglo cuarto o solo un poco más tarde y que la introducción pertenece al siglo IX. Las doctrinas y prácticas cree que representan el tipo de cristianismo que se propagó primero en Armenia y que era fundamentalmente primitivo. El ingenuo adopcionismo del escrito lo encuentra en concordancia con el cristianismo judaico antiguo e incluso con la cristología de la Didaché, el Pastor de Hermas, Justino Mártir, la Disputación de Arquelao con Manes y documentos semejantes antiguos y su antagonismo hacia la práctica del bautismo de niños, que había sido ampliamente prevaleciente en las iglesias latina y griega desde el siglo tercero en adelante, estaba basado no sólo en su sentido de no innovar, sino también sobre el hecho de que se suponía que Jesús se había convertido en el Cristo y había sido adoptado como Hijo de Dios al bautizarse, deduciendo de ello que era el deber de cada creyente verdadero hacer su debida preparación para recibir el bautismo tras la madurez, siguiendo el ejemplo de Jesús, para convertirse, en un sentido inferior, en hijos de Dios. Como la influencia de la Iglesia y el imperio griegos fueron dominantes en Armenia los creyentes de la antigua modalidad, que sostenían la cristología adopcionista y el bautismo de creyentes, se convirtieron en objeto de persecución, llegando a estimar a sus perseguidores político-eclesiásticos como emisarios y representantes de Satanás, de quien derivaban el bautismo de niños, sus errores cristológicos y su espíritu perseguidor. La disposición de los paulicianos para atribuir a la obra satánica las doctrinas y prácticas tenidas por ellos como erróneas y dañinas pudo dar origen a la acusación de herejía dualista dirigida contra ellos por sus oponentes. Que hicieran poco uso del Antiguo Testamento se debe sin duda, en el caso de los paulicianos, como en el de los valdenses, anabaptistas y otros, al hecho de que el sistema teocrático del Antiguo Testamento era usado por sus oponentes para la justificación de la unión de la Iglesia y el Estado, para la persecución de disidentes y para la membresía eclesiástica por el bautismo de niños, tal como la circuncisión los hacía miembros en la comunidad teocrática. Por supuesto es posible, si no probable, que el dualismo maniqueo y marcionita pudo en algunos casos haberse mezclado con la forma más primitiva de cristianismo representada por La Llave de la Verdad. Conybeare también afirma que es altamente probable que las facciones evangélicas medievales y por medio de ellas los evangélicos radicales de los siglos XVI y siguientes, se debieran a la propaganda de los paulicianos, quienes al principio de la Edad Media se asentaron en grandes números en Bulgaria y regiones adyacentes y se esparcieron hacia el oeste, por las rutas de viajes y comercio.


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comentarios
1alberto 
17/01/2026 8:22:15
Pero la importancia de Esteban no yace en su relación con los siete. Él es el primer discípulo cuya enseñanza llevó a un conflicto con el judaísmo, siendo el primer mártir cristiano. Su muerte fue la ocasión de un estallido de persecución que provocó la difusión del cristianismo. Se han buscado paralelos entre la muerte de Esteban y la de Jesús, pero el paralelismo falla en muchos detalles.

© Zalberto | enero - 2026