Domingo de cambio de sábanas
domingo, 18 de enero de 2026

Lunes, 8:38; la pereza y el malestar físico me atacan sin piedad, pugnan por derribar mis defensas e inhabilitarme para cualquier actividad, física o mental. He pasado mala noche. Todo parece indicar que Raquel me ha contagiado el virus, el mal, que le ha tenido estos días poseída; cosa que no es extraña dado que estamos todo el día juntos, en casa, sin apenas tomar el aire. El fin de semana Raquel ha sufrido todos los síntomas de una gripe: malestar general, moquera, dolor de garganta, de oídos, de todo. En el caso de que lo mío sea un contagio en toda regla, sólo deseo que mis síntomas no excedan más allá de lo soportable.
Durante el domingo me he dedicado a la lectura y a la pintura digital. Mucha música, mucha actividad intelectual. Estoy leyendo un electrolibro de Emil Cioran construido a base de encadenar aforismos; se lee cómodamente y da que pensar; que me gusta, vamos. "Del inconveniente de haber nacido", es el libro. Al tiempo que leo copio y pego aforismos que me gustan en la típica entrada de notas de estos tiempos. A intervalos de lectura he incorporado otros de pintura a mano alzada y pincel electrostático; el resultado es que se puede ver en lo alto de esta entrada, y confieso que no me gusta gran cosa, o sea, no me gusta nada, lo he guardado por guardar, no por orgullo profesional, je.
Al mediodía, para cumplir con el momento "comida" he sugerido a mi Raquel que no tenía ganas de enredarme en la cocina y ella, rápida y decidida, me ha propuesto comprar un pollo asado en el GozoGozo. ¡¡¡Qué idea más brillante!!!. También ha propuesto cambiar las sábanas, por lo cosa de la contaminación vírica, y tal. En ese punto me he venido arriba y me he ofrecido a poner lavadora y a llevar las sábanas a secar a la lavandería de la calle Santutxu, la de siempre. Dicho y hecho. Sobre las diez meto las sábanas recién lavadas, y húmedas a más no poder, en el carrito y salgo pertrechado de auriculares y lectura.
La lavandería está abarrotada, apenas hay un sitio para sentarme. Por suerte hay una secadora libre, la 3, ya que el resto estaban dando vueltas como locas. En los asientos naranja las mujeres alborotaban charloteando temas insustanciales; una se afanaba por explicar a un matrimonio mayorcete las bondades y utilidades de la aplicación "La Casa de la Colada", con la que se pueden gestionar los pagos, etc; la pareja tengo la impresión de que directamente no le escuchaba, sino que más bien se dedicaba a disfrutar del placer de la animada charla, de disfrutar, en definitiva, del calor humano -y más en un día de clima tan invernal, frío y húmedo-. Tras 24 minuésastos de espera meto las sábanas, que están calentitas calentitas, en el carrito y me las piro. Una vez en la calle, me cobijo en el escaparate de una zapatería para hacer la llamada pertinente para reservar un pollo; lo reservo para la una y media; una cosa menos, o más.
Hasta la una y media me dedico a poca hostia, un poco de orden y limpieza, un poco de apalanque suave, un poco de esto y un poco de aquello mientras Raquel permanece escondida entre sábanas limpias, blancas, inmaculadas. Limpio una lechuga y la dejo a remojo; esto a petición de Raquel. Indalecio a lo suyo: dormitando en su camita favorita. 13:30, pollo por 15€ y a casa sin demora -miento, he hecho parada en donde FongYi para comprar un trío de helados para mi cielo-.
Comida. Ensalada de lechuga y cebolleta, espárragos de 8€ con salsa mayonesa casera, especialidad de Raquel, y pollo asado. Pollo sobra bastante, que aparto para la cena, con sopa de fideo y huevo cocido picado. Ah, hablando de huevo cocido. A media mañana he cocido cuatro huevos y tres de ellos los he usado para hacer huevos rellenos, con atún al natural y la mahonesa que ha hecho la nena; esto para engañar un poco al aburrimiento y al apetito irrefrenable. La comida muy satisfactoria. Sin más que pensar nos apalancamos tan ricamente, Raquel en la cama y yo en la butaca. En un primer rato intento leer, pero al poco me vence el sueño y me dejo llevar; reacciono una hora más tarde y esta vez sí me pongo en serio a leer, a Cioran. Sobre las cinco y pico reaparece en escena la nena, ocupa su butaca y comiendo pipas se pone a ver esos programas absurdos que tanto le entretienen, los "Equipos de Investigación", los documentales de turismo nacional -uno de la Cascada de la Mea-. Yo sé que Raquel se refrena de ponerse alguna película de ésas truño que suele ver; pero se refrena un rato, hasta que me fijo que en la tele se está proyectando una peli protagonizada por toda esa cuadrilla de actores con variados síndromes que se hizo famosa en una protagonizada por Javier Gutiérrez, que iba de baloncesto -ésta iba de videojuegos-. Un horror de película, pero...
Cena. Sopa de fideo, a la que incorporo en pedacitos el pollo asado y el huevo cocido; exquisita. A la cama echando leches; viendo algo que no recuerdo, casi seguro porque no merece la pena recordarlo.
Un día muy invernal y muy casero; poco que reprochar. Los alegres divorciados consumen su último día madrileño en un fin de semana repleto de emociones y amor infinito; en el último mensaje que lanzan al grupo "Famulio de gordos" alas 22:31, la Esther se despide del finde con estas palabras «Estamos esperando al metro. Agotada😉», y yo, esta vez, la creo sin paliativos.

#picassiano - #del_habernacido - #cioran

© Zalberto | enero - 2026