Los 56 de Raquel
viernes, 13 de febrero de 2026

Llueve, sopla el viento; y vuelta a la lluvia y a las ráfagas de aire invernal. Llueve, pero hoy Raquel cumple años aunque las condiciones meteorológicas quieran sabotear los festejos. Y hoy es su primer día del resto de su vida ociosa, o como quiera que ella lo sienta. Su móvil vibra una y otra vez. Mensajes del ámbito laboral le llegan desde muchos rincones de España; Galicia con Luigi, Valencia con los de Valencia; Cádiz con Marijose; Madrid con Teresa y los de Madrid. Mensajes de familia y amigos.
Hoy es el día de Raquel, qué duda cabe. Yo he madrugado a más no poder. Indi me ha despertado a eso de las cuatro. En mi cabeza se sufrían las consecuencias de no haber previsto el "momento" regalito para la nena antes de levantarse, cuando Indi y yo nos postramos ante ella y la comemos a besos. Así que, empujado por la necesidad emocional, me he levantado con un objetivo en mente: imprimir un bonito «Vale Regalo» en el que se anuncie una minivacación en Cascante, con todos los aditamentos pertinentes.
Preparo café y me pongo a ello. He pensado aprovechar mi último dibujo "picassiano" para incorporarle una zona en la que escribir los detalles del «Vale Regalo». Dicho y hecho -hay pruebas en el top de la entrada-. Cuando he tenido todo listo he cogido al gato y hemos presentado en el dormitorio. Éxito total, la nena es lo más bonito del mundo entero. Ahí da comienzo una jornada diferente.
El tiempo ha anulado el plan de pasar la mañana paseando por Las Arenas y Algorta; pero Raquel ha propuesto ir a IKEA a mirar una lámpara a la que echó el ojo hace nada, una para sustituir al arbolito blanco navideño que reposa desde hace ya demasiado tiempo en la esquina derecha del mueble blanco del recibidor. De paso que estemos allá, en Megapark, yo quiero pasar por el Leroy Merlin a buscar inspiración para construir una barra de dominadas. Ése es el plan; y de allá ir a Las Arenas a comer en un italiano, uno que está en la zona peatonal donde hace casi cuarenta años comprábamos las ropas y accesorios para los bebés y tal y cual. «Memorias del paladar» se llama el restaurante.
La cerradura de la verja de nuestra plaza de garaje está en las últimas, pero aún rula. Sacamos el coche y circulamos bajo las negras nubes. IKEA. Leroy Merlin.
IKEA. En la cesta caen la lámpara, unos recipientes transparentes de plástico para organizar las balditas del mueble del baño, en la zona "Raquel", y un pack de tres tablitas de cortar de colores para reemplazar a las en uso, que están muy trotadas. 70€.
Leroy Merlin. Un Sanitol y un pack de tres bombillas E27 para la lámpara de IKEA; las bombillas resultaron no corresponder a los casquillos -E14 era lo correcto, chosss-.
Cada vez se cierra más el cielo. Raquel propone ir sin demora al otro lado de la ría, para tomar algo antes de comer. Cruzamos la ría por el Puente de Rontegui y recorremos la carretera de la ría, afectada por las obras para la construcción del bidegorri que enlazará San Ignacio con Las Arenas y más allá en ambos extremos. Aparcamos cerca del restaurante y para hacer tiempo llevo a la nena al bar de al lado del Puente Colgante, a echar un pincho y un pote; Raquel se pide unos caracolillos y un tinto, yo pincho de bonito y un zurito tostado. Desde el confort del interior del bar resulta agradable contemplar el puente, la ría y las gentes que pululan por allá. Getxo es guay, es lo que tiene.
Comida en Memorias del Paladar.
Es un lugar muy recoleto. El restaurante no ofrece servicio de "bar", sólo comer; mejor. Nos atienden una muchacha encantadora y cada poco se acerca a la mesa el cocinero, un italiano de pura cepa, a explicarnos los platos y a darnos palique -tiene instrucciones de su manager internet para buenas valoraciones y reseñas positivas, y él lo solicita sin tapujos ni requiebros innecesarios-. El italiano ofrece un menú cerrado que cambia cada mes más o menos. En estos días el menú es "napolitano". Un par de entrantes sencillos, un burrata con tomate seco aliñados con orégano y buen aceite, y una movida rebozada con coliflor y setas y queso y en ese plan; ambos entrantes muy decentes. Dos platos más abundantes, unos raviolis con tomate y un bacalao a baja temperatura con guarnición de verduras, aceitunas y ensalada; estos platos superan con creces a los entrantes, me los disfruto mucho. De postre una bollo borracho acompañado de crema chantilly, muy rico y eso que no soy de postre ni de dulces. Mojamos la comida con un blanco italiano muy agradable. La cuenta no llega a los 100€, se queda en 90€; un precio muy razonable. Un acierto la elección del restaurante; la nena domina eso.
A casa. El mal tiempo se hace con el control del escenario; pero nos da igual. Montamos la lámpara y la ubicamos en el lugar del arbolito: una diferencia brutal. Nos encanta y ya estamos pensando en dar una vuelta más intensa a la zona del recibidor y el pasillo; estamos en ello. Y nos ponemos cómodos en nuestras butacas, con nuestro gato, nuestros móviles y nuestra tele; una delicia. A eso de las siete da señales de vida Rebeca, que se encuentra en Santutxu; Raquel le sugiere que suba y la chavala sube. Pasamos un rato muy agradable charlando, bebiendo unos zuritos y picando cacahuetes. Rebeca es un encanto. Cuando marcha la muchacha me pongo manos a la obra con el cocineo para la cena: unas tortillas francesas con jamón York y postre de kéfir con nueces. Nos distraemos viendo a Javi Sierra y su "Juego de cartas" y nos acostamos. Raquel propone aparcar para el sábado noche seguir viendo "Fargo" y pasar el rato nocturno con un programa nuevo de "Carles Porta", y a mí me parece muy bien, pues me permite pasar olímpicamente de la tele y dejarme llevar por la somnolencia, que llevo desde las cuatro dando por saco.
Un día inolvidable.

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© Zalberto | febrero - 2026