 Ayer finalmente decidí que no me apetecía ir al monte con los restos de los Mendizaleak, ya que solo quedaban Jon y Yolanda, además de Raquel y yo. Además esta tarde tengo consulta con el dermatólogo a las 18:25 (ahora voy en el metro a ello). Así que el día se ha convertido en un remanso de paz, para gozo de la parejita. Raquel ha organizado una salida a Punta Galea, cogiendo metro hasta Bidezábal. El plan le ha salido redondo, ha disfrutado como una enana. Me no hace gracia que a estas alturas esté descubriendo las bondades de Algorta, en fin. Yo he vuelto al camino de Sani. Ayer olvidé devolver la llave del ascensor a Tachón, la que usa Patri, y me cuesta nada ir hasta allí y deshacer el entuerto. Es lo que he hecho. En Sani he aprovechado para coger un par de libros de Ortega y Gasset, que me mola el tipo mucho. El regreso a casa en metro para ocuparme de mis tareas hogareñas: compras en LIDL, agasajar al Señorito y cocinas acelgas y pechuga de pavo al Air Fryer; la pechuga de ha hecho con un lugar de honor en nuestros menús. Después apalanque y dibujos, y lecturas y música. A media tarde hemos desmontado el Portátil de Raquel, que se lo llevarán mañana los de Celeris, y en su hueco he colocado el AllinOne de mis amores; he dejado hace un rato a Raquel encendiendo el PC, a ver qué tal se encuentra. |