AISLIMPER S.A. - Bolitas blancas autopropulsadas
Vamos concretando necesidades y soluciones. En muchas ocasiones, ésta es una de ellas, no tengo claro mi lugar en el mundo y, para evitar colisiones y disgustos, opto por mantenerme en segundo plano. Que sea Raquel, o Esther, quien apalabre las condiciones del trabajo. Y si te intriga el porqué de mis recelos, no tienes más que adherirte a la opción más lógica: mi memoria está salpicada aquí y allá de momentos en los que un plus de recelo por mi parte me hubiera evitado mayores males. Y de lo malo se aprende mucho... Ya sabes que hace un tiempo elaboré mi teoría de «El Favor», y que en ella, recuerda, salen muy mal parados los habitantes del mundo rural. Sí, ya sé que ni Raquel ni Esther tienen nada que ver con ese grupo humano; simplemente enlazo la cosa del aislamiento con la cosa de mi recelar... Y sigo. En el campo, el concepto «favor» no tiene el fundamental componente altruísta y desinteresado, que sí lo tiene según mi entendimiento, si no que se concibe como una manera de establecer lazos entre las personas: «yo te hago un favor, y tú me debes uno». Comprenderás que existe una enorme brecha entre las dos maneras de pensar [ya ves]. Esos lazos que se generan a partir de los supuestos «favores» tienen la virtud de atrapar a los implicados en una red de situaciones viciadas, que, dependiendo de las necesidades del prestador del «favor» se manifiestan, más temprano que tarde, de un modo inesperado para aquel receptor que no comparta la misma visión del concepto. Es un auténtico galimatías mental; yo me vi envuelto en uno hace ya casi 10 años... algún día lo contaré por aquí, en algún lado, creo que allá por el año 1999, más o menos. Cuánto divago. Pido disculpas. |