lunes, 22 de marzo de 2021
La hipótesis de la tata: ¿y si las abuelas salvaron a la especie humana de la extinción? [...] Si para Gail Kennedy el principio del éxito del género Homo pudo tener relación con la posibilidad de que las madres ofrecieran a sus crías alimentos adecuados para conseguir un destete prematuro y tener más descendientes, James F. O’Connell piensa que las hembras tuvieron un papel esencial en la continuidad de nuestro progreso evolutivo. En la actualidad, O’Connell es profesor emérito de la Univeridad de Utah, en Estados Unidos, y sus teorías provocadoras han tenido mucha repercusión en el pensamiento de los estudiosos de nuestros orígenes. Para este investigador, el papel de los machos cazadores fue secundario en el éxito del género Homo. A O’Connell no le importa tanto la posibilidad de que fuéramos desde el principio notables cazadores o miserables carroñeros a la búsqueda de un poco de carne en cadáveres matados por depredadores. O’Connell considera que el papel de las hembras fue mucho más importante en la alimentación de las crías, puesto que la mayor parte de las calorías diarias procederían de la recolección de todo tipo de alimentos tanto de origen animal (huevos, pequeños vertebrados, etc.) como vegetal (frutos, raíces, tubérculos comestibles, etc.). Este veterano científico sabe de lo que habla, porque tiene mucha experiencia en el conocimiento de los cazadores-recolectores que aún persisten en la actualidad. Ciertamente, la caza de un animal de tamaño mediano o grande no es tan habitual en estos grupos, que sobreviven, sobre todo, gracias a la recolección de recursos menos peligrosos. En ese sentido, estoy de acuerdo con él, aunque no podemos viajar en el tiempo para saber cómo se las arreglaban aquellos humanos del Pleistoceno Inferior. [...] |


