Amanece con tormenta y lluvia intensa. A eso de las nueve y pico para de llover y comienza a despejar. El resto del día el tiempo fue a mejor, hasta el punto de quedar una tarde estupenda, de ésas que invitan a bañarse, cosa que hicimos. A media tarde acerqué el coche al pueblo, al taller de José Manuel, para el cambio de amortiguadores traseros. Regresé caminando bajo el sol, escuchando en mis cascos musiquita de la Marshall, que me sube el nivel de alegría varios puntos. Un bañito vespertino y a cenar una especie de pisto raqueleño buenísimo, a base de calabacinos y tomate y cebollas de José Antonio y un par de contramuslos de pollo... superior. Un día reposado. Por cierto, esta tarde ha estado el gato negro gordo del vecino comiendo del plato de Soplillos, le he echado a base de naranjazos y berridos. Si le vuelvo a ver iré subiendo el nivel de susto, con la intención de que le deje vivir tranquilo a Soplillos. Veremos. |