En una mañana más húmeda de lo normal me apresto a emprender mi caminata diaria. Subimos Raquel y yo hasta casi el final de la cuesta de subir a la Cruz, ella se tiene que volver ya que comienza su jornada laboral a las nueve. Así que me lanzo a recorrer el bosquecillo hasta llegar a Paño. En un momento dado la llovizna amenaza con ser persistente y tengo que optar entre dar por finalizada la caminata y continuar hasta subir al sendero bajo Dulla e incluso a Dulla; se verá. Al llegar al cruce señalizado en mitad de Paño no tengo otra opción que detenerme para ponerme la capa verde, la que compré hace poco en Decathlon (envidia de Jon). Protegido por la capa, calzado con las botas de monte y dispuesto a caminar bajo la lluvia, cruzo Paño y subo hasta el cruce del inicio de la subida a Dulla. En ese punto del sendero bajo Dulla giro a la izquierda y me dispongo a recorrer los dos kilómetros que discurren bajo las peñas hasta llegar a la valla que delimita el terreno habilitado para los caballos... creo. En uno de los recodos del camino me topo con la caballada del año pasado: tan lindos, me observan con curiosidad, y no dudo que me recuerden. Finalmente la lluvia me hace desistir de subir a Dulla y regreso a casa. Al llegar al pueblo la lluvia me da una tregua y me permite hacer el paseíllo por las calles sin capa y en manga corta, más chulo que un ocho. Comida? Una paella de complicada ejecución, por mor de una paellera barata y ful. Aún así Raquel logra sacarlo apetitoso. Comer y siesta. Por la tarde nos acercamos a Medina de Pomar en modo MedinaPiel y vinitos en el bar tienda de al lado. En MedinaPiel compramos una mochila tranquinera para Raquel. De vuelta al pueblo, cenamos sopa de pollo con huevos cocidos y a la cama a seguir viendo The Purge. Un día, en mi caso, muy intenso por montañero remojado, jajajaja. |