 Tras hacer media hora larga de abdominales, con Maite, de 8 a 8:40, me ducho y me piro a la casa de Jesús, a seguir.
Durante la mañana. Desmontar la librería made in Alberto que construí para él. Apilar todo en el pasillo y limpiar. A eso de las doce menos algo cortaron el agua en la comunidad por avería en la BBK. Raquel vino a esa hora más o menos y trajo pincho de tortilla de La Jarrita Helá y cervecita. Mi plan era desempapelar el cuarto de Jesús una vez quitado de en medio todo el artilugio libreril, pero sin agua es inviable la tarea; había que esperar. Hasta la una, hora en la que me cansé de esperar a a que dieran el agua, estuve ordenando y organizando.
Durante el mediodía. Decidimos repetir comida en el Batzoki, aunque no el menú. Esta vez pedía espaguetis boloñesa y chipirones a la plancha; Raquel el mismo segundo y una ensalada de primero. Unos cafelitos y una copita de Bailys.
Por la tarde. Sin hacer pausa para digerir, regresamos al piso. Raquel se pone a tope con orden y limpieza, yo con el desempapelamiento. A las seis paramos, agotados. Hemos tomado decisiones nuevas: la fundamental, que las paredes de la cocina no se van a tocar, no merece la pena el esfuerzo si no vamos a cosechar agradecimiento y aplauso. Un sofocón menos.
Al atardecer. Cervezas en la terraza, parloteos, cigarrillos, agotamiento y apetito. Preparo tortilla de atún y a la cama: son las nueve menos algo, da igual la hora, el cansancio es importante.
Mañana será otro día. |