Sábado sabadete
sábado, 21 de agosto de 2021

A primera hora Raquel efectúa visita de inspección a su padre. Básicamente Jesús está entregado en cuerpo y alma a dos grandes asuntos: uno, preparar el lanzamiento de su obra magna, la definitiva, su "Miscelánea Poética", su obra maestra; y dos, seguir tocando los huevos con el tema del trastero, aunque en esta mañana de este tema apenas se ha tratado, más que nada porque el día anterior ya tocó los cojones lo suficiente y tampoco es cosa de abusar de la paciencia de sus queridas y amantes hijas.
Más tarde, padre e hija salen a tomar el aire, y un algo, por los rincones de nuestro querido Santutxu y, como era de prever, la hija disfruta enormemente de que al menos en ese rato su padre se haya comportado como una persona medio normal, medio, pero medio normal, afortunadamente.
En cualquier caso Raquel regresa de su visita/paseo con la satisfacción de poder dar por cerrado el caso de "Mi padre se ha vuelto tarumba", y eso la llena de felicidad; yo, obviamente, reboso escepticismo, qué le vamos a hacer, no puedo dejar de pensar "a ver qué es lo siguiente...".
El caso es que mientras Raquel está ausente yo me subo a nuestra bicicleta elíptica, en el dique seco desde hace un montón de semanas, y con los cascos bien ajustados y una braga de colores en el cabeza me meto un palizón de exactamente una hora, once kilómetros y medio, y medio litro de sudor como poco.
Toca comer en casa. Del día anterior sobró merluza, ya limpia para albardar; además me apetece darme un capricho: rellenar unos huevos cocidos con bonito y mayonesa.
Así que tomando cerveza, luego abriendo una de blanco y una de tinto, cocino el menú con total éxito de público y crítica. Y comemos bajo el toldo en la terraza, tan panchos.
Por supuesto que la siesta es de obligado cumplimiento, porque hay que bajar un poco el pedete. En la cama se está dabuti.
Al despertar Raquel propone salir a cenar, ha reservado en un mejicano, en Colón de Larreátegui, el Chilango; ya estuvimos no hace mucho, y el recuerdo que guardo es de nota media, pero bien.
Cena en el zaguán del Chilango:
  - Nachos con Guacamole
  - Cuatro tacos, dos de cada, cochinita pibil y no sé qué
  - margaritas saladísimos
Regresamos a casa caminando, y subiendo al barrio en el ascensor de Iturribide, que termina el servicio a las once de la noche... nosotros subimos a menos cinco, jajaja, por los pelos.
Y a descansar que mañana será otro día, un día lleno de maravillosas e inesperadas sorpresas.

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© Zalberto | enero - 2026