Poemas sin tinieblas
* Jesús Vidal Gallaga *
sábado, 23 de octubre de 2021

PROLEGÓMENO (a modo de autoapoyo).

Si me preguntaran qué es poesía, abierta y sinceramente respondería que no lo sé, o, como mucho, y convencido de no alterar acertados aforismos de otros poetas, diría que es imaginación, quedándome, posiblemente, tan fresco. Confesado lo cual, no anida mi ánimo intenciones de definir las licencias de los últimos modernismos, sino la poesía nacida de mi inexperta pluma.
Muchos son los que consideran Obra Magna al poema que consta de seiscientos, ochocientos, mil e incluso más versos o versículos. Todo razonamiento es respetable, pero también discutible. Por significarme de alguna manera, me revelo ante el popular “Ande o no ande, caballo grande” nada más lejos de pretender con ello minimizar la magnificencia a que tal o cual poema es acreedor, antes al contrario. No obstante, permítaseme dudar en cuanto a lo acertado de su amplitud. Sabemos, la mayoría por experiencia, que, transcurridos los doscientos o trescientos primeros versos, va decayendo nuestra avidez de lectura - cuando no susceptibles de provocar fatiga- así llegamos, si no al tedio, sí al aburrimiento, y cuando ya imposibilitados de proseguir nos lo saltamos hasta sus cuatro o cinco últimas líneas, leyendo éstas por la simple curiosidad de saber en qué o cómo termina la supuesta Obra Magna. Lo peor de todo, diría el filósofo, es que apenas damos mérito a su autor.
Consecuente con lo ya escrito –principalidad por la que motivo el presente ensayo-, mis poesías, al menos las de este libro, son, intencionadamente, cortas; intencionadamente dispares unas de otras en rima, metro, cadencia, contenido…, e intencionadamente exentas de ornamento retórico y ajustadas, lo más posible, al orden sintáctico del idioma en que pensamos, hablamos y escribimos. Así, pues, y siendo más conciso, estos poemas nacidos de mi pluma en diversas épocas, los aporto en el presente libro con la intención de que conformen una miscelánea. O lo que es lo mismo: dispares entre sí sus respetivos argumentos a la par que estilos de redacción.

PRÓLOGO
Escenario para este conato de prólogo, el Café Bilbao de la Plaza Nueva.
Unos refrescos, y como acompañamiento dos raciones de poesía. El camarero observa desde la barra y supongo que pensará: unos pirados, al menos no molestan. Pero empecemos.
Tu “prolegómeno”, Jesús, lo comparto totalmente. Y también soy partidaria de los poemas cortos. “No la toquéis ya más, que así es la rosa”, diría Juan Ramón Jiménez. Y no hacía falta continuar, la rosa no puede mejorarse por mucho que lo intentes. Sólo hace falta esa idea y no hay porqué extenderse más.
“Daré con la clave/ de amarte a distancia”, le dice a su amor perdido. Y tomamos un sorbito de refresco para poder continuar con nuestras raciones de poesía y con el asombro del camarero. “Tú eres dueño de mi sueño, / pues para soñar Contigo, / te baste saber que duermo”. Dios ronda por tu poesía, Jesús, como un compañero que no falla.
¿Quieres venir con nosotras?”, te preguntaron las olas, y más adelante parece que no te gustó la idea, porque confiesas sin prejuicios, “qué bello es vivir, me dije/ y me escapé entre las rocas”. Luego recuerdas a tu río Helguera, ya bajo tierra, añorando sus aguas: Cinco renacuajillos cogí una tarde. / Ay, como me miraban/sus ojos grandes. /Torné a dejarlos/ y una ranita verde/cesó su llanto.” Delicioso, no hace falta más.
Creo que merece especial atención el poema “Mujeres de la noche”, para ello le invitamos a García Lorca, que no anda muy lejos: “A la muerte de la tarde, / preñadas de amor incierto, / las mujeres de la noche/ forman extraños cortejos. / Apostadas en lo oscuro/ con andamiaje en sus senos” … Y acabas suavizándolo. “En la sombra de la noche/ la luna traza un sendero, / van las estrellas fugaces/ en carricoches sin frenos”. Siempre me han merecido un respeto que se les reconoce. Bueno, sí, Sor Juana Inés de la Cruz en su poema “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón…” Y más adelante: “¿O cuál es más de culpar, / aunque cualquiera mala haga:/ la que peca por la paga/ o el que paga por pecar?” ¿le invitamos también a un refresco?
“Qué senda será mi otra senda?”, preguntas cuando ya somos un río acercándose al mar, como nos predijo Jorge Manrique. Una buena pregunta que nadie contesta. Y seguimos. Hay un momento que Jesús me sorprende: “Mi pueblo/ es mío y tuyo/ y de todos, /pero sin sangre, /sin nadie que lo usurpe para sí” Brindemos por ello. “Vámonos, / que apunta el frío”, Cuánto puede decir una buena imagen. Y añoras a los boteros del Nervión: “En la mitad de la Ría/ ¿quién se mojará su falda? / ¿quién sus pantalones largos?, ¿qué niño sus manos blancas?” Sí. Bien merecen tu recuerdo. El de todos.
Y en el poema: “La noche” encabezado por una idea mía –gracias, porque es una manera de seguir con vida- Terminas tu poema con esta decisión tuya: “Si me acuesto/ y no duermo/ tomaré pluma y papel/ y me hundiré en la noche/ de mis versos”. Ya vamos terminando con tu “Metáfora”: “Si es acertada es la guinda de la tarta”. Exacto Jesús, porque si no lo es, mejor es probar la puntería arrojándola hecha una bola a la papelera. Todos sabemos lo que es eso porque lo hemos experimentado. Y dejo para el final esta idea tuya que justifica un libro. Aunque la poesía solo encuentre “un regazo entre ortigas” habrá que seguir adelante hasta el final, conformándonos con que nos abracen sólo las ortigas.
Y acabamos el refresco para hundirnos en las horas de nuevo. Hasta siempre, Jesús Vidal, amigo.


Blanca Sarasua

VERSOS EN EL OLVIDO
(En lenguaje artístico: el que modifica la idea o la expresión)
Poeta de los versos
que fueron pompa en otros siglos,
si tú me lo pides,
me iré contigo
por el sendero
del infinito.
Allá, donde todo es espacio
limpio;
allá, donde acaba el aire
de los suspiros.
Posa tu corazón
herido
en la grupa
de este corazón mío,
que lo tengo templado
con la dureza de los martillos.
Yo arrancaré el portalón
carcomido
-celoso guardián
del verso en olvido-.
Tengo tanta aspereza
y tú tanto libro,
que acabaremos apoyándonos
como buenos amigos.
Sólo tienes
que indicarme el camino
donde las arañas
hicieron tejido
a la misma puerta
del verso en olvido.
Decídete ya, poeta;
vámonos ahora mismo
por tu sendero
del infinito;
que tengo preparado
el martillo
para romper las rejas
donde está dormido
el verso que fue pompa
en otros siglos.

DORMIDO ALCANZO LA DICHA
de ver la dicha que anhelo,
por tal es mi despertar
aquello que yo más temo.
Y Tú eres tal dicha, mi Dios;
Tú eres dueño de mi sueño,
pues para soñar Contigo,
te baste saber que duermo.
si no hubiese un despertar,
si mi dormir fuera eterno,
qué poco me importaría
seguir por siempre viviendo.



ME ESCAPÉ ENTRE LAS ROCAS.

Caía la tarde gris
con su velamen de sombras.
Yo continuaba en la playa
con mi pensamiento a solas
esperando que del mar
me preguntaran sus olas:

“¿Quieres venir con nosotras?”

¿Tuve miedo? No lo sé,
pero algo hubo en contra.
¿Fue la voz de la conciencia
retenida en mi memoria?
Tal vez; que al mirar al cielo
y ver que todo era sombra.
“Qué bello es vivir”, me dije,
y me escapé entre las rocas.

ILUSIÓN ES SOÑAR
que un amor te espera
a la orilla del mar.
Ilusión es dejar
las riberas
y adentrarte en la mar.
y bogar,
en un barco de vela
-paloma viajera-.
Ilusión es nadar
sobre olas
de pacífico mar
a la luz de la luna,
y pasear
por la arena
con una doncella
que sepa besar,
y mirarte en sus ojos
de profundo mirar.
Ilusión, en fin,
es amar.

NO LO RECUERDO.

Cuánta tristeza encerraban
aquellos versos
que con temblorosa mano
iba yo escribiendo
al compás que otros brotaban
de mi cerebro.
Falto de descanso,
me tumbé sobre mi lecho.
En vano me fue intentarlo:
del libro abierto
parecían sus palabras
figuras de fuego
que impedían a mis ojos
conciliar el sueño.
¿Cuánto tiempo estuve así?
No lo recuerdo.
Sólo sé que desperté
y seguía abierto,
como en la noche pasada,
mi libro.
Al mirar la última página
Observé algo nuevo,
algo que en
mi repertorio,
hasta entonces, era ajeno.
“¡Oh, Santo Dios- musité,
culpando a mis dedos-.
¿Es posible que soñando
haya escrito yo mi sueño?”

COMO EL AGUA DEL RÍO,
que a los mares se ofrece
y en ola de sus olas
se convierte.
Como la densa nube
se distiende
y aparece el azul
del Lejano Oriente…
Agradecida el alma,
así desaparece:
libre ya de su cuerpo
inerte
por el abrazo frío
de la muerte.
¡Ah, qué no diera yo
por volverme
agua de río
que en la mar muere,
o nube intangible
que se mece
en el regazo
tenue
del Más Allá,
que todo lo puede!
Así quiero morir:
suave, sencillo, leve…
Y comprendido al fin por todos,
se asemeje
mi pasado en la Tierra
con un copo de nieve.
PROLEGÓMENO INTERROGANTE.

¿Cuál instrumento insonoro
en el cuenco del espacio
es mi voz? ¿O nadie aguza
su oído a mi canto?

¿O víctimas de impotencia,
como duendes mutilados,
íntimos el verso y yo
entre penumbras vagamos?

¿Amor, sueño, pensamiento…?
En espíritu entregado
a ti, mi amada poesía,
van mis versos, van mis cantos.

POEMAS PARA DEBATES.

RÍO HELGUERA.
Hoy íntegramente subterráneo por la mano del hombre.

1
Cuánto me habré inspirado,
mi río Helguera,
sentado sobre el césped
de tus riberas.
Aquellos versos
(primeros de mi infancia)
los llevo dentro.

2
Cinco renacuajillos
cogí una tarde.
Ay, cómo me miraban
sus ojos grandes.
Torné a dejarlos,
y una ranita verde
cesó su llanto.

3
…Ya sólo es sendero de ortigas
y zarzas y piedras,
muchas piedras;
una hondonada
seca y larga:
elemento para culebras,
lagartijas
y telas de araña.
Te robaron tu río,
pueblo milenario
de nanas y bailes
y partidas de brisca
en el Gran Café.
¡Oh, prodigio del hombre
con Atila al volante!
Los chopos murieron
rabiando de sed
(tiene que haber
forzosamente sequía
en las entrañas de tu tierra)
Tu gente,
cargada de historia
y con mil apellidos,
huye de ti,
pueblo muerto
por la azada
del futuro próspero.
Próspero, sí; próspero:
a media legua
de distancia,
no hay chalé
que carezca de piscina.
¡Oh, prodigio del hombre:
el sol y la luna
ya tienen
dónde mirarse!…

4
…Huyamos
de este pueblo vacío.
Sin árboles, sin verde,
sin RÍO,
¿qué hacemos aquí,
amor mío?
Si un día nos casamos,
¿qué dirán nuestros hijos?
¿Qué todo es culpa
del destino?
Pues no lo creas;
nos llamarán cretinos.
Coge tus cuatro cosas
y vámonos ahora mismo.
Tú y yo,
fugitivos
como el aire
de los suspiros.
Que la farola del alba
nos descubra entre olivos,
entre robles,
entre pinos,
entre charcas…
En cualquier sitio,
menos en este pueblo
vacío:
sin árboles, sin verde,
sin RÍO…

5
…Y preguntó el poeta:

“¿Lo meditaron bien?”

Mas hubo de responderse
a si mismo:

“Sí; cabe pensar
que el hombre es el dios
que desdeña
toda obra de Dios”,

y se dio media vuelta.
Apenas ido,
se desató la lengua
de uno de los allí reunidos en debate:
“¿Qué ha pretendido
decir ese hombre?”
Respuesta unánime,
uniforme, a coro:

“Bobadas; es poeta.
Los poetas dicen
muchas bobadas.
¿Qué sabrán de ríos
ni de urbanismos?
Sigamos con lo nuestro”,

y continuaron disertando
sobre asuntos
“más importantes”
mientras, ya en la calle,
el poeta contemplaba
a un gorrioncillo
el cual,
para saciar su sed,
bebía de un pequeño
embarrado charco.
Al brusco ademán del vate,
el pajarillo
pico y patas manchados
de lodo de ciudad-
emprendió su vuelo.

AÑORANZAS BILBAINAS.

Tiene mi Bilbao el habla
del torrente de su Ría.

Arenal, arenalito,
susurro de bilbainitas,
corazón de los bilbaínos,
¿qué ha pasado con tu Tilo?
¿Se tronzó por viejecito
al soplido de una brisa?
Quiosquito de sinfonías
-noble y fuerte sonajero-
donde cantaban los mozos
y las mocitas reían.
¿Dónde están los anguleros
que pescaban noche y día
entonando canturreos
al socaire de la orilla?
¿Dónde los sietecalleros
que cantaban a porfía
bilbainadas y romances
nacidos de nuestra Villa?
Chiquiteros de mi Achuri,
mensajeros de alegría,
las tabernas se han quedado
sin rumor de melodías.

Tiene mi Bilbao el habla
Del torrente de su Ría.


SANFERMINES.

Una espada
y una muleta
y dos pitones
hacen la Fiesta.
El noble se arranca contra
el matador que lo espera.
Ovaciones en las gradas…
¡y el toro muerto en la arena!

Entre la noche y el día
(cuyas penumbras se besan),
asoma la madrugada
con siete de julio a cuestas.
En las ondas de la brisa
ya se anuncian las trompetas
y el eco pone su acento
en la raíz de la Fiesta.

Trompetista,
despierta a mi Morena
y dila
que venga.

De tierras de Andalucía,
y entre jaulas de madera,
cincuenta toritos vienen,
cincuenta toritos llegan.
¡Ay, San Fermín Pamplonica,
cuánta sangre por la arena!

Trompetista,
silencia tu trompeta,
que ya no quiero
que venga.
¡Ah, mi adorada Morena,
corazón sensible
de poeta!



B I Z K A I A.

Rostro encendido
de oxido-gas,
hervidero de sangre,
metálico romance
de tus hornos candentes,
áspero tañido
de tus péndulos de acero.
Cuando yo me muera,
que rocíen mi cuerpo
con la nobleza
de tu rudez,
y claven en mi tumba
una cruz de tu hierro
con la recia inscripción
de tu forja:
EN MIS ENTRAÑAS YACE
UN HIJO DE MIS ENTRÑAS.
“Cuando yo me muera se podrá leer
la siguiente inscripción encima de mi tumba:
Pienso que mi nombre es mi ser,
y que no soy sino mi nombre”.
GABRIEL ARESTI.


EL EXCARCELADO.

Mis mejores catorce años
encerrado con mis dudas.

Mujer, déjame que ponga
mis manos en tu cintura.

En las mugrientas paredes,
con los filos de mis uñas,
por cada noche pasada,
tracé una muesca profunda.
El carcelero del alba,
mal fingida su cordura,
con ironía punzante
las contaba una a una.

Carcelero,
¿Qué te importan las ranuras
(calendario de mis días
en esta mi celda inmunda)?

Su mirada me miraba
cual estática lechuza;
en su cinto la pistola
y en una mano la fusta.

Mujer, déjame que ponga
mis manos en tu cintura.

Como única compañera,
me visitaba la luna.

Luna blanca,
blanca y pura,
pergamino
de mi pluma,
portadora de mis versos,
blanca luna…

Yo le contaba mis cosas;
pero ella seguía muda.

Mujer, déjame que ponga
mis manos en tu cintura.

En el mar de las pasiones,
los escarceos se acunan;
hombre a hombre se confiesan,
y a un tiempo los dos comulgan.

Mujer, déjame que ponga
mis manos en tu cintura;
quiero saber si aún soy yo,
o han cambiado mis hechuras.


LAS MUJERES DE LA NOCHE.

A la muerte de la tarde,
preñadas de amor incierto,
las mujeres de la noche
forman extraños cortejos.

Apostadas en lo oscuro,
con andamiaje en sus senos
fortifican ilusiones
en la mente del deseo.

Al sonsonete de caucho,
se resienten los paseos;
llegan jinetes montados
en sus monturas de acero.

Abiertas las portezuelas,
nace un mercado de precios;
con las ramas extendidas
palpan brevas los almendros.

En la sombra de la noche
la luna traza un sendero;
van las estrellas fugaces
en carricoche sin frenos.


EL NIETO DEL PESCADOR.
(Romancillo con pies quebrados.)

La noche dormía
sobre los muelles
del silencio.
Soledad de bruma
reinaba en el puerto
marinero.
Allá en la distancia
se escuchaba el eco
del bramido de olas
en voraz concierto.
Temblando de frío,
penando su miedo,
el niño rezaba
rogando el regreso
del abuelo.
Juguete del agua,
juguete del viento,
la luz de un farol
irradió a lo lejos.
Cercano a la orilla
de aquel mar inquieto,
subido a una roca,
erguido su cuerpo
pequeño,
con risa en sus labios
agitó el pañuelo.
El tiempo pasaba
perdido en el tiempo.
El puñal de la duda
con filos de acero
hurgaba en el alma
del pobre chicuelo.
La barca, sin rumbo,
sin nadie a los remos,
el soplo del aire
la trajo hasta el puerto
pesquero.

Al ver que faltaba
la sombra del viejo…

“¡Abueeelo!”,

su grito en la noche
rompió el silencio.
Pensando que alguno
cantaba sin tiento,
las gentes dormían
sus plácidos sueños.
Rasgando a la niebla
su tupido velo,
el niño corría
buscando un consuelo.
Silencio en las casas,
silencio, silencio

(¿enmudece la bruma
los tristes lamentos?
¿Acaso las olas
arrullan los sueños?
¿O será que a nadie
le importa lo ajeno?)

El pobre chiquillo,
llorando y gimiendo,
cansadas sus fuerzas,
mendigó un aliento.

(¿A los cielos?
¿Al Hado del mar?
¿Al Silfo del viento?)

La noche dormía
en su propio seno.
Cabizbajo y triste,
entonando rezos
lastimeros,
se acercó a la orilla
con pasito lento.
Mirando la barca,
añoró a su abuelo.
Primero su ropa,
los zapatos luego…
La Virgen del Carmen,
Patrona del Reino
Marinero,
acogió en su regazo
al pobre chicuelo.
(Pensando que alguno
nadaba en el puerto,
las gentes dormían
sus plácidos sueños.)

LA LOBA (Fábula)

Medio oculta entre las sombras
de la tupida chopera,
la loba estaba acechando
a la candorosa oveja.

“Oveja que vas al río
balando por su ribera,
el agua que ha de saciar
a tu garganta reseca,
se teñirá de rojiza
con sangre de tu inocencia.
¡Ve trotando a tu pastor,
que viene la carnicera
con afilados colmillos
reptando por la chopera!
¡Que tiene cuatro lobeznos
guarecidos en la cueva
con hambre de cinco días,
con hambre de carne tierna…!

En los espejos del río,
la muerte al fin se refleja.
Aquí pasó lo de siempre,
desde que la Tierra es tierra:
fue necesaria una víctima
para que vivan las fieras.


“Ya te vas para no volver”
Rubén Darío

¿Qué senda será mi otra senda?

¿Voy acerándome a la frontera
a donde mis agotados pasos
ya me arrastran?

¿Y qué senda será mi otra senda?
¿estará expedita o entre cardos
y entre zarzas?

Ya te vas, bendita infancia mía
y aquí me dejas cargado de años.
¡No te vayas,

Oh niñez, ruiseñor de mi vida,
que mi vejez será un papagayo
falto de alas!


NUESTRO OTOÑO.

Ya nuestro otoño inexorable avanza
-blancas sienes de cabellos sedosos
en rugosa piel de cuerpos ruinosos-.
No queda tiempo para la mudanza

Sumidos en placer de triste holganza,
A grupas de meteoros presurosos
Cabalgamos. Con ojos temblorosos
Vemos cómo escapa toda esperanza.

Y el reloj continúa sin demoras.
El minutero, bajando y subiendo
en torno a su esfera, cuenta las horas.

Ay, corre que te corre van corriendo
sus manecillas, aspas segadoras.
El temor va creciendo, va creciendo.


YO SÉ QUE LAS FLORES CANTAN

A veces me siento flor
sobre una blanca acuarela.

Van los pinceles al lienzo
describiendo con destreza
las maravillas del campo
y el sol, que al punto destella
bajo el dosel candoroso
de ese cielo azul-turquesa
con limpio arrebol de nubes
y el verdor de hierba fresca.

Ese duende del pintor
(pincel-pluma de poeta),
contraste de luz y sombra
sobre una blanca acuarela.

Yo sé que las flores cantan;
yo sé que las flores piensan…
A veces me siento flor,
Musa del pintor y la paleta.



ELEGÍA.
A Miguel Hernandez

Contigo, insigne poeta de Orihuela,
va mi entrañable saludo en tercetos
-bastiones de tu de pura escuela-.

Como el toro envistiendo contra petos
de nobles solípedos en la arena
fue tu pluma –retadora de retos-.

Tú plasmaste como nadie la escena
de un absurdo conflicto entre hermanos.
¡Ay, qué dolor, qué amargura, qué pena

matar y morir por asuntos vanos
de cuatro mandatarios que, sedientos
de incrementar más poder en sus manos,

marginaron todos los miramientos
a que inducen las guerras fraticidas,
sin importarles los miles de cientos

de soldados que perdían sus vidas
ignorando el porqué de tanta muerte.
¡Cuánta sangre reseca en sus heridas!

Pero tú, Miguel, quizá con peor suerte
que los caídos en campo de batalla,
prisionero, la muerte vino a verte.
Mella más el hambre que la metralla.


COMO AL PASAR EL VIENTO
por tu balcón,
que azota las macetas
y abre una flor,
por mi cruzaste abriéndome
el corazón,
y desde entonces, niña,
voy tras tu amor.

Mas si cargada de años
hallas mi voz,
no ocultes por respeto,
o compasión,
decir que no me quieres;
que el corazón
olvida el desengaño,
la duda, no.


PESADILLA. (soneto)

Mi corazón, penando su agonía,
buscaba algún refugio de consuelo,
mas todo mi cuerpo era hielo, hielo
como un témpano sobre el agua fría

Por saber si latía todavía,
dirigiendo mis ojos hacia el cielo,
apoyé mi mano, no sin recelo
sobre el pecho, y noté su sintonía.

En el seno gris de mi fantasía,
mi débil corazón … ¿O fue mi mente
la que experimentó aquella alegría?

No sé: todo mi yo estaba pendiente
de encontrar un rinconcito caliente
para mi corazón, que aún latía.




ELLA HERMOSA; YO ALTANERO,
soportamos el calor
de un amor que nos abrasa
a los dos.

Yo pienso cuando la veo:
“¿Vendrá a pedirme perdón?”.
Pero tal vez ella piense
como yo;

que al cruzarnos, nos miramos
con igual ansia los dos.
Ella hermosa, yo altanero,
ni un adiós.

Así se nos van los años:
sin notar que el corazón
lentamente abre sus puertas
a otro amor.




TU MIRADA OPACA
semeja la penuria
de un espejo sin azogue;
de un río estancado;
de una sombra en la noche.

Vente conmigo, mujer;
vente conmigo al bosque;
que el verdor de su paisaje
rezuma destellos de amores;
que reavivan los ojos que miran
sin saber adónde.

Vente, mujer;
Vente conmigo al bosque.


ESTOY DISPONIBLE
a todas horas del día
para acompañarte
adonde me pidas.
Me sobra tiempo
vida mía.
Siempre tan solo
y herido en mi herida
cual peregrino que busca
un regazo entre ortigas.
¿Qué será de mí
cuando me digas
que ya no te espere,
amada mía?
¿Qué caminos andaré
sin Norte, sin guía?
En las noches claras
la luna me mira
con ojos de rana
y sonrisa fría.
Y yo, como un niño, la insulto:

¡Naranja podrida, naranja podrida!

¿Qué le importará a la luna
lo que yo le diga?



“¿Qué le importa a la luna
Allá en los cielos,
Que le ladren
los perros de la Tierra?”

MARCOS ZAPATA


TÚ, ALONDRA PRIMOROSA,
que posaste en mi rosal
cuando una capa de nieve
a tus alas vino a helar.
Tú, que bajo el denso frío,
buscabas del invernal
las ya humedecidas yerbas
que yo pusiera a secar.
Tú, que al escuchar mis rimas,
las yedras te vi trepar,
y al llegar a mi venta
azotaste su cristal.
Tú, que tomaste mi alcoba
como tu propio nidal…
Al volver la primavera,
tu marcha me hizo llorar.
Di, tú, pues, alondra bella,
¿por qué hoy vuelves al rosal
y las hiedras de mi huerto
otra vez más a trepar?
Si vienes, oh primorosa,
a mi pasado evocar,
aquellas rimas de entonces
mis labios recitarán;
mas, si al llegar la primavera,
te me vuelves a marchar,
no; que a llenarlos de lágrimas
tú mis ojos volverás.

CIPRÉS, ALTO Y FORNIDO
guardián del cementerio
donde espera la tumba
que será de mi cuerpo
eterno lecho,
si tus hojas son lenguas
parlanchinas del viento,
yo, pues soy tierra y polvo
extraídos del cieno…
Contesta al menos
a mi ansiada pregunta:
¿lloran, ríen los muertos?

Mas del ciprés las lenguas
me respondieron
con el silencio.


SI ESCUCHAS UNA NOCHE
algún ruido
semejante al clamor
de los quejidos;
luego abrirse tus ventanas
penetrando un frío
que entre mantas de tu lecho
se hace camino
hasta llegar a tu almohada
y quedar contigo,
desecha tus temores,
amor mío.
Seré yo,
que te envío,
desde mi olvidada tumba,
un suspiro.

UNA SONRISA LEVE
se reflejó en mis párpados,
espejos de cansancio.
(¿Será que estoy con ella
en el cielo azulado?)
Pero la luz del alba,
luminosa cual rayo,
despertó mi letargo
y, “Vive más -me dijo-.
Todavía es temprano
para quedar tus ojos
totalmente cerrados,
dormidos y sellados”.


Que a mis pies te arrodilles
con carita de pena
y me mientan tus ojos,
tal vez te lo consienta;
pero que al Señor ruegues
porque ayudada seas
en conseguir mi engaño,
de ninguna manera.


LA HERMOSA JOVEN
se paró a mi lado
y al punto sus ojos
me estaban mirando.
“Querido -me dijo,
como suspirando-,
me abrasa el deseo
de estar en tus brazos”.

¡Ay, mi despertar
de aquel sueño grato:
cuando más intenso
era nuestro abrazo!


SEGUIDIYAS O GITANAS




En la trágica reyerta
su hombre-marido murió
Fueron cuatro navajadas
pero una en el corazón.
Por la transparencia
de sus ojos cándidos
miré el fondo del inmenso vacío
que dejó su llanto.

“Itanilla mía,
-le hablo su cuñado-
dea quentre por tus venas el eco
de mi añado canto”

“¡Llanto, llanto, llanto, llanto!
Déate ya de llora
-dijo el abuelo patriarca-
Tu has nació pa cantá”

“Eso digo yo, patriarca.
Que se jarte de cantá;
pero el muerto era mi hermano
conmigo sha de casá”

“Mira qué dice, itano.
¿Qué tiene tú pa ofrece?
-quiso saber el abuelo-.
Dilo y será tu mué”
“Redonda es mi luna,
redondos mis oos,
redondo el güero de mi guitarra,
y mi voz es oro.
¿De qué ha de viví?
De mi cante jondo.

En la mitad del barranco
las navajas de Albacete,
bellas de sangre contraria,
relucen como los peces.
F.G.Lorca

relucen como los peces.
F.G.Lorca



CANTO A LA ANDALUCÍA RURAL.

Tu acento musical
va y viene
en alas del viento
portando la luz
de tu palabra.
(¡Ah,
sonoro sonar
de nítidas guitarras!)
De sol a sol
trabajando tu tierra,
curten su piel
y mellan sus huesos
las gentes que te habitan.
(¡Cuánto sudor
en tu ánfora
jornalera!).
¡Pero no!
Llegará ese mañana
surcando tus cerros
de jara y retama,
y al límpido son
de líricas guitarras,
llanura y vergel
serán los caminos
de tus calles y plazas.
(La savia de tus poetas
engendra versos
de nostalgias).
Poetas andaluces,
dejad de plañir;
que sean vuestros versos
canto y empuje
de un resurgir.
Y cuando el alba transporte
el esperado mañana,
que regresen los idos
y que nadie se vaya.

JARDINERILLO

Jardinerillo,
pelo de erizo punzón,
el de los ojos verdes,
verdes
como el tallo de una flor,
se ha cortado un dedo
con su tijera de plata.

“¡Ay, qué sangre más roja,
ay, qué sangre más roja
me brota del corazón!”

Jardinerillo corre que vuela
entre las rosas.
Y las rosas le lloran su dolor:

“¡Pobre Jardinerillo,
pobre Jardinerillo nuestro,
él, que nos cuida con tanto amor,
se ha cortado un dedo,
se ha cortado un dedo…!”

Así le lloran las rosas
al jardinerillo
de pelo punzón.
Y el Jardinerillo:

“¡Ay, mis pobres rosas,
ay, mis pobres rosas!
¿Quién las cuidará mañana,
quién las cuidará
como las he cuidado yo?”

METRALLA.
(Alusión a todo aquello cuyo lema sea MUERTE y DEBASTACIÓN)

1
Por mis venas
caminan, lentos,
sangre y cuajo
de lágrimas.

¡Qué espanto, Señor,
qué espanto!
Todo era un charco
de sangre.

Ábreme tus brazos,
madre
¿No me ves llegar?
¡Soy yo, soy yo!
Vengo a ti
por el sendero angosto
de los lamentos.
Todo era sangre,
madre,
todo era un charco
de sangre.

En mis labios
traigo llagas
con sabor a sangre,
y en mis ojos…
¡Ay, mis ojos,
pavesas
de fragua y candil!

2
Mi pueblo
es más que un emblema
(símbolo pretexto
de fatuos asesinos)

Mi tierra
es mi sentimiento.
Caminar sobre ella,
sentir cómo palpita
bajo su asfalto.

Mi pueblo
es mío y tuyo,
y de todos,
pero sin sangre,
sin nadie
que lo usurpe para sí.

Mítico estandarte,
guadaña que sesga de raíz
el fruto del que vivimos.

Mi tierra
no quiere embolismos
cuyos colores
la empañen en sangre.

Mi pueblo
es mi mundo
en libertad.

MENTE INQUIETA

¿En dónde estoy,
pensamiento mío,
mente inquieta?
¿Ni aún despierto
cesa mi soñar?

Cuántas,
amor mío,
cuántas veces
mi fantasía
te ha poseído.

Mi amor se agiganta
en lo vacío
de mi pecho
cuando te sueño.
amor mío.

Destello de ilusión,
iluso principio
de mi pensamiento iluso,
venido de la nada
y de la nada ido.

¿Adónde me llevo
yo mismo
arrastrado por mi fantasía?
¿Lo sabes tú,
amor mío?

Soy agua clara
en el cauce del río.
Transparente remanso
es mi amor,
amor mío.

En mis visiones
se refleja nítido
el blanco
sobre el que aciertan
doradas flechas de Cupido.

Nada comparable
al roce limpio
de labios
que se ansían,
amor mío.

Ansia
de estar contigo
en crisol candente
y nuestros labios
en un beso fundidos.



LLEGARÁ DE NOCHE.

Y llegará mi Noche sin Retorno,
y sé que no escucharé a quien me llore,
y sé que no verán más luz mis ojos,
y palparán los dedos de mis manos
el aire del vacío tenebroso,
y sé que preguntaré en este tránsito:

¿Contigo acaba todo,
mi Noche sin Retorno?



CAUDATILLO.

A la iglesia del convento
voy rezando con tesón.
Voy forjando corazón,
voluntad y entendimiento.

Puesto en Dios mi pensamiento
y en mi alma toda atención,
cumplo con mi obligación
sin distraerme un momento.

Nunca dejo en el olvido
rendir tributo al Amado.
Pienso en Él tan hondamente,

que de haber yo cometido
algún terrible pecado,
el Señor, condescendiente,
posiblemente
ya me lo haya perdonado.



CELOS DEL LIMONERO.

Del limonar venían
los limoneros.
Las limoneras tenían
el pelo negro.
Sombreros llevaban
los limoneros,
sombreros verdes,
verdes sombreros
de limonero.
Caminando juntos
por el sendero,
sendero de amores,
sendero de celos,
vienen limoneras
y limoneros.

Ay, limonero,
limonero mío,
cuánto te quiero
-cantó la limonera
bajo el sombrero
del limonero.

Limonera mía
-cantó el limonero-,
dime si en tus brazos
soy el primero.

Vienen por el sendero
cantando amores,
cantando celos,
la limonera
y el limonero.

Celos de amores
nunca son buenos
-cantó la limonera
de pelo negro.


Celos y amores
son compañeros
-cantó el limonero,
tirando el sombrero,
sombrero verde,
verde sombrero
de limonero.


¿NIHILISMO, HILEMORFISMO, ATEISMO…?

Añil y mármol
en los espejos
del cielo impío.

Que no,
que no lo quiero,
que está muy frío.

En su bóveda celeste
las almas se bañan
con agua de rocío.

Que no,
que no lo quiero,
que está muy frío.

Mi espíritu aterido
deambulará por veredas
de templado limo.

Que no,
no quiero el cielo,
que está muy frío


EL TREN DE LAMINACIÓN
(Suceso real)
Una barra candente
-serpiente de fuego-
atravesó su pecho
como una lanza
de veinte filos.

Allí quedó el hombre
inerte.
Y el tren seguía laminando,
laminando…,
sin cesar de laminar.

Sus ojos, aún con vida,
miraban el techo
de rieles curvados
y polipastos negros.

Ya sí, totalmente inerte
por el abrazo frío
de la muerte.
Y el tren seguía laminando,
laminando…,
sin cesar de laminar.

Voces de gargantas secas,
tenazas con bocas de garfio,
leche fría,
sudor de hombre…
Que sí,
que os juro que sí,
que estaba muerto,
que yo lo vi.
Y el tren seguía laminando,
laminando…,
sin cesar de laminar.


¿PARCIALIDAD DIVINA?

Lo sé, Señor;
contra mis defectos
tu virtud de amarme.

Cuanto más creo acercarme
a lo que aspiro,
más me distancio.
¿Es tu voluntad,
Señor?

Miro el cielo, el sol,
las nubes, el agua del río…
y margino toda duda:
Te veo a Ti,
Señor.

¿Quién el regreso del alba?,
¿quién el azote del viento?,
¿quién el bramido del mar?,
Quién sino Tú,
Señor

¿Quién mis ojos?,
¿quién mi alma?,
¿quién mi razonamiento?
Quién sino Tú,
Señor.

Me hiciste para amarte,
y yo te amo.
¿Y Tú? …Oh, perdóname,
Señor.

Sé que cuando me recibas el Cielo
TÚ me aclararás
el porqué
de tu parcialidad,
Señor.



ROMANCE DEL CENTENARIO JUAN.

Un chorretillo de vino
pide los días de fiesta
y se lo niegan sus hijos.
“Has cumplido los cien años;
no cometas desatinos”.

Un trajecito azulado
como los oros de limpio
y siempre camisa blanca
con encajes de bolillo.
Yo le veo pasearse
por las orillas del río
con una vara de mimbre
y en la otra mano un libro
cuyas fábulas de Esopo
les recita a los chiquillos.
En lo verde de los prados
baten sus alas los grillos
acompañando a su voz
ya cascada por un siglo.
En los azogues del agua
el sol se mira a sí mismo,
en las gafas del abuelo
las chiquillas y chiquillos,
y a mí me parece ver
un cuadro de algo divino
(Qué bien les recita Juan;
cómo le aplauden los niños.)
Las viejecitas del pueblo,
viudas de negros vestidos,
memorando sus pasados,
aún le dicen al oído:

“¿Dónde vas, querido Juan,
tan alegre y tan altivo?”

Y él, con su sonrisa pícara,
las pellizca sus culitos.
(Qué bien se lo pasan ellas
con el “Don Juan”…, ya Juanito.)

Un chorretillo de vino
pide los días de fiesta
y se lo niegan sus hijos.

En las noches del invierno
el Norte azota su frío.
Al amparo de un brasero,
elegidos de otros libros,
les recita mil poemas
a vecinas y vecinos.
Un trovador centenario
declama como un barítono.
Sus oyentes se estremecen
como péndulos de lirios.
Su sombra, pequeña sombra,
gesticula con tal brío,
que vecinos y vecinas…
ni se mueven de sus sitios.
(Qué bien les recita Juan;
cómo aplauden sus vecinos.)

Un chorretillo de vino
pide los días de fiesta
y se lo niegan sus hijos.

En las tardes agosteñas
posa su fuego el estío.
En el poyo de La Plaza,
y a la sombra de los tilos,
descansa sentado Juan
rodeado de chiquillos.
Portando en una bandeja
una jarrilla de vino,
le convida el tabernero:

“¿Te apetece un sorbetillo?”.

Los rayos del sol se mecen
en las copas de los tilos.
El calor de dos calores
adormece los sentidos.
Tras las gafas del abuelo
se han cerrado dos ojitos.
Los niños le están mirando
como miran los chiquillos:
llevándose a los labios
las yemas de sus deditos.
Y el tabernero no encuentra
salidas del laberinto.
Mil centenares de estrellas
alumbran negros abismos.
La elegida por los mozos
“Reina del Garbo y Tronío”,
se pasea por La Plaza
luciendo un corto vestido.
Tan pronto la ve el abuelo,
así dice a sus amigos:

“¡Tapaos vuestras orejas!
Voy a pegar un silbido,
que esa moza bien merece
que yo le lance un suspiro.”

LOS HEREDEROS.

Y todos entraban
y todos salían
y a todas las horas
mientras él moría.

(Mensaje de viático
el cura traía)

A los tintineos
de la campanilla
se rompió el silencio
en la alcoba fría.

“De hoy ya no pasa
-los deudos decían-.
se acerca la herencia”.

Sus blancas pupilas
forzaban siniestras
lágrimas fingidas.

LA SEÑORA MUERTE.

Llamó la muerte a mi corazón;
llamó una vez y llamó dos
y tres y cuatro veces
y hasta cinco llamó.
Qué frío entraba
por mi balcón.
Estaba abierto…
¿Pero quién lo abrió?
Logré cerrarlo,
y bendito Dios:
la señora muerte
enmudeció.

POESÍA, PINTURA Y MÚSICA

Madre, cuando tú mueras,
¿quién leerá mi poesía?

Madre, yo no sé qué tienen
algunos jóvenes de hoy;
pues siendo yo tan hermosa
y alegre como una flor,
el músico de este pueblo
-que así le castigue Dios-
me dice que hay una vieja
mucho más bella que yo.

“Entre la música y tú,
La música es superior.”

Pues lo que el músico dice,
también me dice el pintor,
y me lo dice el poeta…
Ay, madre, qué fea soy…

“No te aflijas, niña mía,
y préstame tu atención:
Poesía, pintura y música
son eternas como el sol.
Sus creadores envejecen,
pero no ellas, ellas no.”

SONOCHADA.
El poeta y su joven y delicada hija paseando
por el bosque un atardecer otoñal.

La tarde se ha ido ya,
y con ella,
delicada niña mía,
lo cálido de tu voz.

Ya se dibujan
las primeras sombras
sobre el azogue
de tu pelo.

Vámonos,
que apunta el frío.
Mira el agua de ese arroyo.
Se diría que lleva
cintas de escarcha.
Y estas hojas que pisamos…
Escúchalas;
escucha cómo a nuestro paso
chirrían sus durezas.

Vámonos,
delicada niña mía.
Mañana te diré
que tu mirada indecisa
y el temblor de tus labios
remedan cadencias
de un poema de amor.

Mañana te diré
que tu cuerpo se cimbra
como el tallo de una rosa,
que, al inicio de la aurora,
abre su vida al sol.

Mañana te diré…
Pero ahora,
vámonos,
que ya despierta el relente.
Mira tus manos blancas
cuyos dedos semejan
el brote de los rocíos.

Vámonos,
mi niña.
La tarde se ha ido ya,
y con ella,
lo cálido de tu voz.



CANCIÓN INFANTIL
(de pueblo rural.)

Oh, mi niña de ojos verdes,
verdes de verde mirar,
tu semblante me fascina
cuando te veo pasar
Si te casaras conmigo,
qué dicha para mi alma:
Te cubriría de rosas,
rosas rojas, rosas blancas,
y siempre iría contigo
por los senderos del alba.
Ay, las mieles de tu boca
cuando el amor canta y baila.

Niña mía de ojos verdes,
verdes de verde mirar,
por estar siempre a tu lado
diera yo mi libertad.


CANTO AÑORANZA
(… de los boteros del Nervión).

Botero de tez morena
con brazos de acero y brasa
y un pañuelo azul al cuello,
que al golpe de tus paladas
rompían en las orillas
las olas de espuma blanca,
¿Qué se hicieron de tus remos?,
¿qué ha pasado con tu barca?

Te has quedado en tierra firme.
¿Quién alegrará las aguas?
Tristes están las riberas.
Las orillas te reclaman.
En la mitad de la Ría.
¿quién se mojará su falda?,
¿quién sus pantalones largos?,
¿qué niño sus manos blancas?

Botero de tez morena
con brazos de acero y brasa,
¿qué se hicieron de tus remos?,
¿qué ha pasado con tu barca?


MUCHAS VECES ME PREGUNTO
si cuando yo muera,
morirá un poeta.
Es tal mi fantasía,
que ya no sé si soy mortal
o sólo poesía.


SOY EL AMOR QUE PASA

Los pensamientos profundos
nunca fueron cerebrales,
sino suspiros que brotan
del alma de los mortales.

¡Silencio! ¡Todos en silencio!
Soy el amor que pasa
pleno de armonía.

Entre tarimas de mi casa
guardo los recuerdos
de mis años de infancia.

Cuando azote el viento
de la montaña,
guardad silencio.
Soy el amor que pasa.

Sonoro manantial
de cristalinas aguas,
silencia tu rumor.
Soy el amor que pasa.

Enfurecidas lluvias
que flageláis mi ventana,
guardad silencio.
Soy el amor que pasa

Mi amor destella
cual luz de la mañana.
Venid conmigo
los faltos de esperanza.
Cogedme de la mano.
Soy el amor que pasa.



N O C H E.

Me seduce esta hora
en que todo duerme
porque gozo el mutismo
del silencio.
Porque admiro el paisaje
que ilumina
la bronceada
luz de la luna.
Mi pensamiento
va consciente
-sin nada que lo guíe-
por la senda
de los sueños.
Si me acuesto
y no duermo,
tomaré pluma y papel
y me hundiré en la noche
de mis versos. Y es la noche al final,
siempre de noche
con su caligrafía
de silencios
Blanca Sarasua


EL RÍO CANTARÍN.
(destellos de fábula.)

Qué sordo es el río,
pero qué bien canta.

Río cantarín,
sendero del agua
con la que ella peina,
con la que ella lava
sus cabellos rubios
y sus manos blancas,
dime si ha venido
esta madrugada.

Qué sordo es río,
pero qué bien canta.

El pobre mozuelo,
que allí la esperaba,
se quedó dormido
a la luz del alba.
Su rosado sueño
-regalo del alma-
soñaba con ella,
soñaba, soñaba
que estaba tocando
sus manos de plata,
peinando su pelo,
besando su cara.

Qué sordo es el río,
pero qué bien canta.

Río cantarín,
sendero del agua
no lo despiertes,
que está con su amada.


LA METÁFORA,
si acertada,
es la guinda
de la tarta.
Si confusa
o forzada,
lo mejor
es tacharla.
Si repetidas
o continuadas,
hasta los dulces
también amargan.
NO BUSQUES DEL DICCONARIO
sinónimos que embellezcan,
que a lo peor entorpeces
tu inspiración de poeta.
Déjate de flor de loto,
paloma de amanecer,
regazo de mis suspiros
o rosa de mi vergel,
que no hay palabra más bella
que la palabra mujer.


SÓLO SERÁS BUEN POETA
si te hablas mucho a ti mismo
y tienes alma en el alma
y paladar en el oído.

¿QUIERES QUE TE LEAN
tus versos?
No escribas poemas
extensos.


SI EN UN MOMENTO INSPIRADO
te brota una frase bella,
mas la métrica se opone,
manda al carajo la métrica,

SI ALGUNO TE LLAMA LOCO,
sé firme con tu locura
dejando que se deslice
por donde quiera tu pluma

IN MEMORIAM JUAN FERNÁNDEZ URIBE.
(A mi mejor amigo y compañero de la Asociación Artística Vizcaína.
Este soneto lo escribí al día siguiente de su fallecimiento.

Has dejado latente en nuestras vidas
exaltado el amor por lo que amabas,
que en tus horas de asueto recitabas
excelsas poesías compartidas.

Has dejado esperanzas prometidas
en todo cuanto hacías y soñabas,
y una tarde de invierno nos dejabas
con las almas temblando y conmovidas.

Descansa en paz en ese eterno espacio
al que todos llegamos algún día.
La palabra de Dios es un prefacio

de esperanza en volver, y de alegría.
Recita allá en el cielo sin cansancio
cantos de amor con ritmo de poesía.


POEMA MONOSILÁBICO…
(… salvo la última palabra.)

-Me fui a la mar
y al dar
la luz del sol
en mi faz,
el dios de la sed
(con su don del mal)
sal del mar me dio
en vez de ron.
-¿Y qué más
te ha de dar
si en ti
no hay fe
en el Dios del Bien?
Fe?, ¿y qué es fe?
¿Ver lo que no ve?
tal, mas sí creer.

R E M E D O. (soneto.)
“Un soneto me manda hacer Violante.”
LOPE DE VEGA CARPIO.
Siempre hay alguien que me pide un soneto.
¿Acaso con ello se prueba al poeta?
No os engañéis, que quien no tiene veta,
con cualquier poema se ve en un aprieto.

Fiando en mis dotes de vate, me meto
seguro de conseguir la tal meta,
pues siendo el soneto obra tan escueta,
acepto de buena gana este reto

En terminando este noveno verso,
y este otro, ya sólo cuatro me restan.
Sí, de acuerdo, todavía sigo inmerso;

mas el trece y catorce ya se aprestan.
Sin saber qué decir en este trece,
mirad bien si su aprobado merece.

CUANDO EN MÍ FIJAS TUS OJOS
brillantes como el azogue,
mis ojos son dos perdidas
notas de arpa en un acorde.
Y es que el sol les da verdor
como a la luna su bronce.
Ahora sé porque hay estrellas
que se pierden en la noche.


SOL, MECENAS SOLITARIO.

¿En dónde te ocultas,
mecenas solitario,
que no calientas
la mañana fría?
En torno a ti
gira Tierra
la cual languidece
esperando tu obsequio
de luz amarilla
para sembrar sus campos
de verdes promesas.
El girasol desespera
porque va perdiendo
la gracia de su forma.
Yo he tomado mi lira
que colgaba del perchero;
mas no te veo, Sol,
para poder cantarte.


QUE TE LO DIGA POR CARTA
si de verdad yo te quiero?
No te fíes, no te fíes.
Por los ojos de buzones
las promesas de embusteros,
por los ojos de los ojos,
los amores verdaderos


ACRÓSTICO-ELEGÍA.
Federico García Lorca.
Fecunda inspiración poética.
España lloró su muerte.
Dejó mucho por decir
En su lengua granadina
Remozada con la gracia
Inmortal de Andalucía.
¿Cómo pudo acontecer
Ofuscación semejante?

Gaché de mi romancero
Aclamaba la gitana
Rabiando amargura, pena,
Cabreo, impotencia, odio
Ira, dolor y más odio
Ante el cadáver del poeta.

¡Lo mataron, lo mataron!.
Ochenta gramos de plomo
Rasgaron su carne joven.
(Cuatro arcángeles gitanos
Abren las puertas del cielo).





UNA SONRISA ALEGRE
se reflejó en mis párpados
-espejos de cansancio-.
“¿Será que estoy con ella
en el cielo azulado?”
Pero la luz del alba
-luminosa cual rayo-
despertó mi letargo y
“vive más –me dijo-.
Todavía es temprano
para quedar tus ojos
totalmente cerrados,
dormidos”.
y sellados.

SI ESCUCHAS UNA NOCHE
algún ruido
semejante al clamor
de los quejidos;
luego abrirse tu ventana
penetrando un frío
que entre mantas de tu lecho
se hace camino
hasta llegar a la almohada
y quedar contigo,
no temas ,
amor mío.
Seré yo
que te envío
desde mi olvidada tumba
un suspiro.

SI FUERAS TAN SENSATA
como bellos tus ojos,
por ti diera mi vida,
el alma y…, en fin, todo.

ROTO EL CERCO DE LA MONOTONÍA,

busqué con ansia lo descocido,
y al poco tiempo de haberlo vivido,
volví a añorar lo que antes conocía.
Me fue peor lo que mejor parecía.


¿DÓNDE PONGO MI CORAZÓN?,

¿dónde mi corazón de poeta?
¿Lo prenderé de una flor?

-La flor es bella, pero al punto
marchitan aroma y color.

-¿Y si lo poso sobre el río
de límpido líquido andador?

-No; sus aguas pueden llevarlo
a las lagunas del hedor.

-¿Y si lo llevo hasta altamar
en una bella embarcación?

-No; las olas pueden hundirlo.
No; no lo lleves; no, no.

¿Y si lo llevo a la alta cumbre
para que lo cuide el pastor?

-¡Sí, si, llévaselo ,llévaselo!
Te lo colgará de una estrella
bajo el auspicio de Dios.

Y pues que perdido estoy, Señor,
en mi mar de confusiones, toma Tú los remos de mi barca


LA HERMOSA MIRIAN
se paró a mi lado
y al punto sus ojos
me estaban mirando.
“Amigo, me dijo
como suspirando,
me abrasa el deseo
de estar en tus brazos”.
Ay mi despertar
de aquel sueño grato,
cuando más intenso
era nuestro abrazo.
FUI MAQUINALMENTE HACIA ELLA
y a su lado me senté
sin ninguna mala fe…
Cuando una mujer es bella,
un paria como yo, ¿qué…?

-¿
QUE ME DARÁS MIL BESOS
si consigo contarte
un cuento en cinco versos?

-Era una moza fermosa
cual Fermosa la Farina
que amasaba en la cocina.
El Rey le trajo una rosa.
Qué bien. La fizo su esposa.






PÁGINAS DE REVOLTIJO POÉTICO.

¿QUE SABES HACER POESÍA
con las riendas de la prosa?
Cuánto te envidio, poeta,
pues esa es la más sonora..
que está asociada con críticos
quienes sólo cuentan letras
sin importarles lo que dice
el conjunto del poema.


TENGO EN MI PECHO
mis dos montañas.
-Quién fuera niño
para escalarlas.


NOCHE DE INSOMNIO

Me seduce esta hora
en que todo duerme
porque gozo el mutismo
del silencio;
porque admiro el paisaje
que ilumina
la bronceada luz de la luna.
Mi pensamiento va consciente
-sin nada que lo guíe-
por la senda de los sueños.
Si me acuesto y no duermo,
tomaré pluma y papel
y me hundiré en la noche de mis versos.


DEJADME SOÑAR
en un mundo que vive;
en un mundo que ama
la libertad.
Dejadme soñar, dejadme soñar.


SI ALGUNO TE LLAMA LOCO,
se firme con tu locura
dejando que se deslice
por donde quiera
tu pluma.

ESTUDIANTE REBELDE.

No sé si sé,
ni me importa saber
si sé escribir.
¿Para qué el orden lógico
ni saber si una coma
se pone aquí o allí?
Escribo como escribo,
a que salga lo que salga.
Esto sí sé que así.
Y puesto que siempre he sabido
que mis lectores me entienden,
¿por qué cambiar mi escribir?´
Y los que estéis estudiando,
no os fijéis en cómo lo digo,
son en lo que quiero decir.
Que sean vuestros maestros
quienes me pasen a limpio…
si me saben corregir.

MUCHAS VECES ME PREGUNTO
si cuando yo muera,
morirá un poeta.
Es tan extensa mi fantasía,
que ya no sé si soy mortal
o sólo poesía.
Pues caminando voy
día y noche
y siempre veo
que el día es todo noche
y la noche todo día




NO EXTRAIGAS DEL DICCIONARIO
sinónimos que embellezcan,
que a lo peor entorpeces
tu inspiración de poeta.


MI MENTE REVUELA
en derredor de lambes.
No quiero meterla
en sus regazos de espuma.
Mis pensamientos
son tan delicados,
tan frágiles,
que hasta dudo
de no encontrarme
con mis dudas.
mis temores
siempre han estado
en las alturas.

CUANDO EL ECO DE TU LLANTO
resonaba en mis oídos...
¡Ay!,¿por qué no lloré contigo?
Hoy quisiera llorar en tu regazo.
Volver a ser
receptor de tus besos;
Pasar mis dedos
por tu inmaculada frente;
reposar en la calma
de tu cordura…
Hoy arde mi amor
en dedeos
de tu placer…
Permíteme
al menos
imaginarme
que me perdonas.

Cual si leve lluvia
resbalara
sobre mis mejillas,
así tus lágrimas
resbalaron
sobre el tuétano
de mi alma
impasible

Pero ya ves:
hoy quisiera
volver a ti.
Saber
si aún suspiras
cuando nos vemos;
si aguardas
impaciente
mi regreso;
que ardes en deseos
de tenerme
Tu, de quien jamás
escuché un reproche...
Ni siquiera me exigiste
que te amase.

Si pudiera romper tu sueño
con un gesto de mi sombra;
si pudiera abrazarte
con la mirada;
si pudiera atraparte
con lágrimas de mi llanto...
¡Ay, cómo te paseas
por la alameda de mi mente;
cómo te paseas, ¡cómo te paseas...!
Hoy suspiro
al escuchar tu nombre.
Si pudiera
enmendar lo pasado...
Escucha la voz de mi alma.
Ella te dirá
lo que estoy sufriendo.
Si no estamos juntos...
qué triste mi soledad.
Llegará el otoño
¿y no estarás conmigo?
ARDE EN MI PECHO UNA HERIDA
de amor intenso,
de esperanza vana,
sensible al dolor,
dolor que duele
en lo profundo del alma.
Te miro en silencio,
sosegado,
mientras mi llanto
se desborda
por los pliegues
de mis ojos...

(Yo quisiera obsequiarte
un cielo sereno.)

Ya presiento el despertar
de mi inconsciencia.
Mi inconsciencia
clavó sus garras
en mis recuerdos
como burlándose
de mis pesares...
Ruego a mi mente
que olvide
aquellos sueños míos
de feroz batallar.
Desecharé para siempre
mis recuerdos.
Dejaré que se cubran,
que se tapen por sí mismos
hasta que esta herida
empieza a cicatrizar

(Busco la calma
para mis sentidos.)



Madre:

Por el balcón se nos fueron
las dos “joyas” de la casa.
Eran dos niñas preciosas:
Morena una, la otra blanca.
Sus trenzas fueron culpables,
al lanzase como escalas
a las manos de dos jóvenes
trovadores de guitarra:
Uno arañaba las cuerdas
mientras el otro cantaba.


Padre:

Y yo, como padre de ellas,
las seguí por las retamas.
Ya eran cuatro enamorados.
Dime tú ¿quién los alcanza?
El amor tiene dos alas.

DEFENDAMOS NUESTRO IDIOMA
con la pluma castellana.
Tanto turbio neologismo
se ha colado en nuestra casa,
que si poetas y escritores
no conseguimos limpiarla,
en un tiempo no lejano,
nuestro habla será una KK.


¿SABES LO MÁS DIFÍCIL
para cualquier escritor?
Que le entienda todo el mundo
y no sólo el profesor.


TÚ ERES MÍA,
mi amada,
como el aire fresco
que trenza las espigas doradas.
Agua limpia y cristalina
de la fuente templada.
Cuando bebes de ella.
orgullosa el agua y endiosada,
sonriente se ingiere alegre
por tu garganta.

Calor en tus canales.
de materia blanca.
venas que conducen
rojo líquido que mana
de un corazón que ríe
como la fuente templada.

Sangre y agua
que en atildado trasiego
alambicadas pasan.
Así somos tú y yo,
mi amada,
en cuerpo y alma.

TAN PRONTO ASOMA EL DÍA
confirmo mi alivio
al lavarme los ojos
con luz de la mañana
Su aroma es… (¿Quién
tiene una pluma
de describir aromas?)
Miro por la ventana hacia el Este
y explayo mi vista
en la inmensidad de su horizonte.
Qué vergel de sensaciones
al bañarme todo
con reflejos del alba.
“No soy amante de la noche”.
Yo he nacido para el día,
día, día…
Siempre a la luz del día.

“No soy amante de la noche”
GERARDO DIEGO (de viva voz)

MI MENTE REVUELA
en derredor de las nubes.
No quiero meterla
en sus regazos de espuma.
Mis temores son tan delicados,
tan frágiles, que hasta dudo
de no encontrar con mis dudas.
Mis pensamientos
siempre han estado
en las alturas.

TE ESPERÉ TODA LA NOCHE

¿Qué camino tomaste,
amada mía?
A la intemperie de la noche fría
te estuve esperando,
pero no venías.
Si hablara la luna,
que me hizo compañía…
Yo, temblando;
ella ..., de espía
Una estrella fugaz
se transportó a sí misma.
Iluso de mí:
creí que a buscarte iba.
Pero no; se escondió
como luciérnaga herida.
Te esperé toda la noche,
amada mía,
toda la noche esperando,
pero no venías.
La luna y yo solos
nadie más había
al relente frío
de la noche fría.

ELEGÍA
(A mi esposa)

Sin matalotaje en tu navío
te me fuiste para siempre.
Al verte partir
entre luces de cirios…
¡Ay, me bebí de golpe
todo mi llanto!
Fuimos unidos por el mismo beso,
atrapados por el mismo abrazo,
heridos en la misma herida,
embriagados del mismo llanto.
Hago mío el derecho
de invocar tu ausencia
compensando las penurias
de tus últimas noches,
cuando en mi regazo
reclinabas la frente
y tu lánguido susurro
semejaba el rumor de las ánimas…
Y al punto que entre mis manos
se ensortijaba tu pelo,
éramos una fusión
mezcla de llanto y suspiro.
(¡Ay del amor incomprendido
bajo la estela de su sentir!)
Los umbrales son testigos
de nuestros besos
al reflejo de la luna.
Querida de mis sueños,
seguiré amándote
cuando todos te olviden.
Daré con la clave
de amarte a distancia.
Mis labios rozarán tu alma,
y los cuencos de mis manos
se llenarán de cosas nuestras.
Hago mío el derecho
de saber tu otra vida,
de fundir tu espíritu
con mis lágrimas.
Adiós, adiós…;
pero hasta pronto.
Espérame en tu navío,
compañera, compañera.

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© Zalberto | enero - 2026