PROLEGÓMENO (a modo de autoapoyo).
Si me preguntaran qué es poesía, abierta y sinceramente respondería que no lo sé, o, como mucho, y convencido de no alterar acertados aforismos de otros poetas, diría que es imaginación, quedándome, posiblemente, tan fresco. Confesado lo cual, no anida mi ánimo intenciones de definir las licencias de los últimos modernismos, sino la poesía nacida de mi inexperta pluma. Muchos son los que consideran Obra Magna al poema que consta de seiscientos, ochocientos, mil e incluso más versos o versículos. Todo razonamiento es respetable, pero también discutible. Por significarme de alguna manera, me revelo ante el popular “Ande o no ande, caballo grande” nada más lejos de pretender con ello minimizar la magnificencia a que tal o cual poema es acreedor, antes al contrario. No obstante, permítaseme dudar en cuanto a lo acertado de su amplitud. Sabemos, la mayoría por experiencia, que, transcurridos los doscientos o trescientos primeros versos, va decayendo nuestra avidez de lectura - cuando no susceptibles de provocar fatiga- así llegamos, si no al tedio, sí al aburrimiento, y cuando ya imposibilitados de proseguir nos lo saltamos hasta sus cuatro o cinco últimas líneas, leyendo éstas por la simple curiosidad de saber en qué o cómo termina la supuesta Obra Magna. Lo peor de todo, diría el filósofo, es que apenas damos mérito a su autor. Consecuente con lo ya escrito –principalidad por la que motivo el presente ensayo-, mis poesías, al menos las de este libro, son, intencionadamente, cortas; intencionadamente dispares unas de otras en rima, metro, cadencia, contenido…, e intencionadamente exentas de ornamento retórico y ajustadas, lo más posible, al orden sintáctico del idioma en que pensamos, hablamos y escribimos. Así, pues, y siendo más conciso, estos poemas nacidos de mi pluma en diversas épocas, los aporto en el presente libro con la intención de que conformen una miscelánea. O lo que es lo mismo: dispares entre sí sus respetivos argumentos a la par que estilos de redacción.
PRÓLOGO Escenario para este conato de prólogo, el Café Bilbao de la Plaza Nueva. Unos refrescos, y como acompañamiento dos raciones de poesía. El camarero observa desde la barra y supongo que pensará: unos pirados, al menos no molestan. Pero empecemos. Tu “prolegómeno”, Jesús, lo comparto totalmente. Y también soy partidaria de los poemas cortos. “No la toquéis ya más, que así es la rosa”, diría Juan Ramón Jiménez. Y no hacía falta continuar, la rosa no puede mejorarse por mucho que lo intentes. Sólo hace falta esa idea y no hay porqué extenderse más. “Daré con la clave/ de amarte a distancia”, le dice a su amor perdido. Y tomamos un sorbito de refresco para poder continuar con nuestras raciones de poesía y con el asombro del camarero. “Tú eres dueño de mi sueño, / pues para soñar Contigo, / te baste saber que duermo”. Dios ronda por tu poesía, Jesús, como un compañero que no falla. ¿Quieres venir con nosotras?”, te preguntaron las olas, y más adelante parece que no te gustó la idea, porque confiesas sin prejuicios, “qué bello es vivir, me dije/ y me escapé entre las rocas”. Luego recuerdas a tu río Helguera, ya bajo tierra, añorando sus aguas: Cinco renacuajillos cogí una tarde. / Ay, como me miraban/sus ojos grandes. /Torné a dejarlos/ y una ranita verde/cesó su llanto.” Delicioso, no hace falta más. Creo que merece especial atención el poema “Mujeres de la noche”, para ello le invitamos a García Lorca, que no anda muy lejos: “A la muerte de la tarde, / preñadas de amor incierto, / las mujeres de la noche/ forman extraños cortejos. / Apostadas en lo oscuro/ con andamiaje en sus senos” … Y acabas suavizándolo. “En la sombra de la noche/ la luna traza un sendero, / van las estrellas fugaces/ en carricoches sin frenos”. Siempre me han merecido un respeto que se les reconoce. Bueno, sí, Sor Juana Inés de la Cruz en su poema “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón…” Y más adelante: “¿O cuál es más de culpar, / aunque cualquiera mala haga:/ la que peca por la paga/ o el que paga por pecar?” ¿le invitamos también a un refresco? “Qué senda será mi otra senda?”, preguntas cuando ya somos un río acercándose al mar, como nos predijo Jorge Manrique. Una buena pregunta que nadie contesta. Y seguimos. Hay un momento que Jesús me sorprende: “Mi pueblo/ es mío y tuyo/ y de todos, /pero sin sangre, /sin nadie que lo usurpe para sí” Brindemos por ello. “Vámonos, / que apunta el frío”, Cuánto puede decir una buena imagen. Y añoras a los boteros del Nervión: “En la mitad de la Ría/ ¿quién se mojará su falda? / ¿quién sus pantalones largos?, ¿qué niño sus manos blancas?” Sí. Bien merecen tu recuerdo. El de todos. Y en el poema: “La noche” encabezado por una idea mía –gracias, porque es una manera de seguir con vida- Terminas tu poema con esta decisión tuya: “Si me acuesto/ y no duermo/ tomaré pluma y papel/ y me hundiré en la noche/ de mis versos”. Ya vamos terminando con tu “Metáfora”: “Si es acertada es la guinda de la tarta”. Exacto Jesús, porque si no lo es, mejor es probar la puntería arrojándola hecha una bola a la papelera. Todos sabemos lo que es eso porque lo hemos experimentado. Y dejo para el final esta idea tuya que justifica un libro. Aunque la poesía solo encuentre “un regazo entre ortigas” habrá que seguir adelante hasta el final, conformándonos con que nos abracen sólo las ortigas. Y acabamos el refresco para hundirnos en las horas de nuevo. Hasta siempre, Jesús Vidal, amigo.
Blanca Sarasua VERSOS EN EL OLVIDO (En lenguaje artístico: el que modifica la idea o la expresión) Poeta de los versos que fueron pompa en otros siglos, si tú me lo pides, me iré contigo por el sendero del infinito. Allá, donde todo es espacio limpio; allá, donde acaba el aire de los suspiros. Posa tu corazón herido en la grupa de este corazón mío, que lo tengo templado con la dureza de los martillos. Yo arrancaré el portalón carcomido -celoso guardián del verso en olvido-. Tengo tanta aspereza y tú tanto libro, que acabaremos apoyándonos como buenos amigos. Sólo tienes que indicarme el camino donde las arañas hicieron tejido a la misma puerta del verso en olvido. Decídete ya, poeta; vámonos ahora mismo por tu sendero del infinito; que tengo preparado el martillo para romper las rejas donde está dormido el verso que fue pompa en otros siglos. DORMIDO ALCANZO LA DICHA de ver la dicha que anhelo, por tal es mi despertar aquello que yo más temo. Y Tú eres tal dicha, mi Dios; Tú eres dueño de mi sueño, pues para soñar Contigo, te baste saber que duermo. si no hubiese un despertar, si mi dormir fuera eterno, qué poco me importaría seguir por siempre viviendo.
ME ESCAPÉ ENTRE LAS ROCAS.
Caía la tarde gris con su velamen de sombras. Yo continuaba en la playa con mi pensamiento a solas esperando que del mar me preguntaran sus olas:
“¿Quieres venir con nosotras?”
¿Tuve miedo? No lo sé, pero algo hubo en contra. ¿Fue la voz de la conciencia retenida en mi memoria? Tal vez; que al mirar al cielo y ver que todo era sombra. “Qué bello es vivir”, me dije, y me escapé entre las rocas. ILUSIÓN ES SOÑAR que un amor te espera a la orilla del mar. Ilusión es dejar las riberas y adentrarte en la mar. y bogar, en un barco de vela -paloma viajera-. Ilusión es nadar sobre olas de pacífico mar a la luz de la luna, y pasear por la arena con una doncella que sepa besar, y mirarte en sus ojos de profundo mirar. Ilusión, en fin, es amar.
NO LO RECUERDO.
Cuánta tristeza encerraban aquellos versos que con temblorosa mano iba yo escribiendo al compás que otros brotaban de mi cerebro. Falto de descanso, me tumbé sobre mi lecho. En vano me fue intentarlo: del libro abierto parecían sus palabras figuras de fuego que impedían a mis ojos conciliar el sueño. ¿Cuánto tiempo estuve así? No lo recuerdo. Sólo sé que desperté y seguía abierto, como en la noche pasada, mi libro. Al mirar la última página Observé algo nuevo, algo que en mi repertorio, hasta entonces, era ajeno. “¡Oh, Santo Dios- musité, culpando a mis dedos-. ¿Es posible que soñando haya escrito yo mi sueño?”
COMO EL AGUA DEL RÍO, que a los mares se ofrece y en ola de sus olas se convierte. Como la densa nube se distiende y aparece el azul del Lejano Oriente… Agradecida el alma, así desaparece: libre ya de su cuerpo inerte por el abrazo frío de la muerte. ¡Ah, qué no diera yo por volverme agua de río que en la mar muere, o nube intangible que se mece en el regazo tenue del Más Allá, que todo lo puede! Así quiero morir: suave, sencillo, leve… Y comprendido al fin por todos, se asemeje mi pasado en la Tierra con un copo de nieve. PROLEGÓMENO INTERROGANTE.
¿Cuál instrumento insonoro en el cuenco del espacio es mi voz? ¿O nadie aguza su oído a mi canto?
¿O víctimas de impotencia, como duendes mutilados, íntimos el verso y yo entre penumbras vagamos?
¿Amor, sueño, pensamiento…? En espíritu entregado a ti, mi amada poesía, van mis versos, van mis cantos. POEMAS PARA DEBATES.
RÍO HELGUERA. Hoy íntegramente subterráneo por la mano del hombre. 1 Cuánto me habré inspirado, mi río Helguera, sentado sobre el césped de tus riberas. Aquellos versos (primeros de mi infancia) los llevo dentro.
2 Cinco renacuajillos cogí una tarde. Ay, cómo me miraban sus ojos grandes. Torné a dejarlos, y una ranita verde cesó su llanto.
3 …Ya sólo es sendero de ortigas y zarzas y piedras, muchas piedras; una hondonada seca y larga: elemento para culebras, lagartijas y telas de araña. Te robaron tu río, pueblo milenario de nanas y bailes y partidas de brisca en el Gran Café. ¡Oh, prodigio del hombre con Atila al volante! Los chopos murieron rabiando de sed (tiene que haber forzosamente sequía en las entrañas de tu tierra) Tu gente, cargada de historia y con mil apellidos, huye de ti, pueblo muerto por la azada del futuro próspero. Próspero, sí; próspero: a media legua de distancia, no hay chalé que carezca de piscina. ¡Oh, prodigio del hombre: el sol y la luna ya tienen dónde mirarse!…
4 …Huyamos de este pueblo vacío. Sin árboles, sin verde, sin RÍO, ¿qué hacemos aquí, amor mío? Si un día nos casamos, ¿qué dirán nuestros hijos? ¿Qué todo es culpa del destino? Pues no lo creas; nos llamarán cretinos. Coge tus cuatro cosas y vámonos ahora mismo. Tú y yo, fugitivos como el aire de los suspiros. Que la farola del alba nos descubra entre olivos, entre robles, entre pinos, entre charcas… En cualquier sitio, menos en este pueblo vacío: sin árboles, sin verde, sin RÍO…
5 …Y preguntó el poeta:
“¿Lo meditaron bien?”
Mas hubo de responderse a si mismo:
“Sí; cabe pensar que el hombre es el dios que desdeña toda obra de Dios”,
y se dio media vuelta. Apenas ido, se desató la lengua de uno de los allí reunidos en debate: “¿Qué ha pretendido decir ese hombre?” Respuesta unánime, uniforme, a coro:
“Bobadas; es poeta. Los poetas dicen muchas bobadas. ¿Qué sabrán de ríos ni de urbanismos? Sigamos con lo nuestro”,
y continuaron disertando sobre asuntos “más importantes” mientras, ya en la calle, el poeta contemplaba a un gorrioncillo el cual, para saciar su sed, bebía de un pequeño embarrado charco. Al brusco ademán del vate, el pajarillo pico y patas manchados de lodo de ciudad- emprendió su vuelo. AÑORANZAS BILBAINAS.
Tiene mi Bilbao el habla del torrente de su Ría.
Arenal, arenalito, susurro de bilbainitas, corazón de los bilbaínos, ¿qué ha pasado con tu Tilo? ¿Se tronzó por viejecito al soplido de una brisa? Quiosquito de sinfonías -noble y fuerte sonajero- donde cantaban los mozos y las mocitas reían. ¿Dónde están los anguleros que pescaban noche y día entonando canturreos al socaire de la orilla? ¿Dónde los sietecalleros que cantaban a porfía bilbainadas y romances nacidos de nuestra Villa? Chiquiteros de mi Achuri, mensajeros de alegría, las tabernas se han quedado sin rumor de melodías.
Tiene mi Bilbao el habla Del torrente de su Ría. SANFERMINES.
Una espada y una muleta y dos pitones hacen la Fiesta. El noble se arranca contra el matador que lo espera. Ovaciones en las gradas… ¡y el toro muerto en la arena!
Entre la noche y el día (cuyas penumbras se besan), asoma la madrugada con siete de julio a cuestas. En las ondas de la brisa ya se anuncian las trompetas y el eco pone su acento en la raíz de la Fiesta. Trompetista, despierta a mi Morena y dila que venga.
De tierras de Andalucía, y entre jaulas de madera, cincuenta toritos vienen, cincuenta toritos llegan. ¡Ay, San Fermín Pamplonica, cuánta sangre por la arena!
Trompetista, silencia tu trompeta, que ya no quiero que venga. ¡Ah, mi adorada Morena, corazón sensible de poeta!
B I Z K A I A.
Rostro encendido de oxido-gas, hervidero de sangre, metálico romance de tus hornos candentes, áspero tañido de tus péndulos de acero. Cuando yo me muera, que rocíen mi cuerpo con la nobleza de tu rudez, y claven en mi tumba una cruz de tu hierro con la recia inscripción de tu forja: EN MIS ENTRAÑAS YACE UN HIJO DE MIS ENTRÑAS. “Cuando yo me muera se podrá leer la siguiente inscripción encima de mi tumba: Pienso que mi nombre es mi ser, y que no soy sino mi nombre”. GABRIEL ARESTI.
EL EXCARCELADO. Mis mejores catorce años encerrado con mis dudas. Mujer, déjame que ponga mis manos en tu cintura. En las mugrientas paredes, con los filos de mis uñas, por cada noche pasada, tracé una muesca profunda. El carcelero del alba, mal fingida su cordura, con ironía punzante las contaba una a una. Carcelero, ¿Qué te importan las ranuras (calendario de mis días en esta mi celda inmunda)?
Su mirada me miraba cual estática lechuza; en su cinto la pistola y en una mano la fusta.
Mujer, déjame que ponga mis manos en tu cintura.
Como única compañera, me visitaba la luna.
Luna blanca, blanca y pura, pergamino de mi pluma, portadora de mis versos, blanca luna… Yo le contaba mis cosas; pero ella seguía muda.
Mujer, déjame que ponga mis manos en tu cintura. En el mar de las pasiones, los escarceos se acunan; hombre a hombre se confiesan, y a un tiempo los dos comulgan.
Mujer, déjame que ponga mis manos en tu cintura; quiero saber si aún soy yo, o han cambiado mis hechuras.
LAS MUJERES DE LA NOCHE. A la muerte de la tarde, preñadas de amor incierto, las mujeres de la noche forman extraños cortejos. Apostadas en lo oscuro, con andamiaje en sus senos fortifican ilusiones en la mente del deseo.
Al sonsonete de caucho, se resienten los paseos; llegan jinetes montados en sus monturas de acero. Abiertas las portezuelas, nace un mercado de precios; con las ramas extendidas palpan brevas los almendros.
En la sombra de la noche la luna traza un sendero; van las estrellas fugaces en carricoche sin frenos. EL NIETO DEL PESCADOR. (Romancillo con pies quebrados.) La noche dormía sobre los muelles del silencio. Soledad de bruma reinaba en el puerto marinero. Allá en la distancia se escuchaba el eco del bramido de olas en voraz concierto. Temblando de frío, penando su miedo, el niño rezaba rogando el regreso del abuelo. Juguete del agua, juguete del viento, la luz de un farol irradió a lo lejos. Cercano a la orilla de aquel mar inquieto, subido a una roca, erguido su cuerpo pequeño, con risa en sus labios agitó el pañuelo. El tiempo pasaba perdido en el tiempo. El puñal de la duda con filos de acero hurgaba en el alma del pobre chicuelo. La barca, sin rumbo, sin nadie a los remos, el soplo del aire la trajo hasta el puerto pesquero.
Al ver que faltaba la sombra del viejo…
“¡Abueeelo!”,
su grito en la noche rompió el silencio. Pensando que alguno cantaba sin tiento, las gentes dormían sus plácidos sueños. Rasgando a la niebla su tupido velo, el niño corría buscando un consuelo. Silencio en las casas, silencio, silencio
(¿enmudece la bruma los tristes lamentos? ¿Acaso las olas arrullan los sueños? ¿O será que a nadie le importa lo ajeno?)
El pobre chiquillo, llorando y gimiendo, cansadas sus fuerzas, mendigó un aliento.
(¿A los cielos? ¿Al Hado del mar? ¿Al Silfo del viento?)
La noche dormía en su propio seno. Cabizbajo y triste, entonando rezos lastimeros, se acercó a la orilla con pasito lento. Mirando la barca, añoró a su abuelo. Primero su ropa, los zapatos luego… La Virgen del Carmen, Patrona del Reino Marinero, acogió en su regazo al pobre chicuelo. (Pensando que alguno nadaba en el puerto, las gentes dormían sus plácidos sueños.)
LA LOBA (Fábula) Medio oculta entre las sombras de la tupida chopera, la loba estaba acechando a la candorosa oveja.
“Oveja que vas al río balando por su ribera, el agua que ha de saciar a tu garganta reseca, se teñirá de rojiza con sangre de tu inocencia. ¡Ve trotando a tu pastor, que viene la carnicera con afilados colmillos reptando por la chopera! ¡Que tiene cuatro lobeznos guarecidos en la cueva con hambre de cinco días, con hambre de carne tierna…! En los espejos del río, la muerte al fin se refleja. Aquí pasó lo de siempre, desde que la Tierra es tierra: fue necesaria una víctima para que vivan las fieras. “Ya te vas para no volver” Rubén Darío
¿Qué senda será mi otra senda?
¿Voy acerándome a la frontera a donde mis agotados pasos ya me arrastran?
¿Y qué senda será mi otra senda? ¿estará expedita o entre cardos y entre zarzas?
Ya te vas, bendita infancia mía y aquí me dejas cargado de años. ¡No te vayas,
Oh niñez, ruiseñor de mi vida, que mi vejez será un papagayo falto de alas!
NUESTRO OTOÑO.
Ya nuestro otoño inexorable avanza -blancas sienes de cabellos sedosos en rugosa piel de cuerpos ruinosos-. No queda tiempo para la mudanza
Sumidos en placer de triste holganza, A grupas de meteoros presurosos Cabalgamos. Con ojos temblorosos Vemos cómo escapa toda esperanza.
Y el reloj continúa sin demoras. El minutero, bajando y subiendo en torno a su esfera, cuenta las horas.
Ay, corre que te corre van corriendo sus manecillas, aspas segadoras. El temor va creciendo, va creciendo.
YO SÉ QUE LAS FLORES CANTAN
A veces me siento flor sobre una blanca acuarela.
Van los pinceles al lienzo describiendo con destreza las maravillas del campo y el sol, que al punto destella bajo el dosel candoroso de ese cielo azul-turquesa con limpio arrebol de nubes y el verdor de hierba fresca.
Ese duende del pintor (pincel-pluma de poeta), contraste de luz y sombra sobre una blanca acuarela.
Yo sé que las flores cantan; yo sé que las flores piensan… A veces me siento flor, Musa del pintor y la paleta.
ELEGÍA. A Miguel Hernandez Contigo, insigne poeta de Orihuela, va mi entrañable saludo en tercetos -bastiones de tu de pura escuela-.
Como el toro envistiendo contra petos de nobles solípedos en la arena fue tu pluma –retadora de retos-.
Tú plasmaste como nadie la escena de un absurdo conflicto entre hermanos. ¡Ay, qué dolor, qué amargura, qué pena
matar y morir por asuntos vanos de cuatro mandatarios que, sedientos de incrementar más poder en sus manos,
marginaron todos los miramientos a que inducen las guerras fraticidas, sin importarles los miles de cientos
de soldados que perdían sus vidas ignorando el porqué de tanta muerte. ¡Cuánta sangre reseca en sus heridas!
Pero tú, Miguel, quizá con peor suerte que los caídos en campo de batalla, prisionero, la muerte vino a verte. Mella más el hambre que la metralla.
COMO AL PASAR EL VIENTO por tu balcón, que azota las macetas y abre una flor, por mi cruzaste abriéndome el corazón, y desde entonces, niña, voy tras tu amor. Mas si cargada de años hallas mi voz, no ocultes por respeto, o compasión, decir que no me quieres; que el corazón olvida el desengaño, la duda, no.
PESADILLA. (soneto)
Mi corazón, penando su agonía, buscaba algún refugio de consuelo, mas todo mi cuerpo era hielo, hielo como un témpano sobre el agua fría
Por saber si latía todavía, dirigiendo mis ojos hacia el cielo, apoyé mi mano, no sin recelo sobre el pecho, y noté su sintonía.
En el seno gris de mi fantasía, mi débil corazón … ¿O fue mi mente la que experimentó aquella alegría?
No sé: todo mi yo estaba pendiente de encontrar un rinconcito caliente para mi corazón, que aún latía.
ELLA HERMOSA; YO ALTANERO, soportamos el calor de un amor que nos abrasa a los dos.
Yo pienso cuando la veo: “¿Vendrá a pedirme perdón?”. Pero tal vez ella piense como yo;
que al cruzarnos, nos miramos con igual ansia los dos. Ella hermosa, yo altanero, ni un adiós.
Así se nos van los años: sin notar que el corazón lentamente abre sus puertas a otro amor.
TU MIRADA OPACA semeja la penuria de un espejo sin azogue; de un río estancado; de una sombra en la noche.
Vente conmigo, mujer; vente conmigo al bosque; que el verdor de su paisaje rezuma destellos de amores; que reavivan los ojos que miran sin saber adónde.
Vente, mujer; Vente conmigo al bosque.
ESTOY DISPONIBLE a todas horas del día para acompañarte adonde me pidas. Me sobra tiempo vida mía. Siempre tan solo y herido en mi herida cual peregrino que busca un regazo entre ortigas. ¿Qué será de mí cuando me digas que ya no te espere, amada mía? ¿Qué caminos andaré sin Norte, sin guía? En las noches claras la luna me mira con ojos de rana y sonrisa fría. Y yo, como un niño, la insulto:
¡Naranja podrida, naranja podrida!
¿Qué le importará a la luna lo que yo le diga?
“¿Qué le importa a la luna Allá en los cielos, Que le ladren los perros de la Tierra?”
MARCOS ZAPATA
TÚ, ALONDRA PRIMOROSA, que posaste en mi rosal cuando una capa de nieve a tus alas vino a helar. Tú, que bajo el denso frío, buscabas del invernal las ya humedecidas yerbas que yo pusiera a secar. Tú, que al escuchar mis rimas, las yedras te vi trepar, y al llegar a mi venta azotaste su cristal. Tú, que tomaste mi alcoba como tu propio nidal… Al volver la primavera, tu marcha me hizo llorar. Di, tú, pues, alondra bella, ¿por qué hoy vuelves al rosal y las hiedras de mi huerto otra vez más a trepar? Si vienes, oh primorosa, a mi pasado evocar, aquellas rimas de entonces mis labios recitarán; mas, si al llegar la primavera, te me vuelves a marchar, no; que a llenarlos de lágrimas tú mis ojos volverás. CIPRÉS, ALTO Y FORNIDO guardián del cementerio donde espera la tumba que será de mi cuerpo eterno lecho, si tus hojas son lenguas parlanchinas del viento, yo, pues soy tierra y polvo extraídos del cieno… Contesta al menos a mi ansiada pregunta: ¿lloran, ríen los muertos? Mas del ciprés las lenguas me respondieron con el silencio. SI ESCUCHAS UNA NOCHE algún ruido semejante al clamor de los quejidos; luego abrirse tus ventanas penetrando un frío que entre mantas de tu lecho se hace camino hasta llegar a tu almohada y quedar contigo, desecha tus temores, amor mío. Seré yo, que te envío, desde mi olvidada tumba, un suspiro. UNA SONRISA LEVE se reflejó en mis párpados, espejos de cansancio. (¿Será que estoy con ella en el cielo azulado?) Pero la luz del alba, luminosa cual rayo, despertó mi letargo y, “Vive más -me dijo-. Todavía es temprano para quedar tus ojos totalmente cerrados, dormidos y sellados”.
Que a mis pies te arrodilles con carita de pena y me mientan tus ojos, tal vez te lo consienta; pero que al Señor ruegues porque ayudada seas en conseguir mi engaño, de ninguna manera.
LA HERMOSA JOVEN se paró a mi lado y al punto sus ojos me estaban mirando. “Querido -me dijo, como suspirando-, me abrasa el deseo de estar en tus brazos”. ¡Ay, mi despertar de aquel sueño grato: cuando más intenso era nuestro abrazo!
SEGUIDIYAS O GITANAS
En la trágica reyerta su hombre-marido murió Fueron cuatro navajadas pero una en el corazón. Por la transparencia de sus ojos cándidos miré el fondo del inmenso vacío que dejó su llanto.
“Itanilla mía, -le hablo su cuñado- dea quentre por tus venas el eco de mi añado canto”
“¡Llanto, llanto, llanto, llanto! Déate ya de llora -dijo el abuelo patriarca- Tu has nació pa cantá”
“Eso digo yo, patriarca. Que se jarte de cantá; pero el muerto era mi hermano conmigo sha de casá”
“Mira qué dice, itano. ¿Qué tiene tú pa ofrece? -quiso saber el abuelo-. Dilo y será tu mué” “Redonda es mi luna, redondos mis oos, redondo el güero de mi guitarra, y mi voz es oro. ¿De qué ha de viví? De mi cante jondo.
En la mitad del barranco las navajas de Albacete, bellas de sangre contraria, relucen como los peces. F.G.Lorca
relucen como los peces. F.G.Lorca
CANTO A LA ANDALUCÍA RURAL.
Tu acento musical va y viene en alas del viento portando la luz de tu palabra. (¡Ah, sonoro sonar de nítidas guitarras!) De sol a sol trabajando tu tierra, curten su piel y mellan sus huesos las gentes que te habitan. (¡Cuánto sudor en tu ánfora jornalera!). ¡Pero no! Llegará ese mañana surcando tus cerros de jara y retama, y al límpido son de líricas guitarras, llanura y vergel serán los caminos de tus calles y plazas. (La savia de tus poetas engendra versos de nostalgias). Poetas andaluces, dejad de plañir; que sean vuestros versos canto y empuje de un resurgir. Y cuando el alba transporte el esperado mañana, que regresen los idos y que nadie se vaya. JARDINERILLO
Jardinerillo, pelo de erizo punzón, el de los ojos verdes, verdes como el tallo de una flor, se ha cortado un dedo con su tijera de plata.
“¡Ay, qué sangre más roja, ay, qué sangre más roja me brota del corazón!”
Jardinerillo corre que vuela entre las rosas. Y las rosas le lloran su dolor:
“¡Pobre Jardinerillo, pobre Jardinerillo nuestro, él, que nos cuida con tanto amor, se ha cortado un dedo, se ha cortado un dedo…!”
Así le lloran las rosas al jardinerillo de pelo punzón. Y el Jardinerillo:
“¡Ay, mis pobres rosas, ay, mis pobres rosas! ¿Quién las cuidará mañana, quién las cuidará como las he cuidado yo?” METRALLA. (Alusión a todo aquello cuyo lema sea MUERTE y DEBASTACIÓN)
1 Por mis venas caminan, lentos, sangre y cuajo de lágrimas.
¡Qué espanto, Señor, qué espanto! Todo era un charco de sangre.
Ábreme tus brazos, madre ¿No me ves llegar? ¡Soy yo, soy yo! Vengo a ti por el sendero angosto de los lamentos. Todo era sangre, madre, todo era un charco de sangre.
En mis labios traigo llagas con sabor a sangre, y en mis ojos… ¡Ay, mis ojos, pavesas de fragua y candil!
2 Mi pueblo es más que un emblema (símbolo pretexto de fatuos asesinos)
Mi tierra es mi sentimiento. Caminar sobre ella, sentir cómo palpita bajo su asfalto.
Mi pueblo es mío y tuyo, y de todos, pero sin sangre, sin nadie que lo usurpe para sí.
Mítico estandarte, guadaña que sesga de raíz el fruto del que vivimos.
Mi tierra no quiere embolismos cuyos colores la empañen en sangre.
Mi pueblo es mi mundo en libertad. MENTE INQUIETA
¿En dónde estoy, pensamiento mío, mente inquieta? ¿Ni aún despierto cesa mi soñar?
Cuántas, amor mío, cuántas veces mi fantasía te ha poseído.
Mi amor se agiganta en lo vacío de mi pecho cuando te sueño. amor mío.
Destello de ilusión, iluso principio de mi pensamiento iluso, venido de la nada y de la nada ido.
¿Adónde me llevo yo mismo arrastrado por mi fantasía? ¿Lo sabes tú, amor mío?
Soy agua clara en el cauce del río. Transparente remanso es mi amor, amor mío. En mis visiones se refleja nítido el blanco sobre el que aciertan doradas flechas de Cupido.
Nada comparable al roce limpio de labios que se ansían, amor mío.
Ansia de estar contigo en crisol candente y nuestros labios en un beso fundidos.
LLEGARÁ DE NOCHE.
Y llegará mi Noche sin Retorno, y sé que no escucharé a quien me llore, y sé que no verán más luz mis ojos, y palparán los dedos de mis manos el aire del vacío tenebroso, y sé que preguntaré en este tránsito:
¿Contigo acaba todo, mi Noche sin Retorno?
CAUDATILLO.
A la iglesia del convento voy rezando con tesón. Voy forjando corazón, voluntad y entendimiento.
Puesto en Dios mi pensamiento y en mi alma toda atención, cumplo con mi obligación sin distraerme un momento.
Nunca dejo en el olvido rendir tributo al Amado. Pienso en Él tan hondamente,
que de haber yo cometido algún terrible pecado, el Señor, condescendiente, posiblemente ya me lo haya perdonado.
CELOS DEL LIMONERO.
Del limonar venían los limoneros. Las limoneras tenían el pelo negro. Sombreros llevaban los limoneros, sombreros verdes, verdes sombreros de limonero. Caminando juntos por el sendero, sendero de amores, sendero de celos, vienen limoneras y limoneros.
Ay, limonero, limonero mío, cuánto te quiero -cantó la limonera bajo el sombrero del limonero.
Limonera mía -cantó el limonero-, dime si en tus brazos soy el primero.
Vienen por el sendero cantando amores, cantando celos, la limonera y el limonero.
Celos de amores nunca son buenos -cantó la limonera de pelo negro.
Celos y amores son compañeros -cantó el limonero, tirando el sombrero, sombrero verde, verde sombrero de limonero.
¿NIHILISMO, HILEMORFISMO, ATEISMO…?
Añil y mármol en los espejos del cielo impío.
Que no, que no lo quiero, que está muy frío.
En su bóveda celeste las almas se bañan con agua de rocío.
Que no, que no lo quiero, que está muy frío.
Mi espíritu aterido deambulará por veredas de templado limo.
Que no, no quiero el cielo, que está muy frío
EL TREN DE LAMINACIÓN (Suceso real) Una barra candente -serpiente de fuego- atravesó su pecho como una lanza de veinte filos.
Allí quedó el hombre inerte. Y el tren seguía laminando, laminando…, sin cesar de laminar.
Sus ojos, aún con vida, miraban el techo de rieles curvados y polipastos negros.
Ya sí, totalmente inerte por el abrazo frío de la muerte. Y el tren seguía laminando, laminando…, sin cesar de laminar.
Voces de gargantas secas, tenazas con bocas de garfio, leche fría, sudor de hombre… Que sí, que os juro que sí, que estaba muerto, que yo lo vi. Y el tren seguía laminando, laminando…, sin cesar de laminar.
¿PARCIALIDAD DIVINA? Lo sé, Señor; contra mis defectos tu virtud de amarme.
Cuanto más creo acercarme a lo que aspiro, más me distancio. ¿Es tu voluntad, Señor?
Miro el cielo, el sol, las nubes, el agua del río… y margino toda duda: Te veo a Ti, Señor.
¿Quién el regreso del alba?, ¿quién el azote del viento?, ¿quién el bramido del mar?, Quién sino Tú, Señor
¿Quién mis ojos?, ¿quién mi alma?, ¿quién mi razonamiento? Quién sino Tú, Señor. Me hiciste para amarte, y yo te amo. ¿Y Tú? …Oh, perdóname, Señor.
Sé que cuando me recibas el Cielo TÚ me aclararás el porqué de tu parcialidad, Señor.
ROMANCE DEL CENTENARIO JUAN.
Un chorretillo de vino pide los días de fiesta y se lo niegan sus hijos. “Has cumplido los cien años; no cometas desatinos”.
Un trajecito azulado como los oros de limpio y siempre camisa blanca con encajes de bolillo. Yo le veo pasearse por las orillas del río con una vara de mimbre y en la otra mano un libro cuyas fábulas de Esopo les recita a los chiquillos. En lo verde de los prados baten sus alas los grillos acompañando a su voz ya cascada por un siglo. En los azogues del agua el sol se mira a sí mismo, en las gafas del abuelo las chiquillas y chiquillos, y a mí me parece ver un cuadro de algo divino (Qué bien les recita Juan; cómo le aplauden los niños.) Las viejecitas del pueblo, viudas de negros vestidos, memorando sus pasados, aún le dicen al oído:
“¿Dónde vas, querido Juan, tan alegre y tan altivo?” Y él, con su sonrisa pícara, las pellizca sus culitos. (Qué bien se lo pasan ellas con el “Don Juan”…, ya Juanito.) Un chorretillo de vino pide los días de fiesta y se lo niegan sus hijos. En las noches del invierno el Norte azota su frío. Al amparo de un brasero, elegidos de otros libros, les recita mil poemas a vecinas y vecinos. Un trovador centenario declama como un barítono. Sus oyentes se estremecen como péndulos de lirios. Su sombra, pequeña sombra, gesticula con tal brío, que vecinos y vecinas… ni se mueven de sus sitios. (Qué bien les recita Juan; cómo aplauden sus vecinos.)
Un chorretillo de vino pide los días de fiesta y se lo niegan sus hijos.
En las tardes agosteñas posa su fuego el estío. En el poyo de La Plaza, y a la sombra de los tilos, descansa sentado Juan rodeado de chiquillos. Portando en una bandeja una jarrilla de vino, le convida el tabernero: “¿Te apetece un sorbetillo?”.
Los rayos del sol se mecen en las copas de los tilos. El calor de dos calores adormece los sentidos. Tras las gafas del abuelo se han cerrado dos ojitos. Los niños le están mirando como miran los chiquillos: llevándose a los labios las yemas de sus deditos. Y el tabernero no encuentra salidas del laberinto. Mil centenares de estrellas alumbran negros abismos. La elegida por los mozos “Reina del Garbo y Tronío”, se pasea por La Plaza luciendo un corto vestido. Tan pronto la ve el abuelo, así dice a sus amigos:
“¡Tapaos vuestras orejas! Voy a pegar un silbido, que esa moza bien merece que yo le lance un suspiro.” LOS HEREDEROS.
Y todos entraban y todos salían y a todas las horas mientras él moría.
(Mensaje de viático el cura traía)
A los tintineos de la campanilla se rompió el silencio en la alcoba fría.
“De hoy ya no pasa -los deudos decían-. se acerca la herencia”.
Sus blancas pupilas forzaban siniestras lágrimas fingidas.
LA SEÑORA MUERTE. Llamó la muerte a mi corazón; llamó una vez y llamó dos y tres y cuatro veces y hasta cinco llamó. Qué frío entraba por mi balcón. Estaba abierto… ¿Pero quién lo abrió? Logré cerrarlo, y bendito Dios: la señora muerte enmudeció. POESÍA, PINTURA Y MÚSICA
Madre, cuando tú mueras, ¿quién leerá mi poesía?
Madre, yo no sé qué tienen algunos jóvenes de hoy; pues siendo yo tan hermosa y alegre como una flor, el músico de este pueblo -que así le castigue Dios- me dice que hay una vieja mucho más bella que yo.
“Entre la música y tú, La música es superior.”
Pues lo que el músico dice, también me dice el pintor, y me lo dice el poeta… Ay, madre, qué fea soy…
“No te aflijas, niña mía, y préstame tu atención: Poesía, pintura y música son eternas como el sol. Sus creadores envejecen, pero no ellas, ellas no.” SONOCHADA. El poeta y su joven y delicada hija paseando por el bosque un atardecer otoñal. La tarde se ha ido ya, y con ella, delicada niña mía, lo cálido de tu voz.
Ya se dibujan las primeras sombras sobre el azogue de tu pelo.
Vámonos, que apunta el frío. Mira el agua de ese arroyo. Se diría que lleva cintas de escarcha. Y estas hojas que pisamos… Escúchalas; escucha cómo a nuestro paso chirrían sus durezas.
Vámonos, delicada niña mía. Mañana te diré que tu mirada indecisa y el temblor de tus labios remedan cadencias de un poema de amor. Mañana te diré que tu cuerpo se cimbra como el tallo de una rosa, que, al inicio de la aurora, abre su vida al sol.
Mañana te diré… Pero ahora, vámonos, que ya despierta el relente. Mira tus manos blancas cuyos dedos semejan el brote de los rocíos.
Vámonos, mi niña. La tarde se ha ido ya, y con ella, lo cálido de tu voz.
CANCIÓN INFANTIL (de pueblo rural.)
Oh, mi niña de ojos verdes, verdes de verde mirar, tu semblante me fascina cuando te veo pasar Si te casaras conmigo, qué dicha para mi alma: Te cubriría de rosas, rosas rojas, rosas blancas, y siempre iría contigo por los senderos del alba. Ay, las mieles de tu boca cuando el amor canta y baila.
Niña mía de ojos verdes, verdes de verde mirar, por estar siempre a tu lado diera yo mi libertad.
CANTO AÑORANZA (… de los boteros del Nervión). Botero de tez morena con brazos de acero y brasa y un pañuelo azul al cuello, que al golpe de tus paladas rompían en las orillas las olas de espuma blanca, ¿Qué se hicieron de tus remos?, ¿qué ha pasado con tu barca?
Te has quedado en tierra firme. ¿Quién alegrará las aguas? Tristes están las riberas. Las orillas te reclaman. En la mitad de la Ría. ¿quién se mojará su falda?, ¿quién sus pantalones largos?, ¿qué niño sus manos blancas?
Botero de tez morena con brazos de acero y brasa, ¿qué se hicieron de tus remos?, ¿qué ha pasado con tu barca?
MUCHAS VECES ME PREGUNTO si cuando yo muera, morirá un poeta. Es tal mi fantasía, que ya no sé si soy mortal o sólo poesía.
SOY EL AMOR QUE PASA Los pensamientos profundos nunca fueron cerebrales, sino suspiros que brotan del alma de los mortales.
¡Silencio! ¡Todos en silencio! Soy el amor que pasa pleno de armonía.
Entre tarimas de mi casa guardo los recuerdos de mis años de infancia. Cuando azote el viento de la montaña, guardad silencio. Soy el amor que pasa.
Sonoro manantial de cristalinas aguas, silencia tu rumor. Soy el amor que pasa.
Enfurecidas lluvias que flageláis mi ventana, guardad silencio. Soy el amor que pasa
Mi amor destella cual luz de la mañana. Venid conmigo los faltos de esperanza. Cogedme de la mano. Soy el amor que pasa.
N O C H E. Me seduce esta hora en que todo duerme porque gozo el mutismo del silencio. Porque admiro el paisaje que ilumina la bronceada luz de la luna. Mi pensamiento va consciente -sin nada que lo guíe- por la senda de los sueños. Si me acuesto y no duermo, tomaré pluma y papel y me hundiré en la noche de mis versos. Y es la noche al final, siempre de noche con su caligrafía de silencios Blanca Sarasua
EL RÍO CANTARÍN. (destellos de fábula.)
Qué sordo es el río, pero qué bien canta. Río cantarín, sendero del agua con la que ella peina, con la que ella lava sus cabellos rubios y sus manos blancas, dime si ha venido esta madrugada.
Qué sordo es río, pero qué bien canta.
El pobre mozuelo, que allí la esperaba, se quedó dormido a la luz del alba. Su rosado sueño -regalo del alma- soñaba con ella, soñaba, soñaba que estaba tocando sus manos de plata, peinando su pelo, besando su cara.
Qué sordo es el río, pero qué bien canta.
Río cantarín, sendero del agua no lo despiertes, que está con su amada.
LA METÁFORA, si acertada, es la guinda de la tarta. Si confusa o forzada, lo mejor es tacharla. Si repetidas o continuadas, hasta los dulces también amargan. NO BUSQUES DEL DICCONARIO sinónimos que embellezcan, que a lo peor entorpeces tu inspiración de poeta. Déjate de flor de loto, paloma de amanecer, regazo de mis suspiros o rosa de mi vergel, que no hay palabra más bella que la palabra mujer.
SÓLO SERÁS BUEN POETA si te hablas mucho a ti mismo y tienes alma en el alma y paladar en el oído.
¿QUIERES QUE TE LEAN tus versos? No escribas poemas extensos.
SI EN UN MOMENTO INSPIRADO te brota una frase bella, mas la métrica se opone, manda al carajo la métrica, SI ALGUNO TE LLAMA LOCO, sé firme con tu locura dejando que se deslice por donde quiera tu pluma
IN MEMORIAM JUAN FERNÁNDEZ URIBE. (A mi mejor amigo y compañero de la Asociación Artística Vizcaína. Este soneto lo escribí al día siguiente de su fallecimiento.
Has dejado latente en nuestras vidas exaltado el amor por lo que amabas, que en tus horas de asueto recitabas excelsas poesías compartidas.
Has dejado esperanzas prometidas en todo cuanto hacías y soñabas, y una tarde de invierno nos dejabas con las almas temblando y conmovidas.
Descansa en paz en ese eterno espacio al que todos llegamos algún día. La palabra de Dios es un prefacio
de esperanza en volver, y de alegría. Recita allá en el cielo sin cansancio cantos de amor con ritmo de poesía.
POEMA MONOSILÁBICO… (… salvo la última palabra.)
-Me fui a la mar y al dar la luz del sol en mi faz, el dios de la sed (con su don del mal) sal del mar me dio en vez de ron. -¿Y qué más te ha de dar si en ti no hay fe en el Dios del Bien? Fe?, ¿y qué es fe? ¿Ver lo que no ve? tal, mas sí creer. R E M E D O. (soneto.) “Un soneto me manda hacer Violante.” LOPE DE VEGA CARPIO. Siempre hay alguien que me pide un soneto. ¿Acaso con ello se prueba al poeta? No os engañéis, que quien no tiene veta, con cualquier poema se ve en un aprieto.
Fiando en mis dotes de vate, me meto seguro de conseguir la tal meta, pues siendo el soneto obra tan escueta, acepto de buena gana este reto
En terminando este noveno verso, y este otro, ya sólo cuatro me restan. Sí, de acuerdo, todavía sigo inmerso;
mas el trece y catorce ya se aprestan. Sin saber qué decir en este trece, mirad bien si su aprobado merece.
CUANDO EN MÍ FIJAS TUS OJOS brillantes como el azogue, mis ojos son dos perdidas notas de arpa en un acorde. Y es que el sol les da verdor como a la luna su bronce. Ahora sé porque hay estrellas que se pierden en la noche.
SOL, MECENAS SOLITARIO.
¿En dónde te ocultas, mecenas solitario, que no calientas la mañana fría? En torno a ti gira Tierra la cual languidece esperando tu obsequio de luz amarilla para sembrar sus campos de verdes promesas. El girasol desespera porque va perdiendo la gracia de su forma. Yo he tomado mi lira que colgaba del perchero; mas no te veo, Sol, para poder cantarte.
QUE TE LO DIGA POR CARTA si de verdad yo te quiero? No te fíes, no te fíes. Por los ojos de buzones las promesas de embusteros, por los ojos de los ojos, los amores verdaderos
ACRÓSTICO-ELEGÍA. Federico García Lorca. Fecunda inspiración poética. España lloró su muerte. Dejó mucho por decir En su lengua granadina Remozada con la gracia Inmortal de Andalucía. ¿Cómo pudo acontecer Ofuscación semejante?
Gaché de mi romancero Aclamaba la gitana Rabiando amargura, pena, Cabreo, impotencia, odio Ira, dolor y más odio Ante el cadáver del poeta.
¡Lo mataron, lo mataron!. Ochenta gramos de plomo Rasgaron su carne joven. (Cuatro arcángeles gitanos Abren las puertas del cielo).
UNA SONRISA ALEGRE se reflejó en mis párpados -espejos de cansancio-. “¿Será que estoy con ella en el cielo azulado?” Pero la luz del alba -luminosa cual rayo- despertó mi letargo y “vive más –me dijo-. Todavía es temprano para quedar tus ojos totalmente cerrados, dormidos”. y sellados.
SI ESCUCHAS UNA NOCHE algún ruido semejante al clamor de los quejidos; luego abrirse tu ventana penetrando un frío que entre mantas de tu lecho se hace camino hasta llegar a la almohada y quedar contigo, no temas , amor mío. Seré yo que te envío desde mi olvidada tumba un suspiro.
SI FUERAS TAN SENSATA como bellos tus ojos, por ti diera mi vida, el alma y…, en fin, todo.
ROTO EL CERCO DE LA MONOTONÍA,
busqué con ansia lo descocido, y al poco tiempo de haberlo vivido, volví a añorar lo que antes conocía. Me fue peor lo que mejor parecía.
¿DÓNDE PONGO MI CORAZÓN?,
¿dónde mi corazón de poeta? ¿Lo prenderé de una flor?
-La flor es bella, pero al punto marchitan aroma y color.
-¿Y si lo poso sobre el río de límpido líquido andador?
-No; sus aguas pueden llevarlo a las lagunas del hedor.
-¿Y si lo llevo hasta altamar en una bella embarcación?
-No; las olas pueden hundirlo. No; no lo lleves; no, no. ¿Y si lo llevo a la alta cumbre para que lo cuide el pastor?
-¡Sí, si, llévaselo ,llévaselo! Te lo colgará de una estrella bajo el auspicio de Dios. Y pues que perdido estoy, Señor, en mi mar de confusiones, toma Tú los remos de mi barca
LA HERMOSA MIRIAN se paró a mi lado y al punto sus ojos me estaban mirando. “Amigo, me dijo como suspirando, me abrasa el deseo de estar en tus brazos”. Ay mi despertar de aquel sueño grato, cuando más intenso era nuestro abrazo. FUI MAQUINALMENTE HACIA ELLA y a su lado me senté sin ninguna mala fe… Cuando una mujer es bella, un paria como yo, ¿qué…?
-¿ QUE ME DARÁS MIL BESOS si consigo contarte un cuento en cinco versos?
-Era una moza fermosa cual Fermosa la Farina que amasaba en la cocina. El Rey le trajo una rosa. Qué bien. La fizo su esposa.
PÁGINAS DE REVOLTIJO POÉTICO.
¿QUE SABES HACER POESÍA con las riendas de la prosa? Cuánto te envidio, poeta, pues esa es la más sonora.. que está asociada con críticos quienes sólo cuentan letras sin importarles lo que dice el conjunto del poema.
TENGO EN MI PECHO mis dos montañas. -Quién fuera niño para escalarlas.
NOCHE DE INSOMNIO
Me seduce esta hora en que todo duerme porque gozo el mutismo del silencio; porque admiro el paisaje que ilumina la bronceada luz de la luna. Mi pensamiento va consciente -sin nada que lo guíe- por la senda de los sueños. Si me acuesto y no duermo, tomaré pluma y papel y me hundiré en la noche de mis versos.
DEJADME SOÑAR en un mundo que vive; en un mundo que ama la libertad. Dejadme soñar, dejadme soñar.
SI ALGUNO TE LLAMA LOCO, se firme con tu locura dejando que se deslice por donde quiera tu pluma.
ESTUDIANTE REBELDE.
No sé si sé, ni me importa saber si sé escribir. ¿Para qué el orden lógico ni saber si una coma se pone aquí o allí? Escribo como escribo, a que salga lo que salga. Esto sí sé que así. Y puesto que siempre he sabido que mis lectores me entienden, ¿por qué cambiar mi escribir?´ Y los que estéis estudiando, no os fijéis en cómo lo digo, son en lo que quiero decir. Que sean vuestros maestros quienes me pasen a limpio… si me saben corregir.
MUCHAS VECES ME PREGUNTO si cuando yo muera, morirá un poeta. Es tan extensa mi fantasía, que ya no sé si soy mortal o sólo poesía. Pues caminando voy día y noche y siempre veo que el día es todo noche y la noche todo día
NO EXTRAIGAS DEL DICCIONARIO sinónimos que embellezcan, que a lo peor entorpeces tu inspiración de poeta.
MI MENTE REVUELA en derredor de lambes. No quiero meterla en sus regazos de espuma. Mis pensamientos son tan delicados, tan frágiles, que hasta dudo de no encontrarme con mis dudas. mis temores siempre han estado en las alturas.
CUANDO EL ECO DE TU LLANTO resonaba en mis oídos... ¡Ay!,¿por qué no lloré contigo? Hoy quisiera llorar en tu regazo. Volver a ser receptor de tus besos; Pasar mis dedos por tu inmaculada frente; reposar en la calma de tu cordura… Hoy arde mi amor en dedeos de tu placer… Permíteme al menos imaginarme que me perdonas.
Cual si leve lluvia resbalara sobre mis mejillas, así tus lágrimas resbalaron sobre el tuétano de mi alma impasible
Pero ya ves: hoy quisiera volver a ti. Saber si aún suspiras cuando nos vemos; si aguardas impaciente mi regreso; que ardes en deseos de tenerme Tu, de quien jamás escuché un reproche... Ni siquiera me exigiste que te amase. Si pudiera romper tu sueño con un gesto de mi sombra; si pudiera abrazarte con la mirada; si pudiera atraparte con lágrimas de mi llanto... ¡Ay, cómo te paseas por la alameda de mi mente; cómo te paseas, ¡cómo te paseas...! Hoy suspiro al escuchar tu nombre. Si pudiera enmendar lo pasado... Escucha la voz de mi alma. Ella te dirá lo que estoy sufriendo. Si no estamos juntos... qué triste mi soledad. Llegará el otoño ¿y no estarás conmigo? ARDE EN MI PECHO UNA HERIDA de amor intenso, de esperanza vana, sensible al dolor, dolor que duele en lo profundo del alma. Te miro en silencio, sosegado, mientras mi llanto se desborda por los pliegues de mis ojos...
(Yo quisiera obsequiarte un cielo sereno.)
Ya presiento el despertar de mi inconsciencia. Mi inconsciencia clavó sus garras en mis recuerdos como burlándose de mis pesares... Ruego a mi mente que olvide aquellos sueños míos de feroz batallar. Desecharé para siempre mis recuerdos. Dejaré que se cubran, que se tapen por sí mismos hasta que esta herida empieza a cicatrizar
(Busco la calma para mis sentidos.)
Madre:
Por el balcón se nos fueron las dos “joyas” de la casa. Eran dos niñas preciosas: Morena una, la otra blanca. Sus trenzas fueron culpables, al lanzase como escalas a las manos de dos jóvenes trovadores de guitarra: Uno arañaba las cuerdas mientras el otro cantaba. Padre:
Y yo, como padre de ellas, las seguí por las retamas. Ya eran cuatro enamorados. Dime tú ¿quién los alcanza? El amor tiene dos alas.
DEFENDAMOS NUESTRO IDIOMA con la pluma castellana. Tanto turbio neologismo se ha colado en nuestra casa, que si poetas y escritores no conseguimos limpiarla, en un tiempo no lejano, nuestro habla será una KK.
¿SABES LO MÁS DIFÍCIL para cualquier escritor? Que le entienda todo el mundo y no sólo el profesor.
TÚ ERES MÍA, mi amada, como el aire fresco que trenza las espigas doradas. Agua limpia y cristalina de la fuente templada. Cuando bebes de ella. orgullosa el agua y endiosada, sonriente se ingiere alegre por tu garganta.
Calor en tus canales. de materia blanca. venas que conducen rojo líquido que mana de un corazón que ríe como la fuente templada.
Sangre y agua que en atildado trasiego alambicadas pasan. Así somos tú y yo, mi amada, en cuerpo y alma.
TAN PRONTO ASOMA EL DÍA confirmo mi alivio al lavarme los ojos con luz de la mañana Su aroma es… (¿Quién tiene una pluma de describir aromas?) Miro por la ventana hacia el Este y explayo mi vista en la inmensidad de su horizonte. Qué vergel de sensaciones al bañarme todo con reflejos del alba. “No soy amante de la noche”. Yo he nacido para el día, día, día… Siempre a la luz del día. “No soy amante de la noche” GERARDO DIEGO (de viva voz)
MI MENTE REVUELA en derredor de las nubes. No quiero meterla en sus regazos de espuma. Mis temores son tan delicados, tan frágiles, que hasta dudo de no encontrar con mis dudas. Mis pensamientos siempre han estado en las alturas.
TE ESPERÉ TODA LA NOCHE
¿Qué camino tomaste, amada mía? A la intemperie de la noche fría te estuve esperando, pero no venías. Si hablara la luna, que me hizo compañía… Yo, temblando; ella ..., de espía Una estrella fugaz se transportó a sí misma. Iluso de mí: creí que a buscarte iba. Pero no; se escondió como luciérnaga herida. Te esperé toda la noche, amada mía, toda la noche esperando, pero no venías. La luna y yo solos nadie más había al relente frío de la noche fría. ELEGÍA (A mi esposa)
Sin matalotaje en tu navío te me fuiste para siempre. Al verte partir entre luces de cirios… ¡Ay, me bebí de golpe todo mi llanto! Fuimos unidos por el mismo beso, atrapados por el mismo abrazo, heridos en la misma herida, embriagados del mismo llanto. Hago mío el derecho de invocar tu ausencia compensando las penurias de tus últimas noches, cuando en mi regazo reclinabas la frente y tu lánguido susurro semejaba el rumor de las ánimas… Y al punto que entre mis manos se ensortijaba tu pelo, éramos una fusión mezcla de llanto y suspiro. (¡Ay del amor incomprendido bajo la estela de su sentir!) Los umbrales son testigos de nuestros besos al reflejo de la luna. Querida de mis sueños, seguiré amándote cuando todos te olviden. Daré con la clave de amarte a distancia. Mis labios rozarán tu alma, y los cuencos de mis manos se llenarán de cosas nuestras. Hago mío el derecho de saber tu otra vida, de fundir tu espíritu con mis lágrimas. Adiós, adiós…; pero hasta pronto. Espérame en tu navío, compañera, compañera. |