Vaya, basta con que desee fervientemente enmendar mi rumbo y abandonar el sendero de la perdición interior (las vísceras necesitan cuidados y cariño), basta con empezar a otear nuevas esperanzas, nuevas luces, insospechados horizontes, basta con pisar con timidez una nueva realidad para que todo se deba aplazar algún tiempo más; las recaídas suelen desgastar, pero no es mi caso. Hemos quedado con Jesús para tomar algo por el barrio. La idea es ir al Piérolas a comer unos langostinos y tal. Y así sucedió. Del Piérolas al Batzoki. Chorizo rico, croquetas decentes... y una colección de blancos y tintos. Al regresar a casa dejamos al poeta más grande que vieron los siglos ante la puerta de su portal, con un ligero e imperceptible balanceo fruto de... de? jajajaja Nosotros continuamos el festejo en el calor del hogar. No pienso entrar en detalles, uno es un caballero. Sólo reseñar que al amanecer el caldero interno de Raquel borboteaba inclemente sobre el esmaltado porcelánico, sin espíritu festivo ni exaltación épica. No digo más. Pero bien, mucho perejil, poco vino tinto: mucho mejor, más suave, más humano... jajaja
[a continuación un caso único en la literatura mundial...]
POEMA MONOSILÁBICO… (… salvo la última palabra.)
-Me fui a la mar y al dar la luz del sol en mi faz, el dios de la sed (con su don del mal) sal del mar me dio en vez de ron. -¿Y qué más te ha de dar si en ti no hay fe en el Dios del Bien? Fe?, ¿y qué es fe? ¿Ver lo que no ve? tal, mas sí creer.
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