martes, 20 de mayo de 2003
mañana a las 10:30, encontrándome sentado en una sala cuyas mesas estarán saturadas de revistas y periódicos, una voz dulce me llamará por mi nombre, yo me levantaré, la seguiré y me postraré mirando al cielo, la musculatura contraída y sudorosa, las manos como garras, y en el rostro una sonrisa forzada y mi yo-que-no-soy-yo parloteando «¿qué me vais a hacer hoy? ya no lo recuerdo», y unos ojos grises mirándome a menos de un palmo pronunciando palabras de mal augurio «una caries en el premolar no-sé-qué», y entregándome a todo ello con resolución vencida |


