es tradición familiar llenar el buche de alimentos ricos en grasas el último domingo de mayo ¡¡¡ qué bonita costumbre !!!
así que ahí me tienes: dispuesto a defender contra viento y marea mi virginal estado estomacal de los últimos tiempos, tan esforzados y perseverantes en la virtud alimenticia (o in-alimenticia o ab-alimenticia o de-alimenticia o como sea)
lo dicho: ensalada mixta (¿mixta?... será por la unión contranatura del atún y la lechuga, o del huevo DURO, el PEPINO y la CEBOLLETA), merluza con pimientos rojos (sí, ROJOS), postre... de postre nada, pero vino tinto... musho vino tinto y musho pacharán con hielo
y la family: ya sabes, te lo imaginas, que si «jolines, flissbis, qué guapo estás, y qué delgado», que si «huy, que flaco te has quedao, tienes que tener cuidado, hay que comer más» y esas cosas
y yo: abrumado por ese sol que me ilumina y me calienta la piel, por esa fina lluvia de primavera que me hace resbalar por los pasos de cebra, por ese vagón inoxidable del metro que se desliza a mi lado en silencio, por esas chicas jóvenes que tralarítralará, abrumado y complacido, porqué negarlo, feliz por estos días de vino y rosas que transcurren cuesta abajo, que se deslizan con suavidad por la pendiente de la historia, que se desgajan como flores marchitas y juguetonas, feliz por estar allí, por poder volver a estar, por estar con todos, por sentirme así de solo |