 confieso que he pecado confieso, sí confieso; pero mañana me levantaré al alba y, sin dejarme re-arrastrar al calor del lecho, volaré como pájaro liberado a las calles, húmedo y caliente, a las calles de esquinas adornadas con vómitos de colores, a las aceras en las que florecen los envases de PVC y los vasos de tubo biodesagradables sí, me confieso culpable de abandono en primer grado me confieso: he faltado a la cita de las zapatillas amortiguadas y los calcetines de algodón, he dado plantón inexcusable a mis pacientes admiradores de las avenidas, han quedado secos y aromáticos en el cajón la camiseta sintética y el culotte que siempre se ajusta con cariño a las nalgas y los muslos [y ahí también] y todo, tanto, ¿porqué? todo por desprender calor y fuego por los poros de la piel, todo por sed todo por pereza de verano... |