¿quién dice que yo no pueda colocar mi corazón en la zona más profunda y oscura de la cámara hiperfrigorífica y definir durante una parte de mi vida un mundo personal ajeno a las emociones más dulces, vivir impulsado por fuerzas mecánicas, construir un futuro a base de materiales sólidos como el granito, fríos como el hielo, pesados como una losa mortuoria, y alcanzar metas cargadas de oro y billetes de curso legal, lograr victorias pírricas en los despachos de aquellos que renunciaron siendo casi niños a sentir y a amar, a entregarlo todo a cambio de nada? |


