 Ingredientes
Para 4 personas
10 huevos (si son muy grandes, 8) 1 patata grande 100 g de espárragos verdes sin la parte dura del tallo 1 cebolla 80 g de miga de pan 200 ml de aceite de oliva 1 cucharada de perejil picado Sal
Preparación
Cortar las yemas de los espárragos con un cuchillo. Cocer los tallos en agua hirviendo con sal unos 2 minutos. Añadir entonces las yemas y cocer todo uno o dos minutos más. Tienen que estar hechos pero firmes, conservando el color verde vivo. Pasar por agua fría, escurrir, picar en trozos medianos y reservar.
Cortar la patata en cuatro o seis trozos, y después en cada trozo en láminas no muy finas (unos 2 o 3 milímetros. Picar la cebolla.
Freír ambas cosas en una sartén con el aceite a fuego medio, hasta que la patata esté hecha. Subir el fuego para que se doren ligeramente unos dos minutos. Sacar del aceite con una espumadera, salar y reservar.
Desmenuzar en trocitos la miga de pan y freírlos unos segundos en el aceite bien caliente, con mucho cuidado de que no se quemen. Simplemente tienen que coger color dorado, sin tostarse demasiado. Sacar a un plato con papel de cocina.
Batir los huevos y salarlos. Añadir los espárragos, el perejil y las patatas con cebolla.
Poner a calentar una sartén antiadherente con un chorrito de aceite. Cuando ya esté caliente, añadir el pan frito al huevo, mezclar ligeramente y verterlo a la sartén con rapidez para que el pan no pierda del todo el crujiente.
Dejar que cuaje por un lado entre uno o dos minutos, darle la vuelta con un plato, y repetir el proceso. Es importante que quede cremosa por dentro: si no, será un mazacote. Servir y comer inmediatamente.
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