 Para que el plato salga bien hay dos cosas primordiales: primero, escoger un buen tomate -uno con un conservante que le dé mucha acidez puede estropear el plato, aunque podría corregirse con una puntita de bicarbonato o azúcar-; segundo, dejar que éste se confite hasta agarrarse ligeramente, pero sin llegar a quemarse. Esto nos obligará a tener que estar un poco pendientes de la cazuela, pero el resultado vale muchísimo la pena. Como todos los guisos, de un día para otro está aún más bueno (y además soporta la congelación estupendamente).
Ingredientes
Para 6 personas
1,2 k de cabecero de lomo en dados de unos 3 cm 1 k de tomate triturado (natural o embotado de buena calidad) 2 cebollas 1 hoja de laurel 75 ml de aceite de oliva virgen extra 150 ml de vino blanco seco (un fino o un generoso como la manzanilla Sal Preparación
Pelar y picar las cebollas. En la cazuela en la que vayamos a preparar el estofado, poner el aceite a fuego medio y dorar la carne. Retirarla y, en ese mismo aceite, rehogar las cebollas durante unos 12 minutos. Añadir la carne, el tomate, el vino, la hoja de laurel y sal al gusto. Bajar el fuego al mínimo y cocinar destapado durante unos 45 minutos, dando vueltas un par de veces durante el proceso. A partir de aquí, y dependiendo del nivel de evaporación del tomate -dependerá desde del tipo de tomate hasta del tamaño de la cazuela-, hay que vigilar el guiso más de cerca. Cuando el tomate y el aceite se separen, seguir cocinando -removiendo lo justo y con mucho cuidado, para que no se deshilache- hasta que el tomate se haya caramelizado, esté dulce y espeso y empiece a agarrarse al recipiente. Servir con patatas fritas, arroz o un buen pan de hogaza. |