ese feroz y fugaz entornao de ojos, como si hubiera un foco apuntando a tu cara, pero que de foco nada, que es cosa de los efluvios del néctar de la verdad que te corroe el pensamiento y te lleva por esas calles complicándote la vida y haciéndote creer que todo puede derivar siempre hacia peor... aunque por suerte al final eres capaz de escuchar de entre el tumulto de sandeces a esa vocecilla que te anuncia alegremente que también es posible que el día se aclare y que el sol ilumine el colocón egregio del que no deseas salir para nada |


