 Es viernes. El cielo está limpio, sin nubes, el sol luce espléndido. Hace frío, mucho frío. Es mediodía cuando metemos nuestras maletas en el coche y partimos felices hacia Cascante, dejando atrás todos los malos rollos familiares y todos los cansancios y todos los obstáculos que la vida pone en el camino hacia las buenas vibraciones, o algo así. En el área de servicio de Logroño de la AP-68 paramos a tomar una CocaCola y a comer de tapadillo unos bocatas de tortilla de chorizo de los míos. Son las cuatro más o menos cuando llegamos a Cascante. Nos recibe Maica en su casa Pinilla, sonriente y acogedora como es ella. El apartamento está tal cual lo recordaba, y el precio, 55 euros la noche, mucho mejor de lo que lo recordaba. Cogemos los trastos y vamos caminando al Termolúdico de Cascante. Voy preparado con un par de candaditos chinos, para el cierre de la taquilla, y de 38 euros (19 por cabeza) para la entrada. Un relax intenso, un masajeo muscular siempre bienvenido y una especie de ensoñación producto del escenario visual... ese Moncayo seminevado asomando al fondo del horizonte, ese mar de olivos, esa luz mortecina del día que se apaga y que anuncia la noche. Una maravilla el Termolúdico. Y después del SPA? Pues... Mesón Ibarra y sus menús de verduras. Ouhhh jejeje. Cogollos, cebolletas en tempura, pencas rellenas rebozadas, menestra, y de todo qué rico madre mía!!! Y a descansar, mañana nos esperan momentos aventureros por las Bardenas Reales de Navarra. |