 Voy recorriendo lugares de culto en el Santutxu profundo, voy caminando y voy arrastrando este cuerpo fatigado tras una hora con Maite y mis piernas y otra hora encaramado a la elipse diabólica, voy con la mirada fija en el horizonte de esas cosas que se hacen porque si no se hicieran esas cosas no se sabrían qué cosas hacer... He comprado dos piezas de Presa Ibérica en el minicomercio de ibéricos de la Plaza de Noséqué, en donde siempre. 33€. Me he dirigido al BM de Zabalbide y en el camino me he encontrado de sopetón con Ana Revuelta, vaya, media hora de charleta; tiene buena conversación, sí, me ha informado que su hijo, 34 años, sigue viviendo y trabajando en Asturias, vive en Gijón y trabaja en Llanes y Ribadesella, ocupado en tareas de personal para las Carnicerías Noséqué, ésa que tiene una tienda en la plaza de Llanes, bajo los arcos. Y todo eso. Que su madre, que vive en Santander tiene 97 años!!! Etc etc etc Pues al BM. He recorrido los pasillos cogiendo cosas de aquí y allá. Cervezas y leche de soja. Y tal. Y ya en casa me he dedicado a las tareas cotidianas, tareas como preparar la comida, como hacer y colgar una colada, tareas como estar en todo momento pendiente de Raquel, de su estado de ánimo, de su tristeza y de su alegría y de que no cayéramos otra vez en el abismo de alcohol, en ese refugio maldito que ni refugia ni protege ni soluciona nada. Después de comer, Raquel ha salido a airearse. Ha regresado a las siete; ha perdido el foulard... Y la cena, lechuga, cebolla, aguacate y atún en escabeche. Y las programas de reformas en el hogar. Y las series en la cama. Y dormir soñando cosas enrevesadas, siempre en Soria. Maldita Soria. |