 Ha sido éste un día tan intenso, tan repleto de sucedidos y emociones, que cuesta empezar. Lo mejor es proceder de modo secuencial, siguiendo con mimo la línea temporal de los acontecimientos. Madrugada. Jesús ataviado con pijama y bata de cuadros aporreando timbres y puertas, molestando a Aintzane y a Ima. Terminando en la cama arropado por Ima. Mi teléfono registra 2 llamadas bloqueadas sobre las 4.05. A primera hora de la mañana registra 4 llamadas a las 10.15 y 10:16. A continuación vuelve a tocar frenéticamente el timbre del portero automático y al poco aporreando la puerta con furia. Raquel le abre y Jesús avanza por el pasillo farfullando incongruencias con la indisimulada intención de colarse en casa; yo no puedo consentirlo y me planto ante él y le digo «tú aquí no entras, fuera». El poeta se gira y sale al rellano murmurando bobadas del tipo «me estoy muriendo, queréis que deje de vivir, clavarme un puñal, acabar de una vez bla bla bla». Le echamos al ascensor. Sin pausa posible salimos a la calle con la idea de caminar por el parque y el puente de la Salve etc, improvisando. Casualmente vemos al moribundo que entraba en su portal con el periódico bajo el brazo; no muy muerto sin duda. El garbeo? lo mejor del día. Regresamos por Ledesma, Raquel quería comprar unas palmeras de chocolate para postre y una carolina para Terín, que habíamos quedado con ella a las 13:30 para felicitar el cumple. Y sí, con Terín en el ErrondaBerri charlamos y charlamos de Jesús etc. Agotador. Ima nos llama y le dice que les esperemos diez minutos, que quieren acercarse a darle a Raquel su regalo de cumpleaños. Los diez minutos se convierten en treinta y yo me harto «vamos a casa, que se pasen por allí». Nos les encontramos en la calle, nos dan la caja de trufas de Arrese y nos vamos a casa. Y empieza lo bueno. Tenemos bien organizada la comida: pencas de la OKA, presa ibérica con patatas al horno y palmera de chocolate de Arrese. Apetitoso todo. Pero las cosas comienzan a torcerse cuando suena el videoportero: allá está la jeta de Jesús con expresión desaforada pulsando sin pausa el timbre; así que opto por bajar el volumen al mínimo, al cero, para dejar de oirle, aunque permanecemos pegados al pequeño monitor del telefonillo, por el que le vemos actuar. De repente vemos que se deja caer al suelo gimoteando. Varias personas acuden en su auxilio. Él gime y vocifera «están en casa, no quieren abrirme». Parece ser que está con el cuento de que no le queremos recibir etc. Hasta es posible que les haya dicho que viene a recuperar el dinero que le hemos robado... El caso es que como no contestamos, esas personas le sugieren sentarse en el banco de frente a la inmobiliaria para que se recupere del telele. Y al poco observamos por el videoportero que ha llegado una ambulancia. Los ambulancieros se ponen con él; Jesús no para de gemir, en un volumen tal que se le escucha desde el portero ¡!. Nos tocan el timbre pero no contestamos, sólo observamos. Poco más tarde llega la Ertzaina. También tocan el timbre. Tampoco contestamos. Unos minutos después los Ertzainas pican en la puerta. Les abro. Y, bueno, les cuento apresuradamente todos los detalles y pormenores más significativos del contencioso y trato de hacerles ver que en esta situación las víctimas somos la familia y no él, que él es un maldito canalla farsante, que lo único que le pasa es que está furioso porque no le han salido sus alocados planes como él preveía y se está dedicando a joder sin control... aunque finalmente el gran perjudicado sea él mismo. Y la policía nos ha resumido su conclusión: «ustedes son adultos, él es adulto, ustedes no quieren recibirle y él tendrá que aceptarlo, no hay más». Yo les he intentado hacer ver que esto no se va a acabar así, y que seguirá en la misma línea improvisando maldades y mierdas. Los ambulancieros se llevan a Jesús a casa. Una hora después estamos tumbados en la cama intentando conciliar una siesta, muy necesaria por cierto. Pero he aquí que vuelven a aporrear la puerta. Es él. Yo tengo clarísimo que viene a por el dinero que el día anterior nos había entregado compungido para que se lo guardáramos y tal y cual y pascual. Claro, como no habían funcionado sus tácticas para dar pena, pues ha decido cambiar de registro y regresar a por la pasta. Y le abro la puerta llevando en la mano el fajo preparado. Me lo encuentro en una actitud radicalmente diferente. Está desafiante, vocaliza perfectamente. Antes de que pueda decir palabra le paso el fajo diciéndole «toma tu dinero». Se queda un instante como indeciso y intenta avanzar hacia dentro diciendo un poco incoherente «quiero hablar con...», pero le corto en seco y le digo «tú aquí no entras» y le empujo suavemente hacia el rellano, se me encara y me grita «tú quién eres para echarme de casa de...» y le vuelvo a cortar la frase, esta vez cerrándole la puerta en las narices. He mirado por la mirilla y se ha ido tan pichi al ascensor. Hasta ahora. Pufff, movida movida movida. Y que conste que me he dejado muchos pequeños pero jugosos momentos en el tintero, tremendos momentos, tremendas actuaciones, de Goya, de Oscar. Seguiremos informando. |