Es lo que tienen los jueves: acaparan los acontecimientos, todos los acontecimientos, los buenos, los regulares y los malos.
El día comienza mal, fatal: Putin da la orden de ataque y sus ejércitos inician la invasión de Ucrania. Qué nos deparará semejante decisión? Seguramente nada bueno. Nos tenemos que limitar a esperar y ver. Por mi parte, ha acelerado los planes de acumulación de efectivo; esta tarde hemos sacado 1000€; yo creo que es una idea acertada, es más, creo que es una iniciativa a la que hemos de dar continuidad, apartando efectivo cada equis tiempo y dejándolo a buen recaudo en casa, lo cual hace que busquemos un lugar seguro para ello... Pendiente...
El día continúa con el asunto «andamiaje». Este mediodía los currelas han comenzado a colocar andamios en la zona trasera del edificio, para dar arranque a las tareas de reparación y adecuación de nuestra terraza, etc. Se nos avecinan incomodidades, pero el fin era éste, era el aprovechar que están reparando los patios y colocando andamios para reparar lo nuestro. Muy bien, pero muy incómodo.
El momento álgido del día pudiera haber sido el funeral en Arrankudiaga, de no ser porque le ha quitado protagonismo el ruso Putin. Finalmente hemos ido en coche; un acierto por cierto: no circulaban los trenes por algún problema técnico. Aparcar en Arranku no ha sido tarea fácil; el pueblo estaba abarrotado, muchos seguidores, muchos curiosos, pocos dentro del templo. Ima en su salsa, como era de esperar. Nosotros haciendo el papelón con discreción. en cierto momento se nos ha pegado firmemente el Juanjo Murciano. Ah, el otro Murciano ha roto el Ford en Mondragón y ha conseguido protagonizar la tarde muy a su particular estilo; es un fenómeno. Así que hemos terminado el día en el Jarritas, los tres alrededor de una mesa y sentenciando el futuro con un cañón en la mano. La noche plagada de retortijones y pedos. El amanecer adelantado tres horas y varias visitas urgentes al excusado, móvil en mano, satisfacción in vitro.
Y no tengo nada más que contar.
Nota Tachón.- Su problema del miércoles con el coche, que le dio guerrilla con alarmas variadas, se solucionó con un reseteo a la electrónica que le costó la ridícula cantidad de 36€. Qué bueno. Ya se sabe que al peque los temas económicos le perturban, como es lógico y general. Y ya. |