Irati y Rubén
miércoles, 06 de abril de 2022

Irati y Rubén. Palabras para recordar un miércoles de abril.
Hace frío. Los andamios todavía ondean fuera, donde las ventanas muestran el polvo de las viejas calimas y el desastre que avanza hacia nuestras adormecidas entrañas. Las posibilidades sí existen; pero a quién le importa esto, mejor dejarlo ir. Cierto, conocer el buen camino no es la solución que buscamos. Cierto, el conocimiento no es la salvación. O quizás sea que la salvación es una idea insensata, un fin para el que no son necesarios los medios que nos promocionan los maestros del fin del mundo. Que se derrumbe el edificio que tan torpemente hemos construido puede que no sea sino el principio de algo que no sabemos concebir.
La reacción ante el peligro varía en función de la distancia; es una de las leyes que Newton dejó en esbozo, quizás porque no daba con las variables y las constantes. En estos tiempos que me está tocando vivir es fácil percibir que la teoría está ahí, palpitando con fuerza, como queriendo romper el huevo de la ignorancia. No saber no es garantía de nada; maravilloso argumento que sirve para una cosa y para la contraria.
Yo confieso que estas noches de vigilia, cuando me sumerjo bajo las sábanas y busco argumentos dulces que me inspiren un buen dormir, cuando dejo libertad a mis pensamientos para encender mundos que no conocen la moral ni los infinitos caminos que van desde el bien hasta el mal, estas noches me dejo llevar a un escenario azotado por la guerra, la verdadera, la que mata y la que te deja seco, la que te mata de hambre y de sed, la guerra que te retuerce el cuello y termina con toda tu provisión de lágrimas, la que anula las palabras y olvida y paraliza.
En ese escenario, me pregunto, cuál pudiera ser mi papel, cómo me movería, hacia dónde. A bote pronto, mi voz interior, la que no calla nunca, me dice «huye, sobrevive»; recuerdo haber estado en una tesitura muy remotamente lejana un día de febrero, acurrucado sobre una litera junto a un tipo de Guadalajara, escuchando inquietantes noticias en un transistor a pilas, y pensando «he de escurrir el bulto, volverme invisible y alcanzar una frontera, campo a través, por senderos de montaña, lejos de todo, alimentado por raíces y agua de los arroyos y del rocío de la mañana...»; aquellos momentos eran de clarividencia, quizás, pero también eran momentos de buenas piernas y corazón ardiente, de confianza plena en mis capacidades, eran tiempos a los que mi voz interior no estaba dispuesta a renunciar; ahora no es lo mismo, o sí...
La sensación es que siempre vamos caminando envueltos en la niebla sobre el filo de una navaja y que de cuando en cuando el viento de la historia disipa la visión y nos muestra con frialdad lo inestable que es nuestro deambular por el mundo y lo cerca cerca cerca que estamos de caer en el abismo de la muerte... de la muerte. Por suerte la niebla siempre regresa y podemos continuar nuestro camino con la indiferencia que da la ignorancia.
Y ya no quiero decir más acerca de la devastación que sentimos cada vez más cerca y que somos incapaces de evitar...
Ni nada más que tenga que ver con la guerra de... con la guerra de siempre.

#guerra

© Zalberto | enero - 2026