 Carrie Fisher sufrió un infarto el pasado viernes 23 de diciembre en un avión que venía de Londres, Inglaterra, hacia Los Ángeles, California. Estuvo internada en un hospital de California y este martes murió. En un comunicado difundido por el portavoz de la actriz y avalado por la familia, Simon Halls, expresó: “Con gran pesar Billie Lourd confirma que su querida madre, Carrie Fisher, falleció a las 8:55 de la mañana (hora local de Los Ángeles, California). Fisher era muy querida en el mundo y nadie la echará de menos. Toda la familia agradece las muestras de cariño y las plegarias”.
Estoy de acuerdo con lo que escribió mi camarada cineasta moreliano Alberto Zúñiga sobre Carrie Fisher: “De Leia aprendí que las verdaderas princesas son inteligentes, solidarias y guerreras, eso las hace más hermosas”. Por su parte, el escribano Dionicio Munguía señaló: “Podrá no gustarte la saga de vaqueros interestelares, pero fue un referente generacional, ni quien lo dude”. El percusionista de Puerquerama, José Antonio Martinez, “El H”, fiel seguidor de Star Wars no sintió malestar, ni pesar por este deceso, porque para él es más importante el actor británico de 81 años David Prowse, otrora campeón de halterofilia, conocido por desempeñar el papel de Darth Vader en la saga original entre 1977 y 1983.
Como muchos saben, Carrie Fisher interpretó a la Princesa Leia en cuarto de las películas de la saga: Una nueva esperanza (1977), El imperio contraataca (1980), El retorno del Jedi (1983) y El despertar de la fuerza (2015). En todas ellas sobresalía su fortísima personalidad, su encanto y belleza sajona.
En lo personal aprecio y valoro mucho a las actrices, o cualquier ente creativo, que se atreve hablar sin prejuicios de su persona. Ella no tenía tapujos a la hora de señalar que era alcohólica y que tuvo problemas severos con drogas duras, pero sobre todo que podía salir a flote de sus vicios. Alguna vez alguien querido me dijo que tuvo oportunidad de ver su monólogo teatral Wishful Drinking en Nueva York y empezaba con la frase con la que se identifican los dipsómanos profesionales: “Soy Carrie Fisher y soy alcohólica”. Creo esa vez bebí hasta poder decir lo mismo.
Cuando adolescente disfrutaba saber de su tórrido romance con Harrison Ford, su compañero en Star Wars, porque me parecía una pareja ad hoc con los tiempos que vivíamos en los años 80. Luego me enteré que fue pareja del brillante cantautor Paul Simon, quien no pudo sacarla de los excesos, por más que le ayudó y luego partió para seguir componiendo lejos de las crisis de su amada.
Luego pasaron varios años sin saber de ella, hasta que llegó a mis manos, a principios de los años 90, la película de Woody Allen Hannah y sus hermanas (1986). La verdad me quedé dormido por cansancio y no la vi completa. Me gusta mucho el cine del neoyorquino Allen, pero esa vez sí que me ganó el sueño, la pesadez laboral del entonces periódico El Nacional. Tendré que volver a ver ese filme en homenaje a Carrie Fisher.
Finalmente: ¡Que la fuerza te acompañe y hasta la victoria siempre, Carrie Fisher! |