Tirado en el pasillo se lo encuentra Raquel a media mañana, cuando hace una visita de control. Se lo encuentra caído, meado, cagado, etc. Se tira en su casa más de una hora adecentando el lugar. El poeta a lo suyo. Por la tarde nos localiza Raúl: el piso de debajo de Jesús se está inundando. Vamos para allá cagando leches. Nos encontramos al poeta tumbado en el suelo de la cocina, vestido con un pijama, sin zapatillas, mojado, meado, de todo. Por el suelo se chapotea, el pasillo está con un dedo de agua y en el baño... la causa de todo ello: el grifo del lavabo está abierto de par en par y el lavabo tiene el tapón puesto. EL agua se desborda desde el lavabo en modo catarata. Cortamos el agua y nos ponemos a recoger lo que se puede echando mano de la fregona. Raquel baja al piso de abajo y se pone manos a la faena, recogiendo agua con la fregona. Más tarde descubrimos que también está cayendo agua al piso tercero, bajo el de los padres de Raúl. Una pasada todo. Mientras, el poeta a lo suyo, intentando vestirse para ir a dar una vuelta al Arenal. Totalmente errático y flipado. Pero bueno, conseguimos que se acueste y le dejamos en la cama, con su pastillita. Y a antes de subir a casa nos echamos unas cañas en el Extremeño. Se nos enrolla un colega de allá, un chapas; pero Raquel le saca un cogollito, qué rico. Un día de locos. |