A primera hora y tras echar un café en el Voramar salimos de ruta, en modo visita guiada en clave botánica, con un grupete muy simpático. Tomamos la Vía Verde a la altura del Voramar y recorremos los senderos y aledaños haciendo paraditas cuando la presentación de alguna especia floral lo exigía. El muchacho de Itinerantur, el Chema Rabasa, un valenciano del barrio de Benimaclet, o algo así, resultó ser un guía espléndido: bien documentado, bien preparado, con un saber estar y con un gran sentido del humor que venían al pelo para que la excursión resultara ser un rato divertido y alegre. Al terminar la excursión nos dirigimos hacia el centro del pueblo a buscar los escenarios en los que estaban tocando Blues. De camino hicimos una parada para hidratarnos en la cafetería del Bonterra. Muchos buenos recuerdos. Aquello está bastante renovado; pero a mí me sigue pareciendo que en sus inicios tenía mucho más encantos. Y al Blues. Molaba mucho aquello. En la Plaza de la Constitución estaba tocando un trío, en modo Cream o similar; muy guay. Y en la Plaza de la Antigua Estación estaban dando los últimos retoques al escenario y vigilando una enorme paellera con la que se iba a dar de comer a quien pasara por allí; haciendo su cola reglamentaria. Nosotros optamos por buscar mesa para comer. Y la encontramos: en una pizzería en la misma plaza nos reservan una mesa para una hora después. Sin problema. En la terraza aledaña pillamos mesa: unas cañas y unas rabas; materiales con los que hacer tiempo. Y al cabo de la hora de espera... a comer. Alcachofas y arroz del chef. Muy bien, muy adecuado. Regreso al apartamento. Nos vestimos en modo baño playero y bajamos a la playa. Raquel tiene muchos recelos; hace muchos años que no se baña en el mar, y no por eventualidades sino porque no le hacía gracia la idea. Pero se baña, y lo goza; qué bien, qué gran cambio de actitud. Ésa es mi Raquel. Antes de subir a cenar, probamos la piscina. Se estrenaba ese mismo día. Es una construcción nueva y está hecha con mimo. Pero lo más grande fue que el agua estaba ¡¡¡calentita!!!. Maravillosa. Nos dimos un bañito reconfortante, jeje. Y una cena ligera a base de tortilla francesa y a descansar. Por cierto, esa noche Raquel durmió del tirón desde las nueve hasta las siete; impresionante. |