Lunes plácido, sin sobresaltos. A muy primera hora plantamos la sombrilla en la orillita del mar; se nota mucho la diferencia de personal entre el finde y el entresemana. Hay muy poca gente y se está de cine. Yo disfruto de un bañito en esas aguas tan cálidas y me hago mis largos y mis anchos, je. Una vez concluida la sesión playera la nerviosidad nos impide estar quietos y relajados; así que hacemos plan de ir al pueblo de compras. La idea era ir a visitar el mercado de Abastos, que en el Maps aparece en el centro, en medio del meollo de la calle Bayer; pero ha salido mal el plan: el tal mercado de abastos no existe, en donde el Maps lo señala, en realidad hay un local de hostelería que se llama Mercado Gintoni o algo así, qué más da. Pero a pesar del chasco no nos venimos abajo y nos damos un garbeo por el centro buscando negocios de alimentación. En la calle principal nos atrae un pequeño súper con muy buena pinta. Y sí, ahí compramos cuatro cosas: verduras para preparar un pisto en la termomix, una botella de vino blanco valenciano, que más tarde nos decepcionó un poquillo, y fideos para preparar un fideuá, que tiene difícil convertirse en una realidad comestible, je. Y comida preparada en casa: pisto en máquina infernal. Y paseos por la playa, y cervezas y vinacho y estar a gusto pero muy nerviosos |