 Un martes importante, Esther tiene cita a las 11 en Txurdinaga con la Asistente Social para tratar el tema de la gestión y de la digestión del Joshua; un asunto arduo y que quita el sueño a Raquel y Esther. Así que no es de extrañar que durante las primeras horas de la mañana Raquel estuviera como ausente, con el pensamiento perdido en otro sitio, como divagando y extraviado. La inquietud nos llevó a poner los trastos en la playa media hora antes de las nueve; habíamos dado previamente un buen paseo por la orilla, hasta el Torreón y hasta casi el Voramar. Reconozco que me sentía un poco ridículo, éramos los únicos que estaban "acampados" en la arena, y apenas paseaban por la orilla cuatro gatos de cierta edad y algún que otro aspirante a maratoniano. Además hacía un vientecillo fresco... Levantamos el campamento, subimos a casa y nos dispusimos a esperar a que llamara la tata. Y pasadas las once y media Raquel no pudo esperar más y llamó ella. La cita ya había concluido. El resultado? el esperado: el poeta abandonará su cama en el hospital cuando le encuentren un hueco en una residencia pública. De dineros no se habló; esto ha quedado en el aire, y es una lástima ya que es uno de los aspectos más espinosos de la película. En fin, lo importante es que el señor no va a volver a su casa y a su barrio, a sus insólitas y locas andanzas, sus recitados pasan a la historia y sus mentiras e intrigas finalizan, que todo esto no es moco de pavo... Algún recitado me da que aún hemos de gozar... Nos damos un paseo hasta el pueblo a tomar unas cañas. Después al Mercadona a comprar cosas; cosas y la comida del día, una paella preparada y una botella de cava, para celebrar. Y comimos en el apartamento la paella en cuestión y nos bebimos la botella de cava, y descansamos, y descansamos, y descansamos. |