 Día especial. A primera hora salimos a caminar por la orilla del mar, como otras mañanas aquí. En el pueblo habíamos reservado mesa para comer en el restaurante "Ciento dos", que tiene buenas reseñas en la red. Así que vamos caminado hasta el centro; echamos unas cañas dentro de unos de los bares de la calle principal... dentro porque fuera ¡¡¡rugía el infierno!!! Un día tremendamente caluroso.
La comida en el 102 estuvo bien, aunque las propuestas estaban muy subidas de precio. El propietario, o el encargado quién sabe, era un poco sarasa, con unas maneras muy elocuentes. Comimos varias cositas: unas yemas de huevo de aperitivo, unas bolitas de patata aliñadas con pimentón y una salsa, boquerones fritos en modo anchoa albardada con piparras, alcachofas con almejas, una torrija muy rica, y buen vino y copita de moscatel.
Poco antes de terminar la comida, Raquel recibe la ansiada llamada de Natalia. Las noticias son muy esperanzadoras. Natalia le dice que estén tranquilas, que todo ya ha pasado, que se va a encargar del tema, que lo de la denuncia no es tal denuncia sino una información habitual a la fiscalía, un trámite; también le dice que el poeta pasará del hospital a una residencia y que ellas no van a tener que hacerse cargo de nada. Habrá que ver cómo evoluciona la historia y, sobre todo, habrá que ver quién se hace cargo de los gastos de la residencia; esto aún presenta sombras un poquito bastante inquietantes; se verá. Lo cierto es que la llamada ha llegado en un momento providencial, cuando nuestras vacaciones ya comenzaban a resultar demasiado penosas y tristonas; el cambio de paradigma ha dibujado una sonrisa en los rostros del famulio. Grande Natalia, merece un monumento.
El vino un Can Aumoi PERFUM 2021.
De regreso al apartamento hacemos parada en el bar del Camping Bonterra para echar un gintoni y celebrar el cambio de tendencia en la situación administrativa de la poesía épica. Y al apartamento a hacer el vaguete, que el día siguiente tocaba viaje de casi ocho horas: Benicassim - Órgiva.
Nota Jesús.- Un día especial, marcado a fuego por la llamada de Natalia en la que calmaba los ánimos de la familia y confirmarnos que ella se hacía cargo del asunto y que estuviéramos tranquilos que el rapsoda tenía su destino ya decidido: del hospital a la residencia con todos los gastos pagados por el Estado; aunque este matiz último es cosecha mía, cosecha fruto de mis deseos. Se verá qué pasa finalmente, pero las perspectivas han mejorado ostensiblemente, y Raquel y Esther están mucho mejor, más tranquilas y más optimistas. |