 Sábado, toca preparar el equipaje para emprender cambio de morada de vacaciones: pasando de Benicassim a Los Cortijuelos en Órgiva. El día se anuncia en los medios como muy tremendo, acalorado y asfixiante; así que la idea es madrugar, hacer las maletas, cargar el coche y salir pitando, antes de que el sol ponga el asfalto de las carreteras a punto de caramelo pegajoso. Es lo que hacemos. A las 8:40 arrancamos el Lodgy y emprendemos viaje. La ruta nos lleva por las afueras de Valencia, por las afueras de Murcia, por las de Lorca y por la Hoya de Baza, para finalmente tomar la circunvalación nueva de Granada, la A-44, y hacer el recorrido clásico hasta llegar a Órgiva. Hacemos una parada para comer en un bar de carretera ubicado entre Baza y Guadix. Nos atiende una muchacha muy dispuesta y eficaz. Nos comemos un salmorejo que más parecía un gazpacho, muy rico, y un secreto a la brasa cojonudo. Y por 10 euros el menú, ya te digo. Llegamos a los Cortijuelos a eso de las cuatro y media. Saludamos a Paqui, que estaba en casa vigilando la siesta de César; José Antonio estaba limpiando la acequia. Y aterrizamos en Los Cortijuelos con unas ganas tremendas de descansar y disfrutar, por fin, de las vacaciones. Y nada, tras vaciar el coche y organizar lo mínimo los trastos, nos damos nuestro primer chapuzón de la temporada orgiveña: el agua deliciosa y el silencio y la paz... memorables. Un día intenso, vivido sin contratiempos ni inconvenientes. Mi deseo es que el resto de días en La Alpujarra transcurran en calma y moderada fiesta; lo de moderada creo que va a ser difícil, jajaja. |