 Mi plan para el martes era darle una lavadita al coche y poner una colada con mis camisetas y pantalonetas importantes, lo más usado. Y así lo hice. Pero... Murphy tenía también sus propios planes... Y el martes, aunque amaneció con nubes y frescor, nos sorprendió con lluvia, truenos, chaparrones y... polvo en suspensión, mucho polvo en suspensión. Vamos que al ratín de terminar de dejar el coche como la patena y de dejar la ropa bien puesta en las cuerdas a secar, al ratín digo, se puso a descargar agua y polvo, leve barrillo que dejó el coche más sucio de lo que estaba y la ropa suspirando por pasar de nuevo por la lavadora. Todo un éxito de programación laboral... Y como el día no acompañaba para otra cosa que estar en el cortijo en modo tranquilo, pues decidimos preparar un arroz al estilo nuestro y descansar con nuestras movidas. Y también así se hizo. Y ya por la tarde nos dimos nuestro imprescindible baño piscinero y cuando nos disponíamos a cocinar la cena, unas tortillas francesas, apareció José Antonio para pasar un rato con nosotros y que degustáramos unos vasitos del vino de este año, del suyo; y lo degustamos, toda la botella de litro y medio, y hay que reconocer que no estaba mal, se dejaba beber. También hicimos planes para los próximos días, sobre todo quedamos en reparar la mosquitera de la ventana de la cocina, que es como muy necesaria; ya veremos cómo damos solución al asunto, ya contaré. Y todo eso. Y sobre todo que estamos a la espera de las noticas que nos tenga que dar Natalia el día siguiente, que se reúne la comisión de "qué hacemos con el viejo". Mucha intríngulis.
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