 Salida de Los Cortijuelos. Tempraneamos lo suficiente como para tener todo preparado y empacado a eso de las nueve. Antes de emprender la ruta paramos en la gasolinera de Manolo a darle una limpiada al coche, para llegar con elegancia al hotelazo que nos espera. Para no faltar a las buenas costumbres hacemos parada técnica en Las Tinajas, en Guarromán. Unas tostadas sabrosas y untuosas y un rato de reposo. Y hacia Torrenueva, en donde está ubicado el hotel que ha elegido Raquel. Llegamos sobre la una y media. Del hotel... qué decir? pues que sobran las palabras, hay que visitarlo y disfrutarlo. Nuestro plan completo incluía comer en el restaurante Retama, que tiene una estrella Michelin, pero no tenían sitio; lástima. Nos tuvimos que conformar con comer en el restaurante del hotel, el restaurante EL Prado. Ah, no he mencionado la habitación, la 209, en la Torre Norte. Una maravilla. Con su cama king-size, con su cuarto de baño a todo tren, con su ducha de chorros y su bañera de dos plazas estratosféricas. Con su balconada en la que revoloteaban las golondrinas por decenas. Con su tele enorme. Y la decoración exquisita. Una maravilla. Pues nada. Comimos en la explanada de la piscina, en un cenador muy lindo, bañados por el sol manchego; calor y luz. Menú: aperitivos y aceitunas, ensaladilla de entrante y un arroz con sepia y langostinos. Una botella de tinto que eligió Raquel. Una comida inolvidable. Y después de la comida un pase por la habitación para disfrazarnos de bañistas de luxe, y al SPA a gozarlo durante una horita. Y del SPA a la piscina, y las tumbonas y el sol. Y al atardecer cotilleamos como tanto nos gusta: se celebraba un bodorrio de los de alto copete. Elegancia y antielegancia; pero todo muy divertido. Y la cena? Club Sándwich La Caminera. Muy excesivo. Pechuga albardada, huevo frito, bacon, queso, tomate y lechuga. Excesivo. Y por la noche? reflujo, ardores, malestar estomacal. En fin. |