Lunes de reencuentro con Jesús. Las chicas han reservado cita a las doce en la residencia de Jesús. Se decide que las lleve Jorge; yo paso. Antes de que Raquel salga a la cita con su padre, yo me acerco al Carrefour de Garamendi a comprar los mínimos para comer ese día. Compro dos coliflores pequeñas y una bandeja de pechuga de pollo fileteada. Luego deshacemos maletas y organizo coladas; dos. A las once menos algo Raquel baja a la calle, le esperan en la parada del bus. No es difícil imaginar la inquietud y la ansiedad que invaden a mi nena; pero no hay opción, tiene que cumplir ese protocolo vital, tiene que liberarse de cargas y culpas, y hoy es el día. Mientras ellas acuden al encuentro, el menda lerenda se lía un peta rico, con su costo esponjoso y saludable. Sé que a Raquel le fastidia cuando entro en la dinámica del fumeteo canabidoso, pero es lo que hay, yo soy así desde que alcanzo a recordar... Y nada. La visita al progenitor de las chicas fue mejor de lo esperado. El poeta ha perdido la rima casi totalmente y muestra bandera blanca, pide tregua, o eso parece. Raquel me dice que se lo ha encontrado muy viejito, débil, con paso inseguro y mirada levemente extraviada. Los años se le vienen encima un poco de golpe. Durante este último año ha gastado muchas reservas de energía, ha puesto tanta carne en el asador que literalmente se ha quedado en los huesos, sin chicha ni limoná. Era de esperar y finalmente ha pasado: el Joshua se desvanece y deja su sitio a la triste realidad: un hombre de nombre anónimo, al que habrá de llamar por su nuevo momento con un alias que aún no se ha manifestado... En fin. De vuelta a casa Raquel, comemos las coliflores y la pechuga, tan ricamente. Y siesta y peta. A media tarde Raquel se maquea y acude al funeral del padre de Carmelo. El acto se celebra en la Iglesia de San Pedro en Deusto a las siete. Yo he optado por quedarme en casa echando otro peta; una opción mucho más atractiva. Raquel acude al evento. Me dice que ha estado con Javi Cano, Pedro y Estela; también con Inma Colsa Castanedo y su marido; y ha visto a Peula. Sin interés la verdad. Cenamos unos espárragos y el lomo en Orza que trajimos de Benicassim; espectacular el lomo, por cierto. Un lunes señoreado por la visita a Jesús y por las nubes de colores y el fragor de la cabeza iluminada. |