 ¿Hoy? Un día estupendo, día de carreteras comarcales, día de pueblos hermosos, casas de piedra. Raquel deseaba dejar para otro día los planes senderistas y yo también tenía ganas de recorrer carreterillas con encanto
Resumen para desarrollo posterior, o no. En la ruta hemos parado en Polientes a desayunar pincho de tortilla con cañita. Polientes nos ha sorprendido; es un pueblo muy cuidado, muy señorial, con unas casas de piedra de las que te enamoras a simple vista. Con la tripa llena continuamos ruta. El plan era visitar las Tuerces, en el Geoparque de Las Loras, pero no ha habido suerte, al llegar al pueblo desde el que comienza la ruta elegida nos hemos encontrado con un puente destruido por una riada, por el que cruza la carretera de acceso al pueblo. Así que hemos tenido que improvisar. Por casualidad, al acercarnos a Las Tuerces hemos pasado junto a un cruce en el que señalizaba un camino para visitar el yacimiento de Monte Cildá, al que hace tiempo que tenía ganas de conocer. Providencial. Monte Cildá entonces. El oppidum ha sido toda una sorpresa: restos de murallas, restos de edificios, un paraje incomparable, unas vistas espectaculares; en resumen, una gozada. Fotos y bocata de tortilla de chorizo con lata de cerveza. Ya digo: una gozada. Y sin más hemos desandado la ruta. De nuevo hemos parado en Polientes a la hora del amaiketako. En el bar La Olma hemos comido unos calamares a la romana, para tranquilizar el estómago. Regreso a Santelices. Raquel ha preparado carne con patatas. Ah, y anécdota. El Indalecio se ha colado en la casa de los vecinos. La madre que lo parió. A los vecinos no les ha hecho ni puta gracia, lógicamente, y a mí tampoco. En fín. Pues siesta, tele y relax en el sofá. Y mañana será otro día.
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