 Nuevo plan de Raquel: visitar la Cueva del Castillo en Puente Viesgo. Subimos el Puerto del Escudo y bajamos por Ontaneda hasta llegar a Puente Viesgo. Antes de acceder a la zona del monte de las cuevas desayunamos en el Bar La Unión un pincho de tortilla con una cañita. La visita estaba reservada a las doce. Hacemos un poco de tiempo por la zona y a la hora prevista comenzamos la visita. Somos un grupo pequeño, una docena de personas; un pareja de Cáceres con dos niños amenizan el momento: el pequeño, Mario, un chiquitín con mofletes, no calla un instante, jajaja. La cueva es una gozada. Vemos manos, vemos bisontes, cabezas de caballos y de uros, vemos símbolos, protoescritura y vemos una cueva hermosa. Un disfrute total. Y sin pausa regresamos al pueblo. Una 1906 en la piscina y a casa a preparar la comida. En casa. Botellita de Cava en la terraza tan ricamente, mientras el chaval va y viene. En una de éstas Indalecio se encarama desde la ventana de la cocina hasta la tejavana del portal, y se da unos paseíllos buscando la mejor manera de bajar; está hecho un saltimbanqui el chaval. Tras los sobresaltos y las risas la emprendemos con la comida: sopa con garbanzos. Me pongo morado y mi cuerpo me reclama una buena siesta, cosa que hago. Un día diferente y divertido. Raquel es la mejor: la quiero. |