 Una jornada para el recuerdo, una mañana fresca, bilbaína, húmeda pero seca, unas horas inolvidables y, en cierto modo, definitivas. Las intenciones se quedan cortas y las realidades superan mis deseos. El día, la mañana, va de recoger en Correos, en Sani, la carta certificada que me ha enviado el INSS con la resolución de mi solicitud de jubilación. En principio nada invita a miedos injustificados, o a complicaciones inesperadas; pero son muchos ya mis años vividos y sé que las sorpresas están siempre agazapadas en el camino. Mientras Raquel se prepara para salir a caminar por Archanda, yo cojo el metro para ir a casa. Llevo una bolsa de arpillera al hombro; tres tapers redondos de Mercadona con cerdo guisado en su interior, destinados a engrosar las reservas alimenticias congeladas del peque. El aviso de Correos lo ha dejado Tachón en el buzón, quizás para sugerirme que no es necesario que suba a casa; pero él desconoce el asunto de los tres tapers. Dejo los chismes en el congelador y me dirijo a Correos. Cero cola. Me atienden amables, recojo la carta, salgo al aire, y, en la plaza de Correos de mi tierna infancia, qué ironía, rasgo el sobre y agitado por la inquietud leo a golpe de vista lo esencial... [...] El Instituto de la Seguridad Social ha resuelto aprobar con fecha 14-12-2022 la prestación cuyos datos, efectos e importes se señalan en esta notificación. PENSIÓN DE JUBILACIÓN Base reguladora: 3.120,86 Porcentaje de la pensión: 81,0000% REGIMEN GENERAL Cotizaciones acreditadas: 41 años y 170 días Número de pagas anuales: 14 Tipo retención IRPF: 16,00% IMPORTES PENSIÓN MENSUAL Pensión inicial: 2.527,90 Revalorizaciones: 0,00 Suma de abonos: 2.527,90 € Retención IRPF: 404,46 Importe líquido: 2.123,44 € [...]Guardo la carta en el bolsillo del pantalón. Estoy levemente obnubilado, mi mente se ha transformado en una calculadora. Números, porcentajes. Un batiburrillo mental que tiende a ver en el futuro inmediato recortes en los gastos y en el modo de vida tan relajado en lo monetario que he disfrutado en los últimos diez años. Las cifras son las cifras, pero el futuro aún no es, y no se sabe qué va a ser, ni cómo ni ná. Con la cabeza echando humo decido acercarme a las oficinas de la Tesorería de la Seguridad Social, para realizar el último trámite que me falta y dar comienzo a mi etapa de jubilado y pensionista. La muchacha que me tramitó la solicitud de jubilación me dijo que cuando recibiera la carta que acabo de recibir, pidiera cita en la Tesorería al objeto de gestionar la Baja del Convenio Especial y comprobar si los pagos eran correctos. Algo así. Cuando llego a Gran Vía 80 mi intención es averiguar el número de teléfono al que llamar para pedir cita. En las puertas de entrada hay papeles variados, pero nada de teléfono para citas. Entro a preguntar. Me atiende un funcionario. ¿Qué desea? Etc. El caso es que me dice que me pueden atender aunque no tenga cita; de puta madre. Subo. Me dicen que me siente en la sala de espera, que me llamarán. Me relajo con el móvil. En pocos minutos me llaman. Un muchacho muy majo me atiende. Se le nota inexperto en la materia. Pide soporte a una compañera... A lo que vamos. Comprueban que la baja del convenio ya está hecha; de puta madre. La muchacha me pregunta si en el último recibo me han cobrado el mes entero; le contesto que sí. Teclea algo y me dice "yo me encargo, te llegará un ingreso en tu cuenta de la cantidad que corresponda devolución"; de puta madre. Por último le pregunto si ya está "¿ya está?"; se ríe jajaja "sí, ya está", "ya eres oficialmente un pensionista"; joder, de puta madre. Qué pasada, todo resuelto, casi me cuesta asimilarlo. Salgo a la calle. Una manifa recorre la Gran Vía. Me parece buena idea caminar un poco. Plaza Elíptica y metro Berastegi; regreso a Santutxu, a casa. En mi cabeza revolotean números, cálculos, previsiones, miedos y esperanzas. Lo que puedo asegurar es que comenzar la etapa jubilacionista me hace sentir que estoy dando los primeros pasos en el recorrer de la senda definitiva de la vida, la mía. Es normal, cuesta no sentir un cierto dramatismo, es normal. Para llevarlo con más calma y alegría llamo a Raquel para contarle; ella me anima y me relaja; es un tesoro. También comparto la novedad con mis hijos, vía WhatsApp. Mikel rápidamente me interroga, quiere detales y yo se los doy. Alberto me llama un rato más tarde (está con sus peques de campamento navideño) y también me interroga y yo también le doy toda la información que me requiere, y más. De regreso a casa me espera Raquel, ella también quiere datos, jajaja. En fin, que todo bien, que habrá que ir viviendo y resolviendo. De momento me pongo a cocinar, que eso sí que relaja. Tomate casero, espaguetis con chorizo y a descansar, que mañana será otro día. |