 Esta noche es Noche de Reyes, noche de regalos y noche de ilusiones, noche en la que Irati y Rubén este año también se acuestan temerosos y soñadores, sus pensamientos vagando en universos oníricos en los que los planetas son de azúcar y las estrellas luces que titilan en sus corazones. Y a nosotros nos lleva esta noche hasta la orilla del Mediterráneo, donde crecen y descrecen mis queridos querubines. Los días anteriores hemos preparado concienzudamente la partida; los juguetes envueltos en los viejos papeles de regalo que sobraron de otros momentos "regalo"; las maletas listas, con sus ropajes suficientes y excesivos; el Lodgy con la carrocería recién limpia; los itinerarios listos y ordenados: hotel en Barcelona, apartamento en Tarragona, parkings y todo lo demás, visitas guiadas, restaurantes... Así que todo en orden. Nos levantamos pronto, muy pronto. Mientras Raquel se ocupa de sus temas laborales, yo me dispongo a la preparación del almuerzo on the road: pepitos de ternera, de solomillo del guay. En cuanto abren las panaderías bajo a por una barra. Un par de vueltas en la plancha y a envolver en papel film; dos bocatas de buen tamaño; yo incorporo en el envoltorio un sobre de mayonesa, no vaya a ser que me resulte secorro. Jeje. Salimos pronto, a eso de las diez. Carretera y manta. Parada en área de servicio a dar cuenta del bocata y a echar meada de rigor. Y más carretera. Sin novedad llegamos a Barcelona: son las cuatro y poco cuando tomamos de posesión de la 503 en el Madanis de Riera Blanca, muy cerca del anterior hotel Madanis, anterior Ayra Stadium. La habitación está muy bien, mejor que las últimas del Ayra; lo del cristal traslúcido a modo de tabique separación entre ducha y dormitorio es una cagada que no tiene fácil explicación (aquello del rollo erótico...¿?). Creo que este hotel será el destino de las siguientes visitas. En concreto la 503 hace esquina y tiene dos hermosos ventanales que iluminan y proporcionan confort; además es amplia y tiene una buena cama. Repetiremos. Quedo con Mikel en juntarnos para ver la cabalgata en familia; pero antes nos permitimos el pequeño lujo de comer un bocata de tortilla francesa y una caña en el bar que está próximo a su casa. Y nada, que salimos a su encuentro tirando de la ubicación en tiempo real del WhatsApp. Nos juntamos en una calle de Hospitalet repleta de gentío. Está toda la panda, incluso Víctor; también los gemelos Ros; sólo falta el Marc. La cabalgata, los caramelos, la ilusión de los peques. Rubén ha crecido; le noto más sosegado y sereno, qué bien. La nena es un pimpollo; cariñosa, bonita e inteligente, y hay que ver qué bien habla y cómo razona; mi tesoro. En fin, que todo transcurre perfecto. Al terminar la cabalgata se organiza una cena sencilla en una pizzería que está a tiro de piedra de casa de Mikel; un buen plan. Así que toda la panda a comer pizzas; yo me doy el gusto de pedir una con piña, jejeje, buenos recuerdos de otra vida. Al salir de la pizzería cada mochuelo a su olivo. Nosotros al hotel a descansar. Un día bueno, sólo salpicado de cosas positivas, como debe ser. Además esta noche vienen los Reyes... y el ratoncito Pérez, que a Rubén se la ha caído un diente en la pizzería, ohhh, jajaja. |