 Lo digo: hay plan. A media mañana la nena, el Indalecio y el menda partirán hacia Santelices, a posar nuestros pies sobre la blanca nieve y el barro tostado. Antes de partir me he comprometido a comprar unas cadenas como las que compré ayer, para Jorge y Esther. Así que... a Deusto de nuevo. En el FeuVert compro las cadenas y de camino entro al Chino a cambiar el arnés del chaval, el que compré ayer, que le iba muy prieto al pobre chaval. El regreso lo hice caminando. Al cruzar el puente de Deusto me entretengo un buen rato en el H&M de Zubiarte; no logro hacer compra alguna por mor de la tarjeta común (pensé que existía algún extraño problemilla telemático, pero más tarde descubrí que simplemente teníamos el saldo comprometido por unas compras previas en Amazon; sin más). Para acelerar las cosas cojo el metro en Abando y a casa a hacer los preparativos: maletas, cagaleku, transportín, etc. A eso de las doce y media o así iniciamos maniobras de desplazamiento. ¿El viaje? Indalecio se pasa el viaje maullando lastimero; pero bueno, sin más, sin vómitos ni nada por el estilo. En el pueblo nos recibe Esther con una comida improvisada: empanadillas, acelgas con patatas, huevos fritos y embutido y queso. Hacemos un breve receso en modo siesta, que yo aprovecho para cagar unas cuatro veces: de puta madre. Y más tarde salimos a pisar la nieve por el camino de San Martín de Porres, pero sin avanzar demasiado, la perra no da para mucho y llevarla en brazos nos es tarea que a nadie le mole. Regresamos al pueblo: bares. Piscina, cervezas 1906. Radú, cervezas y pizzas. Es bastante tarde y bastante tocados cuando nos acostamos. Yo paso una noche decente; el carrusel de jiñadas tiene mucho que ver... ufff. |