Día 2 - La Cava de Garcinarro y Cuenca
jueves, 16 de febrero de 2023

Salida del Burgo; en mala hora hicimos un alto en el camino en esa maldita provincia, o, más bien, en esa provincia maldita...
Ponemos rumbo a Cuenca.

Nuestra primera parada de contenido histórico es en Garcinarro, para visitar «La Cava de Garcinarro», donde tenemos reservada una visita guiada.
En el punto de encuentro nos espera nuestro guía, Antonio, con su perrita Piruleta. La mañana es luminosa, el cielo está limpio y el aire del amanecer aún inunda de frescor los campos conquenses. Antonio nos explica que además de enseñar el yacimiento, él es su guardián y casi casi su arqueólogo y descubridor; el hombre lo vive, y no me extraña.
El yacimiento es espectacular, además de inesperado. Esas losas de piedra enormes, esas dependencias extrañas, esas cazoletas cubriendo el suelo del entorno; todo le hace a uno sentirse en un lugar de ritos, en un espacio sagrado, en un entorno mágico, misterioso. Qué maravilla.


La Cava de Garcinarro

Edad del Bronce

La Cava es un yacimiento arqueológico multifásico de 12 hectáreas de extensión que tuvo su primera ocupación hace 4.000 años, durante la Edad del Bronce (entre el 2.500 y el 1.000 a.C.) cuando los asentamientos en la Península Ibérica se caracterizaron por levantarse sobre cabezos o colinas de difícil acceso, muchos de ellos con fortificaciones. La Cava se ubica en lo alto de un cerro cuyo frente occidental resulta casi inaccesible, conformando una excepcional línea defensiva desde la que se puede controlar visualmente una amplia zona, con la Sierra de Altomira al fondo, y dominar el paso natural que unía el interior con la Submeseta sur, lo que fue una de las principales vías de comunicación peninsular. Durante las segundas excavaciones realizadas en 2015 se encontraron restos de la muralla y otras estructuras. Además, a escasos metros hay un campo de unas 8.000 cazoletas, pequeñas cavidades de distintos tamaños horadadas por el hombre en la roca, que son consideradas grabados rupestres del mismo periodo. Este paraje tiene la mayor concentración de España, seguido de Galicia, con solo 500, aunque por ahora se desconoce cuál era su utilidad.

Edad del hierro

Sin embargo, fue durante la Edad del Hierro (400-450 a.C.), en época celtíbera, cuando se construyó la parte más importante del yacimiento. Las primeras excavaciones e investigaciones dirigidas entre diciembre de 2013 y mayo de 2014 por el arqueólogo Miguel Ángel Valero, sacaron a la luz la acrópolis retallada en la roca y, en concreto, un monumental edificio singular tripartito datado en el siglo IV a.C. Está formado por tres estancias cuadrangulares de unos 40 metros cuadrados, independientes pero comunicadas entre sí por un pasillo también retallado y con un parapeto en la parte de poniente que lo separa del precipicio.

La entrada a cada una de ellas, en algunos casos escalonada, se sitúa en el lado oeste, buscando una intencionada orientación solar, hecho que cobra mayor relevancia en la estancia localizada al sur, la de mayores dimensiones. En la parte más baja del yacimiento se descubrió un gran Foso de 70 metros de largo y 4 metros de alto en su parte más elevada, posiblemente de carácter defensivo.

Romanos y visigodos

Un siglo más tarde esta construcción fue abandonada, posiblemente a causa de un terremoto, y no fue reutilizada hasta época romana y después visigoda, como un lugar de recogimiento de los eremitas vinculados al cercano Monasterio Servitano de Cañaveruelas. En la parte superior se han encontrado contenedores y hogares con cenizas pertenecientes a esta época y, dado que no vaciaron el contenido de las estancias y dejaron todo el estrato de materiales in situ, estas han servido como una cápsula del tiempo. Además, se ha documentado en las estancias que contaban con mayor cota de alzado exhumado, una nueva ocupación a principios del siglo XX, como zona de hábitat asociada al cobijo agrícola.

Nuevas excavaciones y turismo

Gracias a los dos talleres de empleo concedidos en 2016 y 2019 por la Junta de Castilla-La Mancha, las excavaciones no han cesado en La Cava sacando a la luz nuevos restos para seguir conociendo la cultura de las diferentes civilizaciones que la habitaron. En las últimas de 2019 han aparecido nuevas construcciones de época íbera en la parte superior, junto a los restos de la Edad del Bronce. Según los arqueólogos probablemente fueron utilizadas para el almacenamiento, dados los numerosos restos de cerámica y otros objetos encontrados, aunque sus moradores posiblemente se llevaron otros tantos con ellos cuando se marcharon.


Una vez terminada nuestra visita a La Cava nos dirigimos raudos a Cuenca, con el objetivo prioritario de comprar una SIM en una tienda de Movistar para colocarlo en el móvil viejo que suelo llevar siempre por si necesitamos ponerlo en modo módem. Comprobamos que hay una tienda en un centro comercial, en el centro comercial el Mirador de Cuenca. En la tienda de Movistar nos atienda una muchacha muy espabilada que nos soluciona el asunto en un pispás; una maravilla. Y, bueno, pues ya tengo mi número de siempre y todas mis aplicaciones habituales funcionando a pleno rendimiento, y así es más fácil que mi enorme disgusto vaya quedando en el pasado como un mal recuerdo...

Como se ha hecho tarde, buscamos un sitio para comer en mismo centro comercial; lo mejor que vemos es una franquicia de pasta y pizza, el Pomodoro. Así que comemos... pasta y bebemos cerveza; y a seguir ruta buscando nuestro apartamento conquense, el del viaje anterior: Apartamentos Alizaque.

El chequin se hace en modo autochequin. Nos toca el 1A, uno de los más guapos. Nos instalamos y salimos a echar una cervezota en una de las terrazas del paseo que se extiende desde la muralla hasta el alto, donde el sol calienta al personal.

No hay mucho tiempo que perder ya que Raquel ha contratado una visita guiada.
Un grupo bastante numeroso nos reunimos alrededor del guía, Pablo. Recorremos lo más característico de la zona histórica; la visita me relaja del todo, y ya paso al modo disfrute total. Al terminar salimos disparados a tomar algo. En la Plaza de Ayuntamiento nos cuesta dar con un bar en condiciones; nos tomamos una caña y un picoteo en uno muy «auténtico», jajaja.

Ya es noche cerrada cuando regresamos al apartamento ascendiendo por esas maravillosas calles medievales; en un recodo observamos que hay un hotel chulo con un bar en condiciones; el Hotel Piolo. Perfecto; unos tintos, unos picoteos y ya sí que uno se puede ir a dormir tranquilo, que al día siguiente nos esperan nuevas y emocionantes aventuras...

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© Zalberto | enero - 2026