 Un sábado pleno de tranquilidad en las Merindades. A primera hora salimos a caminar. Previo comienzo del camino compramos un par de bocatas de pechuga y vegetales en donde Radú. El recorrido elegido es un clásico: ir al túnel de la Engaña. El tiempo está indeciso, parece que va a llover y parece que no. En un par de momentos hemos estado a punto de dar la vuelta ya que caían unas gotitas sospechosas; por suerte decidimos correr el riesgo (pequeño riesgo por supuesto) y nos la jugamos. En el túnel el nivel del río Engaña estaba muy crecido, lo normal tras las últimas lluvias. El bocadillo nos sabe a gloria. Cuando ya iniciábamos el regreso nos saluda Dunia, una jipilonga que a sí misma se ve como una promotora turística; y nos pone al día de sus circunstancias. Vive en la única casa habitable de lo que fue en su día un gran asentamiento obrero, surgido al calor de la construcción del trazado ferroviario Calatayud-Laredo. No hay red eléctrica, ni red de abastecimiento de agua. Y está sola. Nos ofrece su servicio de visita guiada, y anotamos su número de teléfono, que nunca se sabe. De regreso a casa me ducho en un pispas y nos vamos a Soncillo; hemos reservado a las dos y media. Al llegar a Soncillo el tiempo amenaza lluvia. Comemos. 50€. La clave? 8829 jajaja. Comemos. Champiñones, croquetas, pimientos de Padrón y entrecot a la plancha; y una botella de Rioja López de Haro. 50€, una pasada. Y de regreso al pueblo a descansar; el domingo se prevé movidito, pues tenemos que recoger todo, limpiar todo, meter todo en el coche y tirar para Santutxu; ufff. Un gran día. |