 El día se presenta soleado y calentico, y todo ello promete terraza, picoteos y algunos tragos. Lo más grande del día es que la nena y yo nos hemos puesto manos a la obra con la ordenación del trastero, irrumpiendo ambos con fuerza en el submundo de los trastos inútiles. Hemos tirado a la basura las dos maletas grandes que ya nunca usamos, la mía y la samsonite de Raquel. Hemos tirado la vibropower, excepto la columna que está pendiente (cuando revisemos la zona de ropas etc). Hemos tirado la cafetera averiada y los altavoces de las columnas y tal. Un gran avance en la liberación de los oprimidos. Después he dado un repaso a la casa, en plan aspiradora, y he bajado a la calle a comprar tabaco. Y a ir preparando la comida. Raquel ha descorchado la botella de vino francés que nos regaló Rebeca, de la región de Borgoña, y nos la hemos plimplado en la terraza picoteando patatas fritas de los Leones. De la comida me he encargado yo: lechuga y cebolleta, arroz basmati y secreto ibérico a la plancha. Y hemos disfrutado de todo eso en la terraza. Raquel se ha echado una siesta en su cama, y el Indi y yo nos hemos apalancado en la butaca, tan rícamente. Y el día ha finalizado plácidamente: Raquel una sopita con pasta para fideuá y yo nada, no tenía ganas. Hemos visto un rato MasterChef y a dormir los tres junticos. Un buen día.
Nota Santelices fachada.- Susana guasapea que hay que apoquinar tela para hacer las ventanas, los balcones y los canalones. Es inaudito todo esto. El cabreo vecinal es general y todos la pagan con Susana, hasta que ésta que se ha cabreado y ha mandado a todo quisqui a tomar por culo. En fin, parece el cuento de nunca acabar. |